Gobierno de crisis

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A lo mejor es un wishful thinking, pero me gusta pensar que en la exquisitez de tiempos y de formas que ha mantenido Mariano Rajoy a la hora de su toma de poder es herencia de las dos legislaturas de Zapatero, que siempre puso mucho énfasis y práctica en estos modos. No era a lo que nos tenían acostumbrados los anteriores presidentes, ni mucho menos.

El PP ganó los comicios adelantados del pasado 20-N, tras unas elecciones aburridas y sosas por su propia elección. Sabedor de que ganaría de cualquier modo, puesto que el voto -y la abstención- estaban decididos de antemano, todo fue un dejarse llevar. Tras su debate de investidura el lunes, ha jurado su cargo esta mañana como sexto presidente de la actual democracia.

Y ese dejarse llevar parece ser su auténtica ideología, porque en el debate de investidura, que tendría que haber aprovechado el impulso del torrente electoral, no ha propuesto nada ni novedoso ni esperanzador, dos elementos que creo no deben faltar en la vida política, y más en tiempos de desafección democrática. Al fin y al cabo, es la misma persona que se presenta como “previsible”.

De ahí la formación de su primer gobierno, que tiene visos de ser muy duradero a imagen y semejanza del de Aznar en 1996, donde sólo le falló Pimentel poco antes de las elecciones de 2000. Los nombres de este I Año Mariano son desasosegantes y grises, y aún así son lo máximo que se podría haber esperado del registrador de la propiedad de Santa Pola (Alicante). No hay nada más: cuando hay un cambio de gobierno se dice que hay una “crisis de Gobierno”; aquí estamos ante un Gobierno de crisis, y bien poco se puede esperar de él: Rajoy lo ha escogido por fidelidad a su persona, especialmente durante los cuchillos largos que siguieron a la derrota de 2008. La adecuación, eficiencia o aptitud lo dejamos para otra ocasión, aquí lo que cuenta es el lacayismo.

Soraya Saénz de Santamaría: Vicepresidente primera, Ministra de la Presidencia y portavoz. Era esperable que la elogiable vallisoletana obtuviese el premio gordo en el reparto de ministerios. Lo ha trabajado durante la última legislatura, tiene la experiencia -y con menos de 40 años- y el talante necesario para lo que va a tocar lidiar, y creo objetivamente que no debería provocar de entrada mucho rechazo.

Alberto Ruiz -Gallardón: se coloca en Justicia, lo que su idolatrado padre nunca fue -aunque su vástago se casó freudianamente con una hija de Utrera Molina-y hubiese querido de él, y no otras cosas que ha hecho en política regional. Al fin y al cabo, fue el joven Albertito, como así lo llamaban en la casa familiar, el que en 1985 puso un recurso en los tribunales ante la Ley del Aborto. De esta ley, y de otras muchas -como la de partidos- nos dará que hablar el chico más aplicado de la clase. Por cierto, el puesto es muy importante. Muy, muy importante.

Miguel Arias-Cañete: un desastre sin paliativos. Don manteca colorá, supuesto experto en economía, va al Ministerio de Agricultura, que recupera el nombre. Un Ministerio que apenas tiene competencias propias, porque todo se decide en Bruselas, y que representa un sector que supone el 2% del PIB español. Será una fuente constante de noticias. Y de ocurrencias. La-men-ta-ble

García-Margallo: un político viejo, aunque a nadie le suene. Viene de la UCD y viene del Parlamento Europeo. ¿Premio? Ministro de AA.EE, una cartera donde tendrá, de entrada, que intentar salvar la cumbre iberoaméricana de 2012, a celebrar en Cádiz por el Bicentenario de las Cortes y La Pepa, y a la que no va a venir nadie. También está Europa, nuestro vecino marroquí y, en fin, “recuperar nuestro lugar en el mundo”, que no es desde luego el que quería Aznar.

Pedro Morenés: fue secretario de Estado cuando Rajoy era Ministro de Interior, y ahora será Ministro de Defensa, donde ya estuvo también con Eduardo Serra, uno de los mejores ministros de Aznar. Le espera la descomunal deuda del Ejército (26.000 millones en créditos comprometidos para comprar armas, y eso que tenemos un ejército de menos de 100.000 hombres) y los secretos de Estado.

Cristobal Montoro: el calvo que se peina con gomina, lenguaraz y chabacano, pertenece a la más triste realidad de las mentes grises en economía del PP: no hace tanto tiempo -una legislatura- que el candidato a Ministro de Economía era Pizarro, cuyo mayor mérito era haber malvendido Endesa a los italianos y no a los catalanes. Ahí estuvo mano a mano con Montoro, que ya fue secretario de Estado del ramo en que será Ministro: Hacienda. Y ahora también, Administraciones Públicas. Sí, Montoro lidiará con el sector público.

Jorge Fernández-Díaz: otro que viene de la UCD, y después estuvo en los aridísimos años ochenta de la derecha nada menos que en Barcelona, donde se bregó contra todos. Como pago a sus servicios, la dirección nacional le dió el puntapié con el cambio de década a favor del ultra y desequilibrado Vidal-Quadras. En cuanto Rajoy empezó a rotar por Ministerios, le siguió fielmente y muy de cerca. Ministro de Interior, lo que en la democracia española -con ETA o sin ella- equivale a ser el más próximo al presidente del Gobierno.

Ana Pastor: continuidad gallega en Fomento. Precisamente cuando una de las escasísimas medidas que han transcendido de este mes de “gobierno en la sombra” de Rajoy era que el PP gallego renunciaba a reclamar la costosísima e inviable conexión de su AVE local con la meseta. Nacida en Zamora, la fielísima de Rajoy tendrá un presupuesto menguado y cierto populismo en su cargo y sus maneras, el mismo que ejerció cuando el año pasado fue a visitar a los “atrapados” por la huelga de controladores, como si fuesen refugiados de patera. Risas garantizadas.

Fátima Báñez: la cabeza de lista por Huelva se dedicará a Empleo y Seguridad Social. La delfina de la irritante Teófila Martínez llega al Ministerio desde una provincia con tasas de paro propias de otro continente no muy lejano (30% en su provincia) y presencia asegurada en los medios.

Jose Ignacio Wert: el único Ministro del que se pueden esperar sorpresas e innovaciones. El sociólogo -conservador, pero no radical y habitual en los medios del grupo PRISA- es una persona muy inteligente, enemigo de los lugares comunes, contracorriente del pensamiento único y con argumentos razonables. Se lleva el ministerio bicéfalo de Educación y Cultura, donde tendrá mucho trabajo. Sinceramente, da confianza.

Jose Manuel Soria: el conocido clon físico de Aznar, al que incluso se le blanquea el bigote de la misma manera, deja sus islas queridas y canarias para venirse a Madrid a ser Ministro de Industria, Turismo y otra cosa más. Poco hay que esperar de esta persona de verbo limitado.

Luis de Guindos: el premio gordo para el antiguo responsable de Lehman Brothers en España, hombre de Rodrigo Rato, habitual de los medios de ultraderecha y conocido o supuesto pensador económico. Ministro de Economía “y competitividad”. ¿No había nadie mejor? ¿En serio?

Ana Mato: la número tres del PP y eternamente bronceada, la misma que no se enteró de Gürtel había regalado un Jaguar a su entonces marido (alcalde de Pozuelo de Alarcón, el municipio con mayor renta per cápita de España) se lleva un superministerio: Sanidad. Otro ministerio feminizado, carente de competencias reales -salvo que se recuperen de las CC.AA, atención- y meramente figurativo. Como ella.

Y esto es todo. La mayoría absoluta del PP se traduce en trece ministerios (había quince), cuatro de ellos para mujeres, que ustedes podrán juzgar por su importancia. Con este equipo habrá que lidiar la nueva recesión, la crisis de nuestras vidas y el futuro de este país. Veremos que hacen, pero no es para que mañana alguien se levante muy reconfortado.

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