Ni monarquía ni dictadura

Nos evitaríamos de muchas calamidades si encarásemos al fin el relevo definitivo de unas fórmulas políticas caducas y en evidente proceso de degeneración. –Jorge Mª Rivero-

Tanto en una como en otra tienen fácilmente cabida la corrupción. Con un régimen u otro, de ambos, no saldremos de la misma. Ni de otros males que llevan inherentes.

De la corrupción de ayer a la de hoy.
Con Franco hubo mucha corrupción, a escala menor se puso de moda el estraperlo de víveres al no haberlos a venta libre. Era un red que explotaba el hambre existente en la nación española, el que pasaba irremisiblemente todo el que no podía costearse la adquisición de alimentos mediante este medio, desde la barra de pan de la vendedora callejera al tabaco –este producto nada alimenticio, por cierto-, que también estaba racionado, tenía otra cartilla, no estaba incluido en la Cartilla de Racionamiento con sus cupones a cortar por el tendero tras servir al cliente lo estipulado oficialmente. Si para el estraperlista callejero constituyó durante equis años un modus vivendi, modo de ganarse la vida, fue el origen del enriquecimiento de muchos intermediarios de la industria alimenticia, que no tanto los proveedores, sino tenderos y miembros de la administración de esta rama. Se hicieron… “negocios” con alimentos enviados del extranjero; por ejemplo, con barcos cargados de harina para la panadería –recordemos el tapado escándalo del Consorcio, porque en él había un jerifalte del régimen-. La hambruna que padeció una España aislada por la victoria de Franco, que, en el fondo, fue la de Hitler, dio origen a muchos enriquecimientos ilegales y a grandes fortunas. Creo no incurrir en exageración afirmando que de aquel tiempo data el gran impulso que tomó la corrupción.

Corrupción perenne.
Como nos enseña la Historia, y la Vida a quienes contiendas bélicas nos tocó vivir, las guerras con sus posguerras generan muchos nuevos ricos, que no se extingue la casta del logrero. Siempre el totum revolutum, río revuelto, y, como reza el refrán, “a río revuelto, ganancia de pescadores”, cuya explicación es que el desorden y las guerras presentan ocasión propicia al beneficio ilegal para los aprovechados. Ello ocurre en la guerra y en la paz; en ésta cuando no hay un orden moral, cuando se deja vía libre al caco, lo que el Gobierno no debe permitir por jerifalte que sea el que “le gusta lo ajeno más que lo propio”. Ya no digamos si de políticos se trata, debiendo empezar por perseguir a los de su propio partido. Tras la dictadura franquista sucedió la monarquía juancarlista, pero la corrupción perenne, continua, incesante, sin intermisión. Y de tal manera que tan incesante afluente ha incrementado sus pestilentes aguas al punto o lugar a que se ha llegado.

España casi vagón de cola.
Es el penúltimo país de los arruinados por la corrupción. Evidentemente ésta parte de haberse traducido la rectitud moral por la más torcida inmoralidad política con clave, como no puede ser por menos, en la mentira. Nunca como en la actualidad podemos comprobar la veracidad de este aserto del novelista, dramaturgo y poeta, que ya he citado en alguna otra ocasión por lo que tiene de básico, Luís Dumur: “La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve”. ¿De qué nos ha servido al país como jefe de Estado el dejado por Franco? Hay quien le apunta como su único mérito su actuación el 23 F, pero esto está reputado como montaje y él no ha tratado de probar que no lo es, de refutar tales escritos. Acaso le resulta tan imposible como su consagración al papel de donjuán, de hombre de negocios y de safaris.

En estas tres facetas, que definen su vida totalmente, se ha servido de los hombres, de su puesto político. Haciendo uso del artículo 62 que estipula entre las “Funciones del Rey” el mando supremo de las Fuerzas Armadas, pudo impedir la ilegal actuación de José María Aznar en la guerra de Irak formando trío con Bush y Toni Blair –se hubiera evitado el atentado del 11 M no aclarado por el PP ni por el PSOE- . A los innumerables crímenes incruentos, pero crímenes, del bipartito hay que añadir este atentado de primera magnitud. El jefe del Estado ha sido permisivo con los Presidentes del Gobierno, y éstos con él, no interfiriendo en sus actos, teniéndolo que hacer en virtud del artículo 64 de la Constitución: “Refrendo de los actos del Rey”. Ni el Gobierno ni la Prensa ha ejercido control alguno sobre la Monarquía; hasta últimos de 2011 se mantuvo al margen de la crítica. Lo del matrimonio Urdangarín-Borbón vino a ser la gota que rebosó el vaso de pasos indebidos de la Familia Real, cual el donjuanismo del rey, los matrimonios de los hijos, los asuntos y divorcio de la infanta Elena, etcétera.

Monarquía, dictadura y trinque.
Las monarquías encierran grandes dosis, por así decirlo, de dictadura, lo primero que “dictan” reyes y dictadores es su enriquecimiento –“no hay rey pobre”, escribe Juan Balansó-, sus protagonistas no dejaron de distinguirse por el elevadísimo nivel económico a que llegaron. En cuanto a dictadores paremos miente, por ejemplo, en la fortuna del dictador chileno Augusto Pinochet o en la del cubano Fidel Castro. Franco no hizo negocios, pero se lo permitió a su familia, y muerto el dictador ésta no fue exilada ni confiscada su fortuna. En cuanto a reyes no vayamos lejos, véase la que tiene Juan Carlos I según la revista Forbes. O según recientemente The New York Times pone de relieve: 2,300 millones de dólares, casi 1.800 millones de euros. A los varios políticos de este reino que hizo Franco en vida –reino sin rey- tampoco les ha ido mal económicamente con Juan Carlos I. Pero al parecer en orden a negocios su majestad ha predicado con el ejemplo.

Seudo dictadura de vuelta.

Lo triste y vergonzoso son las palabras que Rajoy acaba de proferir: “La situación económica por la que atraviesa España es muy difícil, complicada, y tenemos muchísimas deudas”. Ya es demencial que suele echarse la culpa al españolito de a pie. O se le ha tomado por iletrado y retrasado mental. Nada más injusto que nos roben y encima tengamos que pagar lo que nos han quitado. Y ya en el colmo de la desfachatez que estando tiranizada la sociedad civil por Rajoy, con sus ínfulas de dictador, se hable de democracia. Algo además inadaptable a una monarquía. Tampoco es muy honesto, que digamos, que se apele a una Constitución quebrantada en su mayor parte. Pero, bueno, la dictadura se lo permite todo. ¿Para cuándo una democracia de realidad, que no de realeza, sin la epidemia de corrupción de la que cada día se descubren nuevos brotes? Sólo algún paniaguado –o necio integral, que de éstos siempre hay plaga como ya se consigna en el Eclesiastés- puede hacer que entiende –el necio incluso “entender”- la pervivencia de la medieval monarquía en pleno siglo XIX y en Europa. Con su derecho de herencia, como si de una finca se tratara, y con toda su parafernalia que entra de lleno en el lujo y en lo peripatético o ridículo y extravagante. ¡A qué inverecundia y ruina ha llegado la nación española con esta monarquía y sus políticos del bipartito gobernante!

MANUEL LÓPEZ PERALTA

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Se va el caimán

El mejor animalillo político de Peridis

Desconfíen de los análisis que vayan a leer por ahí sobre la reciente muerte de Fraga, cuyos mayores hitos políticos verán también reflejados en una cuidadosa mezcla entre anécdotas chuscas y años señeros. Esta misma mañana he escuchado que su mayor mérito se encuentra en la Transición, un mérito atribuible casi por automatismo a cualquier jerarca del franquismo, y cuya razón última se encuentra en el propio concepto que nos han machacado de la Transición.

Lo de Fraga y este país es de verlo y no creerlo. Quizás la mayor prueba es que un personaje tan conocido y tan importante en la configuración de la actual democracia española no tiene ni una mísera biografía que no pase por ser una hagiografía (las hay con fotos y todo) laudatoria sobre la figura, que en algunos momentos de su vida llegó a cultivar el culto a la personalidad -el fraguismo- sin ningún tapujo.

Lo que sigue es un pequeño resumen de la vida de Fraga, así como lo veo yo, sin perder de vista que alguien que sobrevive tanto tiempo y en tantos regimenes distintos es porque tiene una habilidad política innata, la misma que caracteriza su acción: el resistir, el inmovilismo, lo gris. La pregunta vital a la que hay que responder en una persona que ha tenido esas cotas de responsabilidad en esos momentos es muy sencilla: ¿habría sido diferente España sin Fraga? Sí, y mucho mejor.

Hijo del que sería alcalde de Villalba (Lugo interior: riánse de la España secular) durante la Dictadura de Primo de Rivera, Fraga nació poco antes de esta, en la lejana fecha de 1922. Con el turnismo, vamos. Probablemente no fuese consciente de esto, pero es algo que modela su manera de concebir la política y con la que edificó su mayor legado, que le transciende en gran medida.

Fue número uno de sus múltiples promociones a cargos públicos, estableciendo una norma que ha continuado el partido que formó, integrado en sus partes más altas por gente con los mismos méritos, en una especie de meritocracia burocrática que haría estremecer a Schumpeter o a Orwell. Lo primero, el Estado, y ahí dedicó gran parte de su obra en su pasó por el mundo académico.

En su rápido ascenso dentro de la estructura del franquismo, el joven e hiperactivo Fraga pasó por sitios tan dispares como el Instituto de Cultura Hispánica (un intento neoimperial hacia Iberoamérica, muy del gusto de Falange y del primer franquismo, pero cuyo hálito llega hasta el Cervantes actual) y el Instituto de Estudios Políticos, actual CEPC, que era el think tank de la época. De ahí salían importantes mamotetros destinados a justificar la dictadura, lo órganico, el partido único y el Sindicato Vertical, al mismo tiempo que se acogía a Carl Schmitt para que orientase un poco con su clarividencia a lo que iba surgiendo.

Con 40 años y en 1962 pasa a ser Ministro de Información y Turismo hasta 1969. A él corresponde la idea de los teleclubs, que era poner una tele en cada pueblo para que pudiesen tragar la propaganda del régimen , consistente en niños prodigios, charadas y nada de información relevante. Hoy leerán lo de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, que continúo la censura militar vigente desde 1939 dándole una pátina de libertad: básicamente consiste en que el primer artículo garantiza la libertad de información y el segundo la deroga, aunque permitió abrir resquicios por los que se colaron los no adictos al régimen. En Turismo convirtió a España en la costa de Europa, creó la red de Paradores Nacionales -aunque ya había un intento anterior- y se vendía a sí mismo como joven y reformador, incluyendo el mitificado y casposo baño en Palomares. Hacía propaganda y turismo, especialmente de el mismo.

En 1969 cayó en desgracia tras haber intentado poner una zancadilla a los opusdeistas con el Caso MATESA, que por sí sólo explica todavía hoy tantas cosas de este país, y se fue de Embajador a Londres. Hay unas fotos tremendas donde se deja retratar con bombín y tuxedo, de tan simpático y aperturista que era. La propaganda llegará a un momento en que nos venderán que estuvo “exiliado” en Londres, ya lo verán, de tan demócrata que era.

No duró mucho ahí, pero la imagen de Fraga viviendo el swinging London de los sesenta, o paseando por Carnaby Street inquieta a cualquiera. ¿Se imaginan un encuentro entre Fraga y Twiggy? Tremendo, aunque hay equivalentes con Joselito y Marisol. Volvió a España rápidamente, porque el hecho biológico estaba rondando y había que tener posiciones en plaza. En los años entre 1970 y 1975 está el Fraga más poliédrico, alternando la empresa privada (llegó a tener acciones de la empresa que acabaría fundando El País, que en su origen se concibió como órgano de alabanza hacia su persona, pero cuando se desvinculó acabó siendo una cosa muy diferente), sus múltiples iniciativas políticas y el enconado esfuerzo de asomar la cabeza donde fuese y como fuese: si repasan las revistas de corazón de la época es muy habitual verlo.

Muerto su paisano Franco y hechos los respectivos honores, Fraga es nombrado Vicepresidente y Ministro de Gobernación (de los grises) por Arias Navarro, el chacalito de Málaga. Imaginénse: se ha muerto el dictador y hay un Ministro al que le gusta la autoridad, la notoriedad y los flashes dispuesto a promocionarse entre su electorado natural. Resultado: varios muertos en represiones de huelgas y manifestaciones, aunque no todo el mérito es de Fraga, que no estaba dando a la porra o al gatillo. La Policía era la que era, y no hay duda de que se ordenó mano dura, pero tampoco disparos a la barriga al modo Casas Viejas.

La pérdida de confianza del Rey en Arias Navarro y el nombramiento de Suárez sacan a Fraga del Gobierno, por lo que ya se puede dedicar plenamente a lo suyo: promocionarse. Funda Alianza Popular (su énesima marca política de la época) tras el verano del 1976, y concurre a las elecciones de junio de 1977 con nada menos que otros siete exministros del franquismo. Con esa tropa, inútil hablar de propósitos o ideologías. Eso sí, era un demócrata e  hizo mucho en la Transición, como si duda dirán en El Parte de hoy.

La apuesta de Fraga fue un fracaso rotundo, y así sería siempre: menos del 10% de los votos y 16 diputados, y con el mismo sistema electoral de ahora. Estaba claro que los españoles se equivocaban al no apostar por un político honesto, íntegro, nada cabezón y nada arrogante. En 1979 Fraga les dió una nueva oportunidad y los españolitos, que ya se sabe que no se pueden gobernar por sí solos, el 6% de los votos y 10 diputados a su nuevo invento político, a pesar de que se vendía como el autor único de la neonata Constitución.

En el famoso 23-F el apuesto gallego era de los que no sabían nada: vamos, el líder de la derecha no sabía nada de un intento golpista militar y decimonónico que pretendía poner un Gobierno de paja liderado por un paisano. Aún así, fue de los que se tiró cuerpo a tierra con el primer tiroteo (al techo), al revés que Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado, los únicos que estuvieron a la altura de las circunstancias.

Con los socialistas en el poder lanzaba furibundos ataques desde la tribuna de oradores del Congreso, incluyendo unos muy divertidos apoyando la guerra sucia contra ETA, que seguramente ya hayan sido borrados de las actas. En 1986, con una soberana derrota a pesar de la reconversión industrial, a Fraga le hicieron ver (bueno, ya se lo habían hecho ver en esas elecciones, presentando aquel efímero partido de derecha rancia que fue el encabezado por Roca) que no valía como cabeza de lista de un partido de derechas por su tremendo pasado, pero el se resistía a creerlo.

Así fue: primero promocionó a Herrero de Minón, a Tocino, después a Hernández Mancha, a Gallardón y por último a Aznar, un poco a regañadientes. De este época data su mayor legado político, ese que le transciende y le supera: la unidad de la derecha en España, único país de Europa donde sucede algo así. Fraga siempre lo había intentando, y de hecho su acción política durante la Transición se basa en eso, lástima que la UCD le minase el caladero de votos, por muy centrista que quisiera pasar.

Con su ansia de figurar, encabeza la candidatura de Alianza Popular a las primeras elecciones al Parlamento Europeo que se efectuan en España, las de 1987: tampoco ganó, claro, pero apareció en todos los carteles electorales. De esa época también es muy meritorio los dos escaños de Ruiz-Mateos. En 1989, para ganar por fin en algo y dejando a Aznar al frente de AP, se presenta a las elecciones a la Xunta de Galicia, hablando en gallego y adoptando un discurso regionalista (ese es el término querido, y no autonómico) con mucha gaita, folklore pobre y axuda do Apostol.

Gana, cómo no. En su tierra Fraga es un mito, como la vaca y el coche. Ahí se queda 15 años con sucesivas mayorías absolutas, mientras la región seguía siendo de las más pobres de Europa (por debajo del 75% de la renta media europea) y todos los medios comprados y ensalzando su figura. Todavía en 2004, y ya completamente gagá (el término lo utilizó su paisano Rajoy para definirlo) se publicaba un publireportaje en la Voz donde se volvía a insistir en ese mito que rodea a las personas autoritarias o que venden imagen de que mandan: que nunca duerme, que aprovecha los viajes en coche para una siestecita como mucho.

Hablar del horror construido en Compostela bajo la palabra “cultura”, la revitalización del Camino de Santiago, el recinto ferial de Silleda o el Prestige daría para mucho, pero es ya un Fraga crepuscular, al que invitan a Madrid para ponerlo como un jarrón chino en los Congresos Nacionales del Partido Único de la derecha que el ideó -y que le salió bien, por una vez en la vida-, una especie de Di Stefano al que hay que aguantar sus salidas de tono. Con su ánimo de aferrarse al poder, fue propuesto senador por su CC.AA y ahí estuvo hasta hace nada, porque las recientes elecciones del 20-N fueron las primeras en las que se quedó sin ningún cargo.

Gris, inmovilista, escasamente creativo (ideó el sistema político español esperando un turnismo, y también lo logró), con un pasado increíble (¿se imaginan a un Ministro de una dictadura dando lecciones en una democracia en otro país que no fuese España?), el mejor epitafío y realidad no puede ser otro que este: tras 50 años en el poder, nadie se ha atrevido a escribir una biografía digna de tal nombre sobre mí.
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Pasa esto mismo en el País Vasco y sería una de las primeras noticias a nivel nacional. Como pasa, y pasa frecuentemente, en otra región folklórica, no pasa nada.
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Según el Ministro de Economía De Guindos, muy bien retratado en la entrevista, la burbuja inmobiliaria comenzó en España en 2004. Antes no, que para eso gobernaban los suyos y el formaba parte del equipo. Hace falta ser caradura. Continua a leggere