Un puerto con un futuro negro (III)

Parque de carbones adyacente al puerto de El Musel

Se conoció a mitad del año 2012, cuando la montaña de carbón en el desertíco y kilométrico espigón de la ampliación del puerto de El Musel era ya visible a km. de distancia. También el polvo negro que llevaba el viento, que como sabrán sopla fuerte cerca del mar.

Goldman Sachs, el banco de inversión que esta en todas las salsas, estaba empleando la vasta superficie para acopiar carbón, especular con él, y después revenderlo a mejor precio. Se descargaba en otra parte del puerto -recuerden: en la ampliación no hay nada, incluyendo grúas- y, por medio de camiones, se apilaba en grandes montañas.A la espera del mejor postor.

Goldman Sachs se dedica a lo que se dedica. Simplemente estaba haciendo un experimento para usar el carbón como una commodity más, acercando la producción de una mina de su propiedad en Colombia -lo crean o no, el país sudaméricano es uno de los mayores exportadores mundiales del mineral- a los mercados consumidores europeos. ¿Dónde almacenarlo? Nada mejor que en un puerto olvidado, vacío y desesperado, hasta el punto de prestarse a esta operación.

Una operación en la que el puerto sirve de burra y poco más, un jub en terminología de los políticos (escrito hub en inglés), con ganancia también para los sindicatos porque se hace una de sus especialidades: el mover cosas de sitio, aunque no sirva para nada. La auténtica ganancia era para Goldman Sachs, que ni siquiera tenía que invertir en infraestructuras para la carga y descarga. Es más: han estado a punto de que se agradeciese su filantrópica labor especuladora. Lo de los puestos de trabajo, ya saben. No se cómo andará el tema de la fiscalidad, pero tratándose de Hombre de Oro Sachs, muy conveniente. O inexistente.

La operación sólo se conoció cuando el primer barco ya había descargado su carga. El “contrato” había sido firmado por el equipo directivo saliente, con estas ventajosas condiciones, sin duda muy apreciadas por Goldman Sachs: “La firma de un contrato con el puerto facilitaría al broker diferir en la aduana el pago del IVA en España hasta que vendiera el carbón al consumidor final, dado que cabría la posibilidad de reexportar parte o la totalidad del mineral a terceros países por vía marítima”.

O, directamente, a la térmica adyacente al puerto en caso de que no hubiesen podido especular mucho con el carbón. Que para eso está al lado. Total, ¿para que traer más carbón si ya tenemos este que los señores americanos han dejado aquí para hacernos un favor? De hecho, no tardando mucho, las primeras 50.000 toneladas de carbón tuvieron ese destino. No deja de ser curioso que El Musel, ideado hace un siglo como puerto exportador de carbón se transformase hace décadas en puerto importador y ahora lo sea especulador.

El carbón, como ya dicho, venía de Colombia, concretamente de la mina El Cerrejón, una veta increíble situada cerca de la frontera venezolana y de la parte norte del lago Maracaibo: es la mina pefecta: vetas gruesas, explotación en superficie, y al lado del mar, con un puerto exportador comunicado con una línea de tren específica. Auténtica integración vertical: del subsuelo al mercado. El financiero, claro. El coste por tonelada (incluyendo flete hasta el destino) es de 60 euros, y poco más da que los 5.000 mineros empleados -todos negros, como la mayor parte de la población del Caribe colombiano- vivan en condiciones medievales, incluyendo una persecución sindical de la que estarían orgullosos en Sudáfrica.

 Ese mismo mineral, sin ningún tipo de valor añadido adicional -¿como se logra valor añadido con una commodity que se quema sin ningún proceso de transformación? Simplemente especulando- se puede vender a 100 euros tonelada, una ganancia que, hoy por hoy, no dan los caladeros naturales de Goldman Sachs. Que por algo es banca de inversión, igual que la ampliación de El Musel se hizo con un crédito del Banco Europeo de Inversiones, ahora mirado con lupa por la agencia europea anticorrupción. Distintos tipos de inversiones, me temo. O de corrupción.

Al final, y por una mezcla de la propia Mafia local (al entierro de su madre fue toda la clase política, como en Sicilia), el cambio de gobierno regional y de equipo gestor del Puerto, además de cierto revuelo a nivel popular por la vinculación sentimental de la zona con el carbón, el proyecto se marró y no hubo más avances en el plan de Goldman Sachs de llegar a almacenar 600.000 toneladas de carbón en el erial de la ampliación portuaria.  Pero ahí queda el precedente.

Igual que el mercado de futuros para el carbón, una realidad muy presente. Fíjense si no en que este año se descargó todo el consumo del año de una vez,  con el efecto colateral de inflar el tráfico del puerto con tanto trasiego  y acopio por adelantado. Eso sí, no sabemos que Hidroeléctrica del Cantábrico ha pagado el carbón más barato o más caro, o simplemente a qué precio lo ha pagado. De hecho, con el carbón no se suele saber nada, porque sigue siendo un negocio redondo: como se quema, no queda ninguna traza para investigar. Y las toneladas se calculan a ojo, especialmente una vez que bajan del barco.

En contra de lo que le pueda decir su medio de propaganda ecologista, el carbón tiene mucho futuro. Como todos los negocios rentables. De hecho, es la fuente de energía fósil con mayores reservas probadas -da para un consumo actual de aquí a 200 años-, mejor repartidas -no hay un estrecho de Ormuz del carbón- y con mayor capacidad instalada para transformarse en energía eléctrica. En Alemania lo tienen muy claro. Alemania, donde han gobernado los verdes y van a cerrar las nucleares. En general, lo tienen muy claro en todos los países desarrollados.

Aquí no. Se construyen regasificadores sin viabilidad alguna, se desata una fiebre del oro a la caza de la subvención por los “huertos solares”, o por las “eólicas”, y se arrumba el carbón como fuente de energía, incluso defendiendo unos fantasmagóricos intereses nacionales, como si la nación fuese Langreo, Ponferrada o el norte de Palencia. Importar carbón sale barato, mucho más que extraerlo aquí, pero no hace falta que lo haga Goldman Sachs. Tampoco hace falta construir un superpuerto para almacenarlo. Es simplemente tener una política de Estado clara, incluso en sus consecuencias.

De todo eso ha faltado en esta historia. Sin embargo, todavía siguen por ahí los sonidos de las campanas. Y el puerto vacío, claro: la última ocurrencia ha sido hacer un jub del hierro. Por supuesto, la operación no dejaría nada en la depauperada economía local, igual que jub fallido del carbon, pero como indica la noticia “de esta forma, se podría dar sentido a la ampliación del puerto de El Musel que, desde que se terminó la obra en enero del año pasado, prácticamente no tiene actividad, excepción hecha de la construcción de la regasificadora de Enagás y de la habilitación de una superficie de 100.000 metros cuadrados como zona de acopio de graneles”.

Pues eso. Lo que nos queda por ver. O por “dar sentido”. Continua a leggere

Un puerto con un futuro negro (II)

Render muy idealizado sobre la ampliación de El Musel. Con uso.

La regasificadora para dar algo de uso al puerto soviético de El Musel costó 370 millones de euros, pero ese no es el principal gasto de la instalación. Por supuesto, no se incluyen los gasoductos ni el resto de infraestructuras necesarias para dar funcionamiento y salida a la instalación, como suele ser habitual en todas esas obras públicas, donde destaca el caso de las autopistas y autovías licitadas sin conexiones ni enlaces. O esos hospitales públicos sin equipamiento. O sin accesos. Simplemente la carcasa exterior.

El principal gasto es su simple mantenimiento, como detallan en esta noticia escrita con odio, rencor y falta de apego a la realidad, en la más pura tradición del periodismo español. Fíjense que primer párrafo: pues lo han conseguido. Y el tiempo les ha dado la razón, la que siempre tuvieron -por una vez- los ecologistas. Al final, no han sido esos los argumentos tomados en cuenta por el Tribunal Supremo para declarar ilegal la instalación, sino uno que estaba bien presente.

Por normativa europea, y que siempre es de mucho sentido común, una instalación de ese tipo no puede estar a menos de 2 km. de distancia de un núcleo habitado. Aunque Gijón es una ciudad extraordinariamente compacta, desde hace muchas décadas tiene una pequeña mancha urbana de casas encaramadas encima del puerto, que el anterior ayuntamiento intento eliminar declarandolas ilegales en el PGU, a su vez declarado ilegal tiempo después.

Fue una operación torticera, de la que no se supo nada hasta que apareció en el documento, y que, visto en perspectiva, sólo tenía como finalidad facilitar la instalación de la regasificadora inútil. Se llegaron a manejar fantasmagóricos informes sobre si esas viviendas estaban en terreno inestable, fuentes contaminadas repentinamente con mercurio, y demás tretas que darían para una novela de Oscar Wilde con Mr. Scrooge. En el barrio, apodado El Muselín (y lo era así antes de El Muselón inútil), se ha celebrado la sentencia judicial con júbilo.

Muy bien. Batalla ganada, pero no la guerra. Lo cual nos sigue dejando con el mismo problema de entrada: ¿qué hacer con el superpuerto vacío? Darle uso. ¿Cómo se da uso a un puerto que no tiene las conexiones exteriores construidas, incluyendo el nuevo túnel de Pajares con coste de 3.000 millones de euros? De manera muy, muy díficil.

Fíjense que uno de los usos posibles es ¡construir un almacén de productos tóxicos! ¡En el parte del puerto más cercana a zona poblada! Se trata de los productos clasificados como ADR y DIR según la directiva europea de productos peligrosos, y van desde los explosivos hasta los químicos, pasando por los corrosivos, peróxidos orgánicos e infecciosos. También radioactivos, aunque la empresa interesada -que obviamente lleva el término green en su nombre dice que sólo haría acopio de productos químicos. El analisis ecologista de esta nueva iniciativa vuelve a ser el más acertado.

Además, el puerto está en quiebra.  Tiene 465 millones de deuda neta y, como buen organismo público, planea venderse a trocitos, especialmente las partes más rentables, que no son precisamente las de la ampliación. A precio de saldo, claro.  Además, la clásica operación de refinanciar la deuda -gran parte de la nueva obra se hizo con un crédito del Banco Europeo de Inversiones- y aplazar el pago para cuando todos los responsables del desaguisado hayan muerto. De viejos.O de ricos, cobrando indemnización.

Tal es así que el presidente de Puertos del Estado se plantea la viabilidad del puerto, con un coste total de la obra de ampliación cercano a los 1.000 millones, y sin ningún recurso propio para hacer las obras de conexión terrestre. Las últimas cuentas anuales publicadas son desastrosas e indican la quiebra técnica: deuda de casi 500 millones de euros, apenas 1´5 millones de euros de ingresos netos. Peor aún: las cifras de trasiego del puerto retroceden a niveles de hace 15 años.

Sin embargo, empieza a verse una luz al final del túnel. O una costa después de la tormenta: en los 10 primeros meses de este año ha habido un incremento de mercancías del 5%. ¿A qué se debe esto en un contexto de crisis económica, con unos tráficos cautivos por el consumo de la siderurgia y la central térmica? ¿Cómo puede haber crecido el tráfico de mercancías en un puerto infrautilizado y mal planificado, que ni siquiera puede dar salida terrestre a su trasiego? Pues simplemente no moviendo la carga del muelle. Lo verán en el siguiente post.
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El Corte Inglés consigue refinanciar el 100% de su deuda. Con 27 bancos diferentes. A 8 años. Con un interés del 4%, pero ni siquiera eso confirman. Interés del 4% cuando el precio del dinero está al 0´25%. Bueno, propaganda para el que se la crea.  Continua a leggere

Cosas que no se creen (IX)

El decálogo de Enric Gónzalez va tocando a su fin, y qué menos que abordar uno de los topicazos más habituales en estos tiempos o, en expresión del periodista catalán, cosas que no se creen.

La culpa es de los políticos

Pues no, no se cree. Atribuir la culpa de todo a una instancia superior, o extranjera, forma parte de los recursos más antiguos de la humanidad para dar causa a cosas cuya origen se encuentra en el azar, en la naturaleza o en su propia desidia como individuos. Y donde se pone políticos se pueden poner “los Dioses”, “el tiempo” o el empedrado, ya me entienden. Parece que la opinión de González va en ese sentido:
“Claro. Todo es culpa de esos políticos a los que nadie vota. Ya.” Este es un tema interesante: Enric González vivió en Italia durante una de las hégiras de Berlusconi, y seguramente pudo contrastar de primera mano que ningún italiano confiesa jamás haber votado al empresario constructor y de la televisión. Aquí la gente que votó al PSOE en 2008 callaba a finales de la legislatura, y la que votó al PP ya está callando a principios de la legislatura; de hecho, ahora mismo decir que has votado al PP puede ser una cosa extremadamente impopular, a pesar del nombre del partido.
Son las dos caras de un mismo fenómeno: se vota al que se vota porque se vota, pero después nadie parece haberlo votado; es más, dicen que la culpa es de ellos, y no suya por haberles votado. El fenómeno, que ya digo que es muy antiguo, va a más con el alarmante incremento de la antipolítica y el “todos son iguales”, que lo único que demuestra es que el que lo dice es subnormal profundo. No es poca cosa. 
“Echemos un vistazo a nuestro alrededor: jueces, grandes empresarios, grupos de comunicación, estrellas televisivas. Mirémonos a nosotros mismos. Visto lo visto, ¿qué clase de políticos esperamos tener?”  Aquí Enric González explica perfectamente el fenómeno: los políticos no vienen de un cuerpo social extraño, ni son alienígenas -que es como se representa desde hace décadas a los nazis, como no-alemanes-, vienen de la misma sociedad que los vota. 
El “mirémonos a nosotros mismos” viene a incidir en algo en lo que creo firmemente: la mayor parte de la gente que conozco, con contadísimas excepciones, se comportaría de igual o peor manera que los vilipendiados “jueces, grandes empresarios, grupos de comunicación, estrellas televisivas” y políticos de estar en su situación. O peor, insisto. ¿Por qué? Porque vienen del mismo contexto social y cultural, de servirse del Estado mientras puedas, de auténtica negación de lo público y su servicio, de vivir al día y después ya veremos. Y no, no creo que me relacione con ex-convictos, delincuentes o echados a perder.
“Pues eso es lo que hay” Ni más, ni menos: lo que hay en España en el siglo XXI: y son todos españoles y no emigrantes, que quince años después de la Gran Inmigración siguen sin acceder a puesto alguno de poder, relevancia social o impacto mediático. Nuestros problemas son exclusivamente nuestros, porque formamos parte de la misma sociedad.
Eso sí, Enric González no va tan allá y se centra en los -cómo no- partidos políticos: “Y si hemos consentido que los partidos se convirtieran en máquinas recaudadoras (por la vía legal y la ilegal) y avasallaran el terreno que debían ocupar las instituciones, los profesionales y la ciudadanía, algo de culpa nos tocará a la gente”. La partitocracia: el mayor ejemplo era el País Vasco, donde si eras joven y con algo de inquietudes era casi imposible escapar del entramado de la izquierda abertzale, que iba con sus ramificaciones de partido desde grupos senderistas hasta la violencia callejera, pasando por todos los puntos intermedios, incluyendo el bar, o la herriko taberna
Yo ese modo de integración vertical social por medio de un partido no lo he visto en ninguna otra parte de España: sólo alguien interesado en vender el actual sistema de partidos, y la democracia a la que sustenta con su importante función de canalizar los votos y la expresión ciudadana, como una especie de dictadura, está interesado en colar esa mentira: el que se ha querido mover al margen de partidos en España lo ha conseguido, por lo menos hasta un nivel muy próximo a las altas esferas. 
No tarda mucho Enric González en escribir explícitamente lo que viene apuntando: “Es muy probable que la actual clase política se desplome, como en otros países quebrados”. Es lo que le gustaría a él: que el PSOE acabase como el PSI de Pietro Nenni, Sandro Pertini, Bettino Craxi y Giuliano Amato, sólo por citar a los dirigentes más destacados de un partido que fue nuclear en la vida política italiana y desapareció en un sólo año, 1992, al igual que la Democrazia Cristiana.
Esa circunstancia es muy cara a todos los arribistas, agoreros, quincemistas informados -los hay, pero pocos-, golpistas y apocalipticos. De hecho, aquí en España Pedro J. Ramírez vive obsesionado con lograr algo parecido, y que lo pueda ver en vida. Es más: ha dedicado gran parte de su vida profesional y personal a lograr tal objetivo, al menos en lo que al PSOE se refiere. En eso están ahora muchos, desde Gregorio Morán que anuncia en su columna la inminente desaparición de un partido de 130 años de historia (los comunistas siempre han odiado al PSOE, por razones obvias y mezquinas) hasta los upeidistas que aspiran a crecer en votos a costa del PSOE, pasando por una amplísima gama de poderes fácticos, tantos como caben entre los dos ejemplos que he puesto.
Ese suceso, de haberse producido, tendría que haber sido en las elecciones andaluzas de marzo: no pasó de milagro y, de momento, el PSOE tiene cuerda para rato, hundido el proyecto chipiguay de Chacón y Barroso, y con un PP en el poder que hace todo el trabajo a la oposición, ya muy bien trabajado en la campaña electoral de noviembre de 2011, básicamente centrada en adelantar lo que el PP haría una vez en el Gobierno. 
Me temo que habrá partitocracia para rato, con sus males y sus virtudes. “No basta con trabajar y pagar los impuestos, hay que vigilar y exigir”:  mientras fluía el dinero a crédito, todo quedaba endulzado. A lo mejor ahora habría que incrementar esa labor de vigilancia y exigencia de la ciudadanía, y eso es labor individual de cada uno. 
Hasta incluso el propio Enric González reconoce esa pervivencia de la partitocracia, que de existir se basa en la estupidez de la masa que les vota: “Si creen que lo que vendrá luego será mejor, hicieron bien en votar a (“la crisis es un tema opinable”) y a Rajoy (“los españoles merecen un Gobierno que no les mienta”), o a esos líderes nacionalistas que se envuelven en la bandera para encubrir lo que trincan”. Y eso que el artículo está escrito antes de la histórica manifestación de la Diada de 2012. 
Grado de acuerdo con el artículo: 80%

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“Un estudio dice que el AVE gallego tendrá más usuarios que el catalán” Lo publica El País, sin ninguna crítica aparente. Lo ha hecho UGT, que cifra el número de usuarios para este enorme sumidero de dinero público en ¡cuatro! millones, cuando la CC.AA gallega tiene menos de tres millones de habitantes.
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Inaugurado el mayor puente atirantado del mundo. Está en la zona de Vladivostok, y comunica la capital rusa del Pacífico con una isla de 5.000 habitantes, pero con grandes planes de desarrollo: una residencia presidencial -para Putin, que seguirá siendo presidente de por vida-, expansión de la gran ciudad en torno a la que orbita, desarrollo de hoteles…en fin, una Hainan a la rusa, pero sin clima subtropical. Y bueno, como siempre pasa en este tipo de infraestructuras, tiene ante todo una finalidad propagandística, y más en una región a 10.000 km. de Moscú y demasiado cerca de China. Ha costado 1.000 millones de dólares.

En google maps pueden ver las obras de construcción, y la peculiar geografía de la isla, atravesada por un fiordo largo y estrecho.
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Ehhhhhhhh….sí, vale, de acuerdo, pero mientras sean jóvenes, para que puedan aplicar en su vida lo aprendido. El problema es que aquí se pone a estudiar todo el mundo como una especie de pasaporte a no se sabe qué -bueno, una vida de lujo y hedonismo, según la publicidad-, incluyendo gente muy mayor. Por no hablar de los ninis, que ni trabajan ni estudian, a pesar de que la educación en España es francamente accesible. Ahora se están quejando de que la FP va a costar 180 euros ¡por todo el año! Es que antes era gratis. Como todo. Hasta quejarse.
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Todo el primer párrafo es digno de El Mundo Today. Sin embargo, es la realidad: en casi 50 años de historia nunca ha dado beneficios. Algunas semanas después sale esta otra noticia, que pone en su justo valor esos resultados económicos: 140 millones de pérdidas si no fuese por las transferencias del Estado.
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De la serie esto no es como Grecia, hoy un pequeño guiño al país vecino, Portugal. Resulta que han desaparecido 135.000 niños y niñas portugueses: no es que un imitador de Herodes haya convertido el país en un charco de sangre infantil, es que esos niños sólo existían en las estadísticas, gracias a padres y madres que los declaraban para pagar menos impuestos.

Si investigan, en España saldrán cosas parecidas. Continua a leggere