Cosas que no se creen (y X)


Aunque Enric González lo presenta con un

Los mercados son irracionales

la frase (o cosa que no se cree) circula ampliamente con otras formas como “los mercados son ingobernables” o, sencillamente, con un lacónico “los mercados” asimilable a un casino, azar o lotería.
Es una gran mentira: los mercados son racionales en tanto que quien opera en ellos lo es, y se mueve por intereses y fines muy claros: obtener el máximo beneficio. Parece que alguien no lo ha entendido, y de ahí viene la confusión de pensar que son irracionales, cuando es todo lo contrario.
Decir que son irracionales es la excusa vaga del político que no quiere asumir su déficit, igual que envía al mismo tiempo a ministros a Londres a la sede de The Economist o Financial Times para intentar que la racionalidad del mercado no se cebe en el país. Los mercados son irracionales: y un cuerno. Lo serán en algún aspecto puntual, pero no en toda su actividad.
“Los mercados, especialmente cuando no existe regulación, tienden al fraude, a la especulación, al abuso y al enriquecimiento indecente de quienes ocupan en ellos posiciones dominantes”. No se que es enriquecerse indecentemente, si se hace dentro de la legalidad, aunque es relativamente cierta la afirmación. “Pero rara vez se comportan de forma irracional durante períodos prolongados”, lo que parece que acerca a Enric González a posturas racionales, por seguir con la terminología de su juego.
“Lo que contemplamos ahora no son unas horas de pánico bursátil más o menos carente de fundamento, sino una resistencia generalizada a prestar dinero a Estados, instituciones públicas y empresas cuya capacidad de devolver los créditos resulta más que discutible”. Vamos, auténtica racionalidad: se presta dinero para que se devuelva, y se aplica un interés en función de la probabilidad o no de esa contingencia negativa. Aquí no hay nada de irracional.
Sin embargo, jamás encontrarán esa realidad en el discurso político. Es mejor decir que hay una conspiración en torno al país, el mismo que presenta una magnitudes macroeconómicas de auténtico espanto, llámase el país Grecia, Portugal, Irlanda o España. Los mercados suple ahora la misma función que antes lo hacía el contubernio judeo-masónico, o el comunismo, con el que comparte características de trivialización. 
Menos mal que existen los mercados, y las agencias de calificación privadas al margen de los estados. Con sus fallos, resultan mucho mejores que imaginar como sería el espanto resultante de una agencia pública que supliese sus mismas funciones, como se ha pedido a nivel europeo. Seguro que jamás pondría la calificación de bono basura a ninguno de los estados miembros. 
“Porque, hay que insistir, cuando no se crece se va a la insolvencia” ¡Gran verdad! Y lo es porque hay gastos fijos no productivos -especialmente el pago de pensiones a gente que ya no trabaja-…de ahí el riesgo de impago que los mercados trasladan a nuestra necesidad de financiación. Por cierto, llevamos cinco años de crisis y el ministro del ramo, antes conocido como Ministro de Economía, ya dice que no se van a poder afrontar pagos en un futuro cercano de seguir esta espiral económica. 
En fin, que se nota que Enric González ya llega al final y no se ha currado mucho -aún menos- la argumentación, terminando con esta frase de bachiller: “Cada vez que alguien hable de “mercados irracionales”, piense usted en lo bien que se lo montan los capitostes de las finanzas y ríase”. Seguro que se imagina al inversor como un burgués con la panza llena, monúculo, reloj de bolsillo, tirantes y traje a rayas con bombín.
Tanto decir que los mercados son racionales, y termina en la figura del capitalista -porque tiene capital para invertir: en España nuestro capital está invertido en ladrillo que no se puede invertir- grotesca y caricaturizada. Yo no me rio con eso, y mucho menos con la situación económica de este país, que no es debida a fuerzas oscuras e irracionales, sino a su propio dispendio. 
Grado de acuerdo con el artículo: 80%

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Esperanza Aguirre dice que se va, aludiendo vagamente a su supuesto cáncer, que bien podría ser un carcinoma. Después del lamentable debate sobre el Estado de la Región de hace unos días, donde volvió a mostrarse como una persona desquiciada (utilizando el epíteto “comunista” como insulto) parece que ya se han dado cuenta en su entorno de su locura profunda.
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Un ejemplo de libre comercio surgido a raíz de un sistema mafioso y clientelar: el de los libros de texto. Que lo dejen florecer. No lo harán, no.
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Para todos los interesados sobre el poder y sus símbolos, una pequeña historia del palacio presidencial de Haití, convertido en símbolo del terremoto de hace un tiempo. Al final lo derriban, y lo hacen con la ONG de Sean Penn: bonito epitafio.
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Elogio de la emigración. Sacando pecho por formar con recursos propios a profesionales que se van a tener que ganar la vida fuera. Y así, en todas las facultades de ingeniería que hay en las provincias de España. Este sistema no tiene sentido.
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(Ligeramente relacionado con lo anterior) “Por el coste de viajar a Madrid en coche [desde Asturias] es posible comprar cuatro vuelos”.  Y eso que es transporte por carretera, imagínense con el AVE en los sitios donde llega.
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Bueno, bueno, bueno, qué columna. La escribe el ascendente economista de referencia del Grupo PRISA, al que siempre llaman para declaraciones en El País o en la SER. Aprovecha para hacer publicidad de su casa en alquiler -en Reino Unido despiden a gente por ese tipo de licencias- y bueno, la digresión que sigue -donde reconoce un error de futurólogo, esa actividad a la que se dedican todos los economistas- es digna de patio de colegio. Continua a leggere

Cosas que no se creen (VI)

Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades


Al parecer, esta frase se está poniendo de moda, incluso para Enric González, que la desautoriza al meterla dentro de sus Cosas que no se creen. Ni el mismo se cree que no se la crea, considerando lo viajado e instruido que está.

Y si, fíjénse como aborda el problema: a partir de la deuda privada familiar. Debe considerar que el Estado -fuertemente endeudado- no ha proveído servicios durante este tiempo “vivido”, o que las empresas privadas -aún más fuertemente endeudado- tampoco ha proveído servicio alguno a los ciudadanos durante este tiempo.

“Las familias españolas deben unos 80.000 millones de euros y la suma se reduce cada mes. Si dividimos los 80.000 millones por diez millones de familias, o por cinco millones, sale un endeudamiento medio muy discreto” Pobre hombre, o pobres sus lectores incautos: como lo supongo enterado de la hipoteca media de 150.000 euros, no se que endeudamiento privado le sale muy discreto. O medio.

Consciente de la debilidad de su argumento -ha sacado las hipotecas de ese endeudamiento privado, lo ha computado en los bancos- saca a colación el tema: “El gran problema son las hipotecas, pero no han sido los ciudadanos los que han creado la burbuja inmobiliaria ni los precios astronómicos de los pisos”. ¡Toma ya! Es la famosa teoría que achaca toda la culpa a la banca y a los políticos: al parecer, los ciudadanos fueron encañoñados en las oficinas bancarias y obligados a firmar hipotecas a 30 años por un bien que no valía lo que costaba.

Yo creo que los ciudadanos crearon la burbuja inmobiliaria, porque eran la demanda. Si quieren otro día hablamos de la oferta, pero repito que está nunca encañoñó a nadie a firmar. Fue la demanda: de casa en propiedad, de segunda residencia, de no ser menos que el vecino, que con 23 años ya tenía casa, aunque le quedasen 30 para pagarla con su sueldo mileurista. Fue el ciudadano, y mientras no se comprenda esto poco va a cambiar.

Para el periodista González, el ciudadano no creo la burbuja “ni los precios astronómicos de los pisos”. ¿Ah no? ¿Entonces quien fue? ¿Alguien que no era ciudadano? ¿Los mercados quizás? ¿Quien fija el precio de los bienes en una economía de libre mercado? La oferta y la demanda, ¿verdad? Si los precios de los pisos fueron creciendo exponencialmente era porque había compradores, y esos eran en gran medida ciudadanos ávidos de ver su inversión revalorizarse artificialmente, porque no adquirían la vivienda por necesidad.

Cualquiera lo puede comprobar: en España no hay chabolas en los alrededores de las grandes ciudades. No existía una demanda de vivienda asentada sobre causas objetivas de carestía de la misma. Lo que había era una demanda desproporcionada, como corresponde a una inversión especulativa en la que el ciudadano era el primer postor e interesado.

Como esto tampoco escapa a Enric González, y como la culpa no puede recaer nunca en el ciudadano, dice “tampoco son culpables los ciudadanos de que el mercado de vivienda en alquiler sea raquítico”, pero no dice quien: seguramente los políticos. Son esos mismos ciudadanos que hacen una presión social agobiante si no tienes vivienda en propiedad, y los mismos que invierten los ahorros de una vida en cuatro paredes de ladrillo que después no ponen en alquiler porque piensan que es un bien que siempre se aprecia: una movilización de recursos fenomenal hacia un bien dificilmente convertible en dinero, y menos si lo tienes cerrado.

Sin embargo, la culpa es de la administración, que no ha regulado el mercado de alquiler. Disculpen, ¿pero que hay que regular? Un particular pone en alquiler un bien que es suyo, y el que considera que es justo su precio, lo alquila. Si existe una regulación anquilosada y cuyas culpas recaen en el Estado es la que protege al particular sobre el propietario, y que hace que muchas veces tenga más derechos el arrendatario que el arrendador. Nada de regulación sería lo adecuado, pero ya ha salido muchas veces a lo largo de esta serie lo del proteccionismo franquista que sobrevive en nuestra legislación.

González prosigue con populismo barato, atacando a las empresas: “Las empresas españolas deben aproximadamente el doble que las familias, y el grueso de esa deuda corresponde a los grupos de mayor tamaño: Telefónica, superconstructoras, etcétera”. No son constructoras normales, son “super”: deben a los bancos, a los que a su vez debe el ciudadano, salvo por el millón de casas sin vender. El resto se vendieron, y muy bien. Es deuda privada familiar, por mucho que se empeñe.

Sin embargo, ahí está la refutación de la gran verdad que es Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades: yo creo que cuando una casa de los años 50 en un barrio obrero de gran ciudad ha podido venderse a 220.000 euros, es que hemos vivido por encima de sus posibilidades. Felicidades al que vendió en su momento, pero toda esta riqueza artificial no se basaba sobre un aumento de la productividad o riqueza de un país, sino sobre una auténtica burbuja de la que todos eran conscientes, especialmente viendo los salarios.

El que se ha quedado atrapado estará pagando durante gran parte de su vida un bien depreciable y depreciado, pero en el que al menos puede vivir, al menos mientras las constantes subidas del IBI, las utilities -vía IVA o vía adecuación al coste del servicio, también subvencionado- o la degeneración de su barrio le deje. Estará viviendo en sus auténticas posibilidades, mientras echa la culpa a los políticos, en ese discurso populista donde es más pecamiso tener a disposición un coche oficial que un crédito de 150.000 euros para un bien que no vale ni la mitad de eso.

Termina así: “Los trabajadores hemos vivido según se podía vivir por las rentas y el crédito disponibles”. ¡Jo!  Según las rentas propias y las insufladas por el Estado a través de una educación y sanidad gratuitas, porque la renta transferida de origen público es de órdago, incluyendo la deducción por compra de vivienda -de la que Enric González no dice nada, y que fomentó el boom especulativo de vivienda- que no era más que una subvención encubierta al promotor, que trasladaba su importe al precio final de la vivienda.

“Y el crédito disponibles” Crédito que, lamento repetir, era endosado a los ciudadanos pistola en mano en las oficinas bancarias. Se han dado casos de trabajadores de banco que han salido a la calle a amenazar a los viandantes con que entrasen en la oficina a suscribir un crédito -hipotecario o de consumo privado, esos del TAE al 14%-, tal era la disponibilidad del mismo. Lo daban sin ton ni son, pero alguien iba a pedirlo. Falta eso en el análisis de Enric González, y falta en sus diez puntos. Aquí la culpa es siempre de los demás, nunca del ciudadano, que al parecer ha vivido dentro de sus posiblidades.

Grado de acuerdo con el artículo: 0%. Aquí todo Dios ha vivido por encima de sus posibilidades.
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Está claro que el mejor remedio contra la enfermedad es el copago. Apenas ha pasado un mes desde la introducción del mal llamado copago de la sanidad, y resulta que cae un 20% la receta de medicamentos. Imagino que el pensionista que pasaba por la consulta a ver que le daban y a charlar un rato ya no lo hace. Ahora estaría bien que en vez de cobrar un ridículo 10% del precio de las medicinas a los jubilados, se ponga al 50%, y ya verán como súbitamente sanan muchos más. Continua a leggere

¿Quien asesora al Rey? ¿Por qué lo hace tan mal?

The Rock will stand forever

No acaban los dislates, no. Ayer mismo el Rey de España Juan Carlos I cometió otra de la innumerable serie de torpezas que han caracterizado esta última parte de su reinado representativo, unas torpezas que no pueden ser únicamente atribuidas a su libre albedrío, y que ya apuntan directamente a una operación interesada en su contra.

Una más en una larga lista, donde la más recordada al margen de las de origen militar fue la del pontevedrés Mario Conde. No es posible tanta torpeza en la primera institución del Estado, la que da continuidad histórica a este país -incluso aunque haya cambiado de dinastía, vale- y que ejerce sus funciones con bastante eficacia.

Vean si no la pésima gestión del llamado caso Urdangarín -una más de las múltiples piezas del caso Palma Arena, a su vez una más de los múltiples casos de corrupción en Baleares, la que debía ser la CC.AA más rica de España es de las que más flirtea con la quiebra-, donde por intentar dar más protagonismo al Rey se acabó confundiendo la figura del yerno con la del Monarca. Fue una buena muestra de lo que se venía encima.

El lamentable discurso de Navidad, donde la reacción de cualquier ciudadano medio fue acotar las palabras del Rey con varios insultos, ante la lamentable redacción del mensaje -no vamos a entrar en la dicción, que ya son treinta años-, como si este no hubiese pasado los filtros oportunos, ni siquiera el final del propio Jefe del Estado.

“Junto a la crisis económica, me preocupa también enormemente la desconfianza que parece estar extendiéndose en algunos sectores de la opinión pública respecto a la credibilidad y prestigio de algunas de nuestras instituciones. Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos.Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar”.

¿Por qué dijo esto el Rey? Porque por primera vez en la historia de la actual democracia la Monarquía que representa suspendía en la encuesta periódica que el Centro de Investigaciones Sociológicas realiza. Vivimos  en la dictadura de los sociólogos, esos que asesoran a políticos como Zapatero para que haga tal o cual guiño a mujeres o gays, o a Rajoy, en manos de Arriola -sociólogo- y que nombra ministro de Educación y Cultura (uno de los más visibles) a un inteligentísimo catedrático ¿de qué? Lo han adivinado: de sociología.

Suspende la Monarquía en la encuesta del CIS, y el Rey empieza a decir esas tonterías, desgranándolas una a una: “cuando se producen conductas irregulares que no se ajustan a la legalidad o a la ética, es natural que la sociedad reaccione (…) Afortunadamente vivimos en un Estado de derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La Justicia es igual para todos”.

¡Y eso lo dice alguien que, según nuestro ordenamiento jurídico, es “irresponsable” ante la Ley! La figura jurídica, ideada para que el Rey nunca pudiese ser encausado, se ha revelado muy útil en el desempeño de sus funciones, aunque la mayor parte de la ciudadanía no lo entienda ni lo quiera entender, pero tampoco hace falta que lo restriegue a la cara con un “la Justicia es igual para todos”.

Primer error, y muy grave. El segundo vino con el famoso viaje de caza a Botswana, que directamente hay que calificar de conspiración contra el Rey. Y si no les gusta el Rey por los motivos que sean, conspiración contra la primera institución del Estado. Y si no les gusta el Estado, hagánselo mirar, que eso de la acracia siempre ha tenido nombre de enfermedad.

Vamos a ver: ¿es que nadie se ha dado cuenta de la fenomenal concatenación de casualidades que confluyeron en el famoso incidente? Como sabrán, el Rey se fue de caza en un viaje privado a Botswana, una actividad que le pirra y a la que ha dedicado grandes recursos de tiempo y empeño a lo largo de su vida. El Rey, acostumbrado a no hacer nada a nivel organizativo -igual que los políticos, por eso hay redes como la Gürtel, de conseguidores/organizadores/facilitadores- fue en la fecha que le indicaron sus espléndidos amigos, que le invitaron a título de gratis total, como se indicó para apaciguar la tormenta.

¿Por qué esa fecha? Casualmente, y digo casualmente con la misma gracia que antes, supimos del viaje privado del Rey porque sufrió un accidente y tuvo que informar a la ciudadanía, visto que antes no había informado al resto de las instituciones del Estado. Casualmente, eso se produjo el mismísimo día de la celebración del aniversario de la proclamación II República, ese periodo histórico extremadamente denso que muchos han mitificado como una especie de Valhalla.

Es un día en que los republicanos, inarticulados como fuerza política por la misma inconsistencia que caracteriza su ideario, adquieren cierta visibilidad en los reductos que tienen (twitter) y cantan sus proclamas de un futuro que llegará mañana sí o sí (igual que el comunismo), aunque algunos de los creyentes en esta fatua esperanza hayan muerto. De viejos.

¡Menudo regalo! ¡365 días que tiene el año y se tiene que conocer la noticia del accidente del Rey precisamente ese! ¡Vaya puntería con el elefante y el calendario! Al parecer, la fecha fue escogida porque coincidía con la Pascua ortodoxa, la religión de la familia de la Reina consorte y griega que tiene España, que se había desplazado a su lugar de origen, pero también coincidía con el famoso -para algunos- 14 de abril.

La noticia se conoció por la mañana -estaba escuchando a Montserrat Domínguez en la SER, y la buena periodista a la que han condenado a un reducto igual que a Gabilondo, se indignó bastante, la reacción que esperaban los urdidores en el conjunto de la ciudadanía-, con un detalle muy, muy significativo para los familiarizados con las tramas arribistas que ha habido recientemente en la Historia de España: no se comunicó hasta que el Rey hubo aterrizado en España en el avión medicalizado que fue a recogerle al África sur.

Parece que todavía hay alguien que vela por el Rey en la Casa Real o su entorno; o quizás fue el propio monarca. No me quiero imaginar la situación de interinidad que se podría producir con la que está cayendo en caso de que el Rey quedase incapacitado, o algo aún peor, en un viaje privado a un país de pandereta para cazar elefantes. No se sabe como se cayó, pero si se sabe que salió de la operación de cadera como si nada. Y pidiendo perdón, como si tuviese que rendir cuentas de su vida privada o de a lo que dedica su ocio. Es el efecto “Sálvame” en la sociedad, o el de los sociólogos urdidores, siempre tan próximos a lo que supuestamente quiere la ciudadanía.

Afortunadamente, esa más que posible situación de interinidad se salvó anunciando el accidente cuando ya estaba en suelo español; sin embargo, la erosión gravísima de la figura del Rey y la importante función que desempeña en la vida política española ha surtido el efecto deseado. Sinceramente, ¿no había nadie en la Casa Real que hubiese evitado que una empresa de safaris pusiese fotos del Rey en Internet? ¿Por qué da la sensación de que hay un topo dentro de la Casa Real que va filtrando noticias y fotos de amantes, desaveniencias y aconseja hacer un vídeo humillante de disculpas? ¿Dónde ha quedado la tradicional discrección? ¿Hay alguien que haga bien su trabajo en esa institución tan sensible?

Ojo, que el contexto es de órdago: con una crisis económica que contaremos a nuestros nietos -y con deudas que todavía pagaremos por entonces, se lo aseguro-, con un Estado autonómico cuestionado aprovechando el caballo del ahorro económico, con un País Vasco que va hacia la independencia ahora que va descubrir los logros de la vía política, y con una ciudadanía aletargada esperando el siguiente golpe, parece que la figura del Rey se puede zarandear mejor que nunca. Hay alguien o algunos que lo están haciendo, y a saber con qué oscuros fines.

Y aquí llegamos a lo de ayer. Desde que el Partido Popular subió al poder está azuzando el tema de Gibraltar, territorio ubicado en la Península Ibérica de plena soberanía británica, porque para eso se entregó en un tratado internacional vigente. Como si volviesemos a los tiempos de Castiella, tan inspiradores para el conjunto del Gobierno.

Al parecer, los gibraltareños están hostigando a los pescadores de Algeciras, que no pueden faenar por sus aguas. Hablan de “400 o 500 familias” en riesgo, cuando dudo que haya tanta gente que trabaje en ese polo de industrialización del franquismo, que al menos tuvo el acierto de poner un puerto de categoría en el Estrecho de Gibraltar, algo que nadie se había planteado antes.

Tras varios rifirrafes que no pasarían de un breve en un periódico, ayer el Rey visitó Algeciras ¡vestido con el uniforme de Capitán Mayor de los ejércitos de España! ¡Y se fotografió mirando a Gibraltar! O esta completamente desquiciado -un poco gagá si que está, como se ve en su reproches a la prensa- o está francamente mal asesorado y sin rumbo.

¿A qué viene ese gesto? No recuerdo que hiciese lo mismo con Perejil -que también hubiese sido de chiste-, ni que lo haya hecho en ninguna actividad fuera de las propias de su Alto Mando del ejército y en funciones representativas. También en el 23-F, claro, porque era un colega que hablaba a los colegas, ya me entienden.

Según la Casa Real, responsable inmediato de este dislate -aunque no último, que se guarda en las penumbras-, oficialmente el Rey estuvo ayer visitando el patrullero oceánico “Rio Segura” -la mayor embarcación de la Guardia Civil, que lucha schumpeterianamente con la Policía por esas competencias- y el Centro de Vigilancia Costera de la zona -llega la temporada de pateras, no les extrañe que la propaganda oficial vuelve a activar el tema-, pero no dice nada de lo de Gibraltar.

Sin embargo, ahí están las fotos. Y la falta de oportunidad y el más mínimo tacto, claro. El patrullero de alta mar -impropio de la Guardia Civil- lleva tiempo operando, y el centro de Vigilancia mucho más. ¿Por qué ahora? Por mucho que quieran disimular (“ya estaba previsto desde enero”, dice el sucesor de Roldán, con méritos semejantes), han azuzado al Rey en este nuevo circo, donde incluso se entrevistó -vestido de jefe de la FF.AA- con los pescadores.  ¡Toma ya!

A saber en qué acaba esto, pero viendo esa foto completamente desquiciante sólo cabe esperar que vaya a peor.

(Añadido posterior) A las tres semanas de escribir esto reparé en otra “curiosa coincidencia” de esta campaña de desprestigio del Rey y la institución que encabeza. El pasado 28 de diciembre, en plenas vacaciones de Navidad y cuando más gente “comenta” cosas de este tipo, se publicó por primera vez el sueldo oficial de Juan Carlos I en calidad de Jefe del Estado. Aquí la discusión no es si cobra mucho o poco, porque el dato se publica para que todos pensemos que es “mucho”. Y para reforzar esta opinión inducida y condicionada, ese mismo día del 28 de diciembre pasado se publicó casualmente otro importante dato sobre sueldos.

Ya ven, lo dicho antes: el año tiene 365 días y en el mismo día salen esos dos datos para que la gente los correlacione, en perjuicio del Rey. ¿Cúal es el otro dato? Nada menos que el del salario mínimo interprofesional, que se congela para 2013.  Después de treinta y muchos años de no saber el sueldo del Rey, lo publican el mismo día que el de la congelación del salario mínimo. Pobre Juan Carlos, le están moviendo la silla -a él y su institución- y todavía no se ha dado cuenta.
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De la redacción de Cinco Días llega este artículo indecente. Afirma que, como apenas hay 20.000 sentencias judiciales al año sobre impagos de arrendamientos urbanos, la cosa no es para tanto…el problema es que en el mismo artículo, y de entrada, la poco perspicaz redactora afirma que la mayor parte de los alquileres no están legalizados….de ahí que no se recurra a la vía judicial, lumbreras.
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“A final de año, cuando hay superavit, se piden facturas para cubrir el presupuesto” Una frase que revela el descontrol con las cuentas públicas que ha habido en este país, al margen de la corrupción. Continua a leggere