Una empresa próspera y poco apalancada

Una de las empresas más grandes y opacas de España ha acumulado en los últimos meses una serie de noticias en modo alguna halagüeñas para su futuro, que ya se presentaba bastante incierto por eso de dedicarse a los grandes almacenes -con poderosas ramificaciones en otros sectores como seguros y viajes- y tener el noventaymucho por ciento de su actividad centrada en España, un país que afronta su sexto año consecutivo de crisis.

El Corte Inglés, la empresa de origen astur-cubano a la que todavía le queda muchísimo para llegar al siglo de vida y poder compararse con los grandes almacenes ingleses que lleva en su nombre, tiene que garantizar el salto a la llamada tercera generación, esa que supone el descarrilamiento de tantas y tantas empresas familiares.

El proceso no se augura muy bueno. Isidoro Álvarez, a su vez sobrino del fundador Ramón Areces, parece que va a delegar en otro sobrino, siguiendo una lógica monárquica y bueno, también forzada por la necesidad al haberse quedado sin descendencia. El problema es que el sobrino, a pesar de estar marcado con su designio manifiesto desde su nacimiento, viene ya con “pasado”, esa feliz fórmula ideada en España para presentar a Letizia Ortiz y sus 33 años en el momento del compromiso con el Príncipe heredero.

Dimas Rodrigo Gimeno Álvarez fue candidato de Falange en tres procesos electorales: en las generales de 1996 en la candidatura al Senado por Palencia; en las autonómicas catalanas de 1999 fue en el puesto 38 de la lista por Barcelona; y en la generales de 2000, tercero en la lista al Congreso por Valladolid. Por supuesto, tanto el partido político no prohibido en la Transición, como la empresa de la que es director general, han negado los hechos -a pesar de que aparecen en el BOE- y dicen que lo metieron sin su consentimiento. En tres elecciones casi seguidas.

Al parecer, el hermano de Dimas es un destacado cabecilla -pocas veces más oportuno término de liderazgo- de Falange, pero nuestro protagonista no quiere saber nada de política y, mucho menos, de hacer declaraciones públicas de nada. Bastante paso al frente en la esfera pública supone haber participado en las listas de un partido político. Y qué partido.

En el fondo, sigue la tradicción familiar. Isidoro Álvarez, en sus años mozos, ejerció de secretario de redacción en la Revista de Estudios Políticos que publicaba el Centro de Estudios Políticos, un auténtico think tank de la época especializado en justificar el franquismo, la democracia orgánica, el Caudillo y la nulidad de la separación de poderes, todo con los más altos vuelos y para justificar la legalidad impuesta tras una guerra civil.

Cuando se produzca su hecho biológico, el sobrino Gimeno Álvarez -esas familias siempre se transmiten por el linaje de la madre- accederá al cargo de la empresa de los cien mil empleados y tropecientos millones de euros de facturación con un impasible ademán, una dialéctica de las ventas y los beneficios, y una bonita camisa azul Dustin ceñida con un cinturón de simil-piel presentado en blister. El País, en todo caso, empieza a hacerle la pelota.

A ver qué queda para entonces. En mayo se supo que El Corte Inglés tenía que refinanciar la bellezza de 5.000 millones de deuda contraída en los felices años del Despilafarro. Es una cifra fabulosa, y más en una empresa no cotizada y cuya contabilidad asemeja una película de Berlanga: sin olvidar su origen de tenderos de pueblo, cuentan “el género” como un activo, además del “incalculable valor de sus edificios”, que además están situados en “lugares irrepetibles”. Es calculable, lo que pasa es que no hay ganas. Y no es dinero, porque es activo inmobiliario y no mobiliario. En cuanto a “lugares irrepetibles”, es directamente de risa, considerando los centros existentes en Getafe, Cornellá o Avilés.

Lo que se deduce de la noticia es que los bancos ya no están para muchas alegrías con la empresa del triángulo verde, que por política añeja se niega a cerrar centros. Así, lo que han hecho es una operación testimonial de venta de activos inmobiliarios para seguir dentro en forma de alquiler -como hacen los bancos-, aunque la marca propia ya sea lo de menos: en los centros mejor ubicados de El Corte Inglés, hace tiempo que se ha apostado por una distribución tipo zoco, con corners de marcas de prestigio (no Boomerang y Aliada) donde únicamente ofrecen el contenedor, pero no el contenido.

En agosto (¡agosto en Madrid, con lo que eso significa!) se supo que había conseguido refinanciar 3.700 millones de su deuda, en un contexto en que el crédito no fluye a las empresas. Aquí se cumple esa máxima económica de “si debes 300.000 euros al banco, tienes un problema; si debes 5.000 millones, es el banco el que tiene el problema”. Vean si no, a efectos de entender el siguiente bloque, esta concatenación de acreedores que aparece en el artículo: “Santander, Caixabank, BBVA, Popular, Sabadell y Bankia que son, por ese orden, los más expuestos con el grupo comercial”. Y todos, adquiriendo más suelo y ladrillo, porque “El grupo comercial ha puesto como principal garantía de esta reformulación de la deuda su patrimonio inmobiliario”.

Así, no debe sorprender que poco después del anuncio de agosto (¡agosto!), hace poco menos de un mes el Santander comprase a precio de saldo (140 millones) el 51% de la financiera de El Corte Inglés,
especializada en créditos al consumo. Créditos al consumo en su propio grupo, claro: yo te financio el dinero para que me compres mi género. Dicen que este método supone un tercio de las ventas del grupo. No se sabe la morosidad, pero si el tipo general está en el 12%, no creo que sea inferior. De hecho, afirman que es igual a la media general. Ya, y en créditos de consumo.

Merece la pena leer con detenimiento el enlace, porque aunque la noticia está redactada por el buen periodista Íñigo de Barrón, parece ejecutada encima de un alambre: se saca que el Santander se queda con ¡1500 millones de deuda! de la financiera de El Corte Inglés. El principal acreedor, y a cambio de una cartera de supuestos nueve millones de clientes, donde muchos de ellos ya lo eran del Santander. A mí modo de ver, es un negocio ruinoso.

Sin embargo, se hablar de “intensas negociaciones”, “reducción de la deuda” -casualmente, justo a la cuantía ya cubierta por la refinanciación-  y “otras entidades interesadas”, como un fantasmagórico Deutsche Bank, que mira que le puede interesar algo de créditos al consumo. Es propaganda muy fea, especialmente porque se nota a la legua, y porque en menos de un mes El Corte Inglés ha generado otra noticia muy esperanzadora.

¡Emisión de bonos! Vamos, lo que se hace cuando no cotizas en bolsa y los bancos no te fían ya más. ¿Adivinan con que están respaldados? “se trata de una titulización de los derechos de cobro de sus tarjetas y préstamos al consumo”. Y lo hacen a través de Irlanda, debe ser que en España, queseyo, tendrían algún problema, que van desde los fiscales hasta….bueno, es El Corte Inglés. Irlanda. ¿Lo pillan? Pues eso.

Ofrecen a “inversores institucionales” un 2´8% a dos años, con vencimiento en diciembre de 2015. Considerando que el dinero está a 0´25%, es siete veces más. Extrapolando, sería como si con el dinero al 3% -su tipo medio histórico en los últimos lustros- ofreciesen un 21%. Atractivo, ¿verdad? ¿Con riesgo? El que te ofrece siete pesetas por una. Bueno, siempre pueden poner como garantía sus “lugares irrepetibles”. Ah no, que eso ya está empeñado.

La noticia es, otra vez más, propaganda. Hasta se habla de su buena calificación, con un tono didáctico rara veces visto en la sección de economía. Sí, pero es una emisión sobre ¡los derechos de cobro de sus tarjetas y préstamos al consumo! Vamos, de los créditos morosos. Con ese plan, está claro quien va a disputarse a dentelladas salvajes esta bicoca: los acreedores, a ver si recuperan algo del dinero prestado.
***
(relacionado con lo anterior) Maravilloso pie de foto saludando al sucesor de El Corte Ingles. 
***
Atentos a los raciales nombres y apellidos de los tres temporeros de la recogida de manzana en Asturias. Continua a leggere

Cosas que no se creen (VI)

Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades


Al parecer, esta frase se está poniendo de moda, incluso para Enric González, que la desautoriza al meterla dentro de sus Cosas que no se creen. Ni el mismo se cree que no se la crea, considerando lo viajado e instruido que está.

Y si, fíjénse como aborda el problema: a partir de la deuda privada familiar. Debe considerar que el Estado -fuertemente endeudado- no ha proveído servicios durante este tiempo “vivido”, o que las empresas privadas -aún más fuertemente endeudado- tampoco ha proveído servicio alguno a los ciudadanos durante este tiempo.

“Las familias españolas deben unos 80.000 millones de euros y la suma se reduce cada mes. Si dividimos los 80.000 millones por diez millones de familias, o por cinco millones, sale un endeudamiento medio muy discreto” Pobre hombre, o pobres sus lectores incautos: como lo supongo enterado de la hipoteca media de 150.000 euros, no se que endeudamiento privado le sale muy discreto. O medio.

Consciente de la debilidad de su argumento -ha sacado las hipotecas de ese endeudamiento privado, lo ha computado en los bancos- saca a colación el tema: “El gran problema son las hipotecas, pero no han sido los ciudadanos los que han creado la burbuja inmobiliaria ni los precios astronómicos de los pisos”. ¡Toma ya! Es la famosa teoría que achaca toda la culpa a la banca y a los políticos: al parecer, los ciudadanos fueron encañoñados en las oficinas bancarias y obligados a firmar hipotecas a 30 años por un bien que no valía lo que costaba.

Yo creo que los ciudadanos crearon la burbuja inmobiliaria, porque eran la demanda. Si quieren otro día hablamos de la oferta, pero repito que está nunca encañoñó a nadie a firmar. Fue la demanda: de casa en propiedad, de segunda residencia, de no ser menos que el vecino, que con 23 años ya tenía casa, aunque le quedasen 30 para pagarla con su sueldo mileurista. Fue el ciudadano, y mientras no se comprenda esto poco va a cambiar.

Para el periodista González, el ciudadano no creo la burbuja “ni los precios astronómicos de los pisos”. ¿Ah no? ¿Entonces quien fue? ¿Alguien que no era ciudadano? ¿Los mercados quizás? ¿Quien fija el precio de los bienes en una economía de libre mercado? La oferta y la demanda, ¿verdad? Si los precios de los pisos fueron creciendo exponencialmente era porque había compradores, y esos eran en gran medida ciudadanos ávidos de ver su inversión revalorizarse artificialmente, porque no adquirían la vivienda por necesidad.

Cualquiera lo puede comprobar: en España no hay chabolas en los alrededores de las grandes ciudades. No existía una demanda de vivienda asentada sobre causas objetivas de carestía de la misma. Lo que había era una demanda desproporcionada, como corresponde a una inversión especulativa en la que el ciudadano era el primer postor e interesado.

Como esto tampoco escapa a Enric González, y como la culpa no puede recaer nunca en el ciudadano, dice “tampoco son culpables los ciudadanos de que el mercado de vivienda en alquiler sea raquítico”, pero no dice quien: seguramente los políticos. Son esos mismos ciudadanos que hacen una presión social agobiante si no tienes vivienda en propiedad, y los mismos que invierten los ahorros de una vida en cuatro paredes de ladrillo que después no ponen en alquiler porque piensan que es un bien que siempre se aprecia: una movilización de recursos fenomenal hacia un bien dificilmente convertible en dinero, y menos si lo tienes cerrado.

Sin embargo, la culpa es de la administración, que no ha regulado el mercado de alquiler. Disculpen, ¿pero que hay que regular? Un particular pone en alquiler un bien que es suyo, y el que considera que es justo su precio, lo alquila. Si existe una regulación anquilosada y cuyas culpas recaen en el Estado es la que protege al particular sobre el propietario, y que hace que muchas veces tenga más derechos el arrendatario que el arrendador. Nada de regulación sería lo adecuado, pero ya ha salido muchas veces a lo largo de esta serie lo del proteccionismo franquista que sobrevive en nuestra legislación.

González prosigue con populismo barato, atacando a las empresas: “Las empresas españolas deben aproximadamente el doble que las familias, y el grueso de esa deuda corresponde a los grupos de mayor tamaño: Telefónica, superconstructoras, etcétera”. No son constructoras normales, son “super”: deben a los bancos, a los que a su vez debe el ciudadano, salvo por el millón de casas sin vender. El resto se vendieron, y muy bien. Es deuda privada familiar, por mucho que se empeñe.

Sin embargo, ahí está la refutación de la gran verdad que es Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades: yo creo que cuando una casa de los años 50 en un barrio obrero de gran ciudad ha podido venderse a 220.000 euros, es que hemos vivido por encima de sus posibilidades. Felicidades al que vendió en su momento, pero toda esta riqueza artificial no se basaba sobre un aumento de la productividad o riqueza de un país, sino sobre una auténtica burbuja de la que todos eran conscientes, especialmente viendo los salarios.

El que se ha quedado atrapado estará pagando durante gran parte de su vida un bien depreciable y depreciado, pero en el que al menos puede vivir, al menos mientras las constantes subidas del IBI, las utilities -vía IVA o vía adecuación al coste del servicio, también subvencionado- o la degeneración de su barrio le deje. Estará viviendo en sus auténticas posibilidades, mientras echa la culpa a los políticos, en ese discurso populista donde es más pecamiso tener a disposición un coche oficial que un crédito de 150.000 euros para un bien que no vale ni la mitad de eso.

Termina así: “Los trabajadores hemos vivido según se podía vivir por las rentas y el crédito disponibles”. ¡Jo!  Según las rentas propias y las insufladas por el Estado a través de una educación y sanidad gratuitas, porque la renta transferida de origen público es de órdago, incluyendo la deducción por compra de vivienda -de la que Enric González no dice nada, y que fomentó el boom especulativo de vivienda- que no era más que una subvención encubierta al promotor, que trasladaba su importe al precio final de la vivienda.

“Y el crédito disponibles” Crédito que, lamento repetir, era endosado a los ciudadanos pistola en mano en las oficinas bancarias. Se han dado casos de trabajadores de banco que han salido a la calle a amenazar a los viandantes con que entrasen en la oficina a suscribir un crédito -hipotecario o de consumo privado, esos del TAE al 14%-, tal era la disponibilidad del mismo. Lo daban sin ton ni son, pero alguien iba a pedirlo. Falta eso en el análisis de Enric González, y falta en sus diez puntos. Aquí la culpa es siempre de los demás, nunca del ciudadano, que al parecer ha vivido dentro de sus posiblidades.

Grado de acuerdo con el artículo: 0%. Aquí todo Dios ha vivido por encima de sus posibilidades.
***
Está claro que el mejor remedio contra la enfermedad es el copago. Apenas ha pasado un mes desde la introducción del mal llamado copago de la sanidad, y resulta que cae un 20% la receta de medicamentos. Imagino que el pensionista que pasaba por la consulta a ver que le daban y a charlar un rato ya no lo hace. Ahora estaría bien que en vez de cobrar un ridículo 10% del precio de las medicinas a los jubilados, se ponga al 50%, y ya verán como súbitamente sanan muchos más. Continua a leggere