El cura, los mandarines y el cotilleo

Había que esperar a que el propio protagonista contase su versión de los hechos, y así ha sido este sábado en su aladabonazo semanal -y ya son décadas- en La Vanguardia. El gran Gregorio Morán confirmaba todo lo filtrado y adelantado por otros medios. Su último libro había sido censurado a nivel empresarial y tendrá que buscar otra editorial para su publicación.

El cura y los mandarines pasa a formar parte de los libros censurados en democracia, ese régimen político donde la censura opera entre bambalinas, y no tiene porque contar con un departamento ministerial al efecto. Es igualmente efectiva, como lo son sus múltiples manifiestaciones por medio del olvido que los grandes grupos de comunicación hacen de temas concretos (la agenda-setting, que diría un pedante de la comunicación), la coacción o, directamente, la compra y destrucción de toda una edición.

Hay precedentes en el caso Morán. El libro de Javier Cuartas sobre El Corte Inglés, de finales de los ochenta, jamás fue distribuido en su primera edición. Lo había publicado -es un decir- Espasa-Calpe, pero a alguien de la empresa más opaca de España no le debió parecer bien alguna cosa y compraron toda la tirada -20.000 ejemplares-, que jamás llegó a librería alguna. La editorial saldó los derechos de autor y todo quedó en una operación paralegal.

A Jesus Cacho, el periodista palentino obsesionado con la Familia Real, y antiguo empleado a sueldo de Mario Conde, la misma editorial que ha censurado empresarialmente a Morán le devolvió el manuscrito de un libro de encargo a finales de los noventa. Había empezado como un libro sobre la guerra del cable, se fue alargando y metiéndose en otros asuntos -ojo: la editorial no reprochaba los habituales diálogos inventados del autor- y acabó publicándose en Akal con el título El Negocio de la Libertad.

Hay múltiples ejemplos más: los conocidos de El Jueves -donde la Fiscalía del Estado acabó llevando al tribunal a unos humoristas- o Egunkaria -donde directamente ese órgano estatal cerró un medio, aunque años después el artículo 20 CE dijese que eso era una barbaridad: lo venía diciendo desde 1978-, pasando por Un Rey golpe a golpe, una historia truculenta -y muy bien escrita- que tuvo que salir con el seudónimo de Patricia Sverlo, bajo la serie amenaza de acabar en la cárcel que tenía su principal autor, el periodista filoetarra Pepe Rei. Sin embargo, no es el tema de este post.

Ni siquiera lo es el tema del libro, una trayectoria cultural de España entre 1962 y 1996 a lomos del jesuita Jesus Aguirre (el cura), que pasó de la sotana a casarse con la Duquesa de Alba, y cuya parabola vital sirve a Morán para tratar otros muchos aspectos de las relaciones culturales de la época. Una continuación de su obra maestra El Maestro en el erial (1998), donde Ortega y Gasset hacía esa función de personaje-puente y personaje-nodo para hablar de un tiempo y un lugar.

Aquí el tema es Gregorio Morán, un brillante polemólogo, aupado en tiempos recientes por la generación mejor formada a la altura de faro intelectual por la sencilla razón de que no hay otro con la trayectoria que ellos buscan: alguien que durante estos casi 40 años de Segunda Restauración haya criticado de manera sistemática, convincente y sin tapujos los conchaveos y mamandurrias de El Poder, ampliamente entendido.

Resulta paradójico que, después de décadas dedicándose a esos temas, sólo en tiempos recientes la generación mejor formada -y algunos de sus miembros pasan de los 40 años, o los frisan de manera vergonzosa para sus aspiraciones vitales- haya reparado en Morán, un hombre fiel a sí mismo. Estarían ocupados en otras cosas, como aprender de memoria como deletrear el apellido de un director de cine iraní, o con drogas recreativas. En esas llegó la crisis, la constatación de que la generación que hizo la Transición no iba a dejar sus carguitos y puestos a los que venían por detrás -nunca ha sido así, y es de ilusos pensar lo contrario-. Así empezaron a acuñar constructos verbales estúpidos, como CT, y buscar algún referente.

Porque era imposible que nadie hubiese visto lo que se cocinaba dentro del Reino de España, especialmente en sus fontanerías. Estaba lo visible, y estaba lo invisible, en gran parte porque nadie hablaba de eso. Vale, estaba Morán, pero precisamente su singuralidad -y reparen en el significado original del término- lo convertía en la excepción que confirma la regla. Después, ya con la crisis, alguno como Muñoz Molina se ha subido al carro, señalando con el dedo medio encogido que nadie lo hiciese durante los tiempos de bonanza (¡brillante actitud!), cosa que le ha valido una fuerte reprimenda por parte de Marías. De esas tipo “¡mira quien habla!”, transmutadas en breve en “¡y tu más!”.

Da tapujo citar a estos buenrrollistas profesionales, más el primero que el segundo, en relación inversa a su talento. Morán es todo lo contrario. Como excomunista, mantiene ese visión amargada de la sociedad del que ha sufrido todas las derrotas posibles, y con la tiñe todos sus escritos. El éxito de su mordaz biografía de Adolfo Suárez en 1979, con el abulense en el cénit de su popularidad, le permitió comprarse un piso en Barcelona. Desde entonces, un par de puñados de libros y su puñetazo en el ojo de todos los sábados en La Vanguardia.

Yo los tengo todos, y leídos, desde los famosos (Los españoles que dejaron de serlo, sobre el tema vasco) hasta los que no son de política, incluyendo uno de mis libros de viajes favoritos, Nunca llegaré a Santiago, una obra en la mejor tradición de Ciro Bayo o Ramón Carnicer, la del viajero peninsular que no tiene porque adorar o enaltecer los lugares por los que pasa, al contrario. Me gusta como escribe, y me gusta los temas de los que escribe y, especialmente, cuando los escribe.

Así no es de extrañar que la primera crítica a la beatificada Transición desde posiciones no periféricas fuese la suya, nada menos que en 1991 (El precio de la Transición) y con El Sistema ya bien asentado, pero sin autoreplicarse hasta la parodia, como pasa ahora mismo. Fue publicado por la misma editorial que ahora le censura, igual que el de Suárez: la más grande de España. Sin embargo, es un libro que jamás ha sido reeditado y que hoy por hoy es inencontrable, ni siquiera por Amazon. Quizás con eso descubran a los que ahora esperan, sábado tras sábado, su nueva columna, y afirman haber leído todo del autor. Quizás lo tengan en e-book. Nunca se sabe con la generación mejor formada

Ya he explicado lo que me gusta del autor, y por qué. Ahora queda explicar por qué no me va a gustar El cura y los mandarines, que sin embargo leeré cuando salga. Yo no he sido de los afortunados que tienen el manuscrito, que circula entre reducidos círculos como un samizdat, en afortunada expresión de Rodríguez Rivero.  No he sido como Victor de la Concha, director de la RAE y con título nobiliario entregado por el Rey, que al parecer si lo ha leído y está en el origen de la censura empresarial aplicada a Morán.

Cuando se empezó a saber del caso, sospeché algo así. Morán es un autor al que le encanta el cotilleo, de una manera morbosa y obsesiva. Además, le encanta el cotilleo de pueblo. Siendo como es de Oviedo -aunque reside en Barcelona desde mitad de los ochenta- eso es ya casi una patología. Muchas de sus columnas semanales están entreveradas de ese cotilleo insano, que rara vez aporta nada, pero que hace las delicias de los nuevos seguidores de aluvión que le han surgido en los últimos tiempos.

Le ha llevado diez años escribir el libro, y de vez en cuando iba dando pinceladas en sus artículos. Yo me temía que iba a dar rienda suelta y exagerada a esa característica suya, más que nada porque trataba un periodo y unos protagonistas que había conocido y tratado de primera mano, y así se ha confirmado.La no casual coincidencia de que el supuestamente vejado De la Concha también sea asturiano ha hecho de catalizador, y confirmado las sospechas.

Que si era seminarista, que si era falangista, que si era un pelota, que si se casó con una novicia, que si venía de un pueblo de hambre -todos lo eran en la época-, que si estuvo en el seminario de Valdediós para escapar de ese hambre…todo, todo, charlatanería de pueblos, esa que siempre ha sabido tocar muy bien Morán. No en vano su gran éxito Adolfo Suárez. Historia de una ambición se fraguó con ese material, en las conversaciones que mantuvo entre 1978 y 1979 en la mansión de Torcuato Fernández-Miranda en Somió (Gijón).

El antiguo protector del entonces Presidente del Gobierno, al que promocionó como un valido y con finezza italiana, se despachó agusto sobre el chaval que le había salido díscolo y con ideas propias. Resulta inquietante pensar en el ambiente de esas charlas, llenas de modismos asturianos, tabaco, rencor y malidicencias. Por supuesto, Fernández-Miranda no quiso salir citado. En eso consiste el cotilleo, que con el avance de la tecnología ha llegado a niveles propios de la delación anónima de tiempos pretéritos.

Es una pena que Morán abandonase el proyecto de libro que tenía, y muy avanzado en su redacción final, sobre Leopoldo Alas, Clarín. Hubiese sido mucho más interesante que lo que parece, a todas luces, un ejercicio de desgañitamiento -típico de excomunista-, sobre su generación y sus múltiples derrotas, incluída la vital. Sin embargo, y como este país es así, El cura y los mandarines será mejor que el 99% de los libros que se publican como ensayo, igual que gran parte del valor de Morán viene por manejar en exclusividad temas y lenguajes que otros autores desentienden. Por las razones que explicará en el libro aún por leer y por publicar.

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¿Por qué han tardado tanto en salir esos vídeos?

Comenzaba el mes de octubre, que está siendo muy caluroso y más en el Mediterráneo, y un hombre de 50 años moría en Barcelona tras recibir una paliza. Si tienen la paciencia de leer este enlace, verán que desde las primeras informaciones, la prensa bienpensante era muy, muy cauta: estaban de por medio los Mossos, una vez más.

El cuerpo autonómico de policía catalana es ya muy famoso por la violencia con la que se emplea en el cometido de sus funciones: ahí está el reciente caso de la mujer tuerta por un impacto a bocajarro de un lanzaproyectiles (su nombre políticamente correcto prefiero obviarlo) o el de las torturas en 2007, torturas que para nuestra vergüenza fueron indultadas en repetidas ocasiones.

A pesar de los mitos existentes sobre el origen aceitunado y meridional de los Mossos, se puede comprobar en el caso de estos cuatro torturadores no encaja mucho: Joan Salva, Manuel Farré, Fernando Cea y Jordi Perissé compiten entre sí por la racialidad de sus apellidos, o sea que se puede esquivar el atolladero al que lleva esa dirección.

Hoy se ha conocido la existencia de al menos dos grabaciones sobre el momento de la paliza que una turba de Mossos (yo cuento hasta ocho, incluyendo los que están controlando) reduce hasta fine di vita a una única persona. Cinco contra uno, que ya está tumbado cuando recibe el grueso de los golpes. Cinco: estaré expectante hasta conocer los apellidos de esos cinco, donde seguro que hay algún Carrasco o Molina que no alterarán el análisis.

Han pasado 18 dias desde el asesinato y es ahora cuando se conoce la existencia de los vídeos, de grabación casera. Será que hasta ahora estaban comprobando la veracidad de los mismos. Y eso que son vídeos ciudadanos y no de cámaras fijas: los dos vídeos, igual que los tiene el juez, los podían tener los medios de comunicación.

Según la primera versión de los Mossos -que ahora estaran jugando a la pajita más corta de quien se va a comer el marrón, y su jefe negociando el indulto-, los múltiples golpes en la cabeza del asesinado (“cuando Benítez murió tenía rotos un diente, un pómulo, la nariz y una ceja, presentaba heridas en los labios, un golpe en la cabeza y en la parte frontal derecha de la cara, así como una fractura del metacarpiano derecho. Además, presentaba lesiones por los brazos, las piernas, las rodillas y la zona lumbar”) se los había provocado él mismo durante las penosas labores de reducción. A fine di vita.

Barcelona, una ciudad llena de encantos y atractivos, tiene un serio problema de seguridad ciudadana, que empieza por el mero hecho de que no puedas dejar ninguna pertenencia a menos de un ctm. de tu cuerpo, y que sigue por muchos otros vericuetos. Estoy seguro, como pasa siempre, que estos Mossos no se hubiesen empleado así de haberse producido la trifulca en Guinardó, y no en el Raval (el Barrio Chino de siempre y de Makoki) como se produjo.

La Ciudad Condal también vive del turismo, y esta noticia de violencia policial se va a ver viralizada a nivel mundial por el hecho de tener vídeo, igual que nosotros consumimos las noticias de violencia policial cuando se producen en EE.UU y afectan a un negro. A mí hace tiempo que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado me dan miedo, y no tendrían por qué.

Agotado el recurso al agro, estos cuerpos se nutren ahora de jóvenes de arrabales de grandes aglomeraciones, educados en la violencia, la mentira y la falsedad que caracterizan nuestra sociedad. A veces da miedo escucharles hablar entre ellos mientras están haciendo “vigilancia pasiva” -descansando en público- con su mezcla de arrogancia, chulería y superioridad. Antes, cuando venían del agro, eran más respetuosos respecto a los que deben servir, simplemente porque venían de generaciones de obedecer. Ahora mandan. 

No les digo lo que hablarán entre ellos cuando están lejos de las miradas. O de las cámaras de los teléfonos móviles. Ahí es el reino del “se cayó” o  “se golpeó el mismo”. Sus responsables directos, atenazados por la mafia gremial, tampoco toman decisiones fulminantes -por ejemplo, apartar inmediatamente del servicio a los que estaban en esas patrullas esa noche- y se meten en estrategias de dilación que sólo abundan en el descrédito de las instituciones que presiden temporalmente, pero que manchan irremediablemente.

O este asunto se ataja rápidamente, y por la vía correcta, o traerá mucha cola. Las expectativas a este respecto no son muy buenas: 18 dias en conocer un par de vídeos de ciudadanos anónimos. Seguramente habrá sido porque no querían compartirlos y eran sólo para uso doméstico. 18 días en que esa turba de asesinos uniformados ha seguido apatrullando la ciudad, 18 días para pensar por qué han tardado tanto. Porque muestran lo que muestran, sin ningún atisbo de dudas. Continua a leggere

Internet controlado: Mundo dice que NO pero Chile dice que SI

En el mundo del lobby duro y fuerte (Washington DC), el histórico Big Copyright (o sea, la asociación gremial de todos aquellos que profitan de la creación de contenidos (liderado por Hollywood) se vió -por primera vez- con su boquita abierta.

Se comenta que nunca, o casi nunca, una propuesta de ley escrita o recomendada por los lobbistas, no pasa, o al menos, no cambian los votos favorables días antes de que sea votada en el Congreso de EEUU.

Es decir, a los lobbistas en Washington DC le pagan para que sus ‘recomendaciones’ sean carrera corrida. Claro, esto fue antes de que se asomara el poderío de las empresas ligadas a Internet.

SOPA y PIPA se llaman las recomendaciones que, basicamente, le dan no solamente el control sino también, el peso de enjuiciar a quienes polulan y comparten contenido por la red EN TODO EL MUNDO.

Por obvias razones, SOPA genera un gran escándalo con el resultado que las grandes plataformas (bajo el liderazgo de Google) fomentan la protesta mediante el ‘cierre’ temporal de las páginas (por ejemplo, Wikipedia) por 24 horas y el llamado a que cada usuario alegara en contra de SOPA con los parlamentarios. La cosa funcionó (estamos en momentos de re elecciones en EEUU) y SOPA queda sin piso.

SORPRESA para los lobbistas de Big Copyright. Y alegría global porque por fín se supo que Mafalda siempre tuvo razón…

No obstante, y casi como una señal de ofrenda, el FBI pide que se detenga a unos cuantos tipos que manejan las plataformas que ‘hacen accesible’ contenido que no es de ellos (megaUpload y Cuevana, entre otros).

Aunque se diga que las detenciones serían ejemplos del objetivo mismo de SOPA y PIPA, queda claro que el ciberactivismo mundial tiene efecto y consecuencia directa en el mundo real, o al menos, cuando Google lleva la batuta.

Con todo, en el proceso de SOPA se evidenció que los mismos legisladores en EEUU no tenían idea de cómo funciona Internet y que cumplían órdenes de los lobbistas.

Cosa que nos lleva a Chile.

Con un lote de países más, Sebastian Piñera anda promoviendo una suerte de SOPA criolla.

En una negociación colectiva, de un nuevo TLC para los países de la zona Asia-Pacífico (el conocido TPP), se succiona algunas cucharadas de la misma SOPA:

“…los gobiernos de Chile, Perú, Nueva Zelandia, Australia, Brunei, Singapur, Malasia y Estados Unidos se encuentran avanzando rápidamente en un nuevo acuerdo internacional que reproduce una de las peores amenazas de S.O.P.A.: la censura de sitios de Internet por eventuales infracciones a los derechos de autor, entregando facultades policiales a los prestadores de servicios de Internet.”

Una negociación que -a todas luces- es ex temporanea o poco moderna.

Veremos si acaso el peso del ciberactivismo se hace presente en Chile…y en Perú, Nueva Zelandia, Australia, Brunei, Singapur, Malasia…

Más info sobre SOPA criollo, pinchando aquí y aqui [PERU]
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