Valencia no tiene quien le escriba

Una gran edición la de aquel año

Tampoco hay que evitar los elogios cuando son merecidos: el reportaje de Josep Torrent sobre cómo la Comunidad Valenciana se ha quedado sin sector financiero en unos pocos meses es de lo mejor escrito que he leído en este año en la prensa española. Los mimbres no faltaban, pero se agradece el uso de un lenguaje que debería ser propio del periodismo -y más en estos casos- y que, hoy por hoy, vemos como una cosa extraordinaria cuando no debería ser así.

“Asalto”, “Ambicioso”, “Ansioso” o “los problemas de este político, correoso y frío como pocos” pueden inducir a pensar que este reportaje está lleno de insultos y descalificaciones, pero no: insisto en que está muy bien escrito, documentado e hilvanado, con momentos terroríficos de sólo imaginarlos, como por ejemplo la reunión en la que Zaplana repartió el poder. Sinceramente, recomiendo que lo lean.

No puedo añadir nada a lo relatado, y los efectos están a la vista de todos: tras Bancaja y la CAM, el último banco valenciano en caer ha sido el Banco de Valencia. Era el banco más antiguo -fundado por asturianos, como relata el experto conocedor de la historia empresarial de Asturias Javier Cuartas- y también el más débil comparado con los poderosos cimientos de barro y paja (¡un saludo a Blasco Ibáñez!) con las que contaban las dos primeras cajas, que llegaron a ser la tercera y la cuarta entidades financieras más grandes del país y con una capitalización muy por encima de los bancos.

El final de toda esta historia está a la vista de todos: Valencia se ha quedado sin sector financiero propio. Las causas también están muy claras: política y finanzas, pocas alabanzas. Sumen a esto la fenomenal especulación inmobiliaria vivida en la Comunitat Valenciana -alentada y favorecida desde el poder político, especialmente con su demencial Ley del Suelo que permitió que surgiesen engendros como Astroc- y la tradicional manera levantina de hacer negocios, y ahí hay un buen libro. Mejor que los de Chirbes. Un libro-reportaje, de esos que escasean en España, igual que los semanarios de información.

Por algo será. Un libro que recuperase que Zaplana, en 2002 y en plena borrachera de ladrillo, llegase a plantear trasladar el aeropuerto de Valencia -actualmente en Manises- a Sagunto, y para ello apelase a criterios de ecología. Afortunadamente no se realizó lo que era otra operación urbanística encubierta -hacer crecer Valencia ciudad hacia el oeste, visto que hacia el sur por la Albufera no se puede-, aunque la noticia llega a decir cosas que causan vergüenza ajena: “Los redactores del proyecto están convencidos de que se pagaría solo. El coste de las expropiaciones y de la construcción de todas las infraestructuras previstas se compensaría con los beneficios del aprovechamiento de los kilómetros de playa liberados. Naturalmente, solo grandes instituciones financieras podrían asumir tales inversiones”.

Ahí está todo resumido, una vez más. Sin embargo, falta una recopilación sistemática donde se juntase todo: como Ryanair está expulsada del aeropuerto de Manises -por seguir con el tema de los aviones-, cómo el PP saca porcentajes de voto por encima del 50% en la región, la corrupción rampante y chulesca de Fabra, el veto a que Ikea se implante en la región…Valencia, para los valencianos. Y sus bancos, para los demás.

Por ejemplo, y para qué vean hasta que punto llega el nivel con el que los valencianos se guisan y se comen ellos solos su paella, está bien recuperar una historia que simplemente se puede calificar de italiana, en su vertiente del sur. Era finales de 2007 el candidato del PSOE en la región dimitía de su cargo por un escándalo de corrupción.

Como lo leen: dimite el de la oposición. Había perdido las elecciones de 2003 y las de 2007 de manera aplastante. No tenía acceso a ningún resorte de poder directo (aunque si local en Denia, el objeto de interés), y sin embargo se descubrió que un constructor le había pagado la reforma de su piso, y fue una reforma de nada menos que 78.000 euros. Que si ya lo iba a pagar, que si de estas cosas se encarga mi mujer…¿Por qué un constructor paga al líder de la oposición sin posibilidad alguna de rascar poder?

Para que todos estuviesen contentos. Para que nadie se quejase. En Valencia todo era un teatrillo, y el dimitido Joan Ignasi Pla hacia su papel a la perfección: tengan en cuenta que en 2006 planteó una moción de censura a Camps, ¡una moción de censura contra un presidente respaldado por mayoría absoluta abrumadora!. Un teatrillo al que Camps acudió hora y media más tarde, para favorecer la representación de que había algo.

Ahora que se está celebrando el juicio por los insulsos trajes de Camps, miren un poco más al fondo y no se queden en lo superficial. Sólo informan de lo menor, porque todos estaban metidos. Y en 2014, en las próximas elecciones locales y regionales, otra mayoría absoluta.

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