Cosas que no se creen (VII)

Enric González adopta la valiente postura de sacar el tema de la inmigración como problema, a la que dedica esta sucinta frase: “No fastidiemos. Esa idiotez se desmonta por sí misma”.

La inmigración ha sido un problema

Su postura recuerda mucho a la que utilizó Mariano Rajoy es su extremadamente fallida campaña de 2008, la única de la historia de España donde se sacó -de refilón y con el temario bien acotado- este importante tema. Su asesor mexicano de campaña le aconsejó que cualquier interpelación sobre este tema debería ser zanjada así: “soy gallego”.

Entiéndase por esa frase que, por su condición de oriundo de esta región ultraperiférica y esquiva con la modernidad, hasta el punto de seguir enviando a sus ciudadanos a la emigración -la segunda ciudad más poblada de gallegos tras Vigo es Buenos Aires-, ya lo decía todo.

Como si un hijo de la burguesía de provincias tuviese algo que ver esos gallegos analfabetos y con bocio que emigraban a los peores países de América y a centroeuropa, y que lo primero que hizo tras acabar la carrera de Derecho fue sacarse una oposición de Registrador de la Propiedad….vamos, justo lo contrario a lo que es la aventura y el drama de la emigración.

En fin, quédense con la cantinela evidente de que personajes tan diametralmente opuestos como Enric González y Mariano Rajoy zanjen el tema con una frase hecha, corta y que sirve para evitar el tema. Es la postura oficial, tanto, tanto, que los dos grandes partides políticos españoles decidieron que tampoco iba a ser tema de debate en la campaña electoral para el 20 de noviembre de 2011.

Precisamente porque una parte muy importante de la población -la que tiene más contacto vecinal con la inmigración- lo considera un problema, la inmigración no forma parte del debate público político o mediático de este país. Ahí está el ejemplo del imparable ascenso de un impresentable como Anglada -en 20 años, presidente de la Generalitat-, aupado a un importante poder municipal en Cataluña tras haber sabido aprovechar los resortes de un discurso antiimigración en una región compuesta por inmigrantes de otras regiones de España. No hay mayor tirano que el que ha sido esclavo.
 
Curiosamente -no tanto-, el PP local ha pescado votos en el mismo caladero que Anglada, pero en Badalona y con un personaje entre grotesco y simiesco, jamás desautorizado desde Madrid, porque todo lo que sea crecer en Cataluña esta bien, a costa de lo que sea.Y mejor no hablemos de la fuerte implantación municipal de un partido predarwinista como España 2000 en Valencia, esa región modelo de tantas cosas.

La inmigración no ha sido un problema: han venido a ocupar puestos de trabajo que los españoles no estaban dispuestos a ocupar, y de paso se han encontrado con una sociedad que daba sanidad, educación y seguridad personal a unos niveles que jamás soñaron con conocer, por no hablar de vacaciones pagadas, derecho a cobrar un sueldo sin trabajar y todo tipo de regalías que conocemos como “Estado de bienestar”.

Se lo encontraron así, y no fue creado para ellos. Para cualquiera que piense que la emigración ha sido un problema, que tenga en cuenta que en España hay 2 millones de gitanos (no hay cifras exactas) que jamás han cotizado, expertos usuarios del estado de bienestar, y contra los que jamás se carga las tintas. No vinieron de ningún sitio, ya estaban aquí y se les puede reprochar los mismo que Anglada o el discurso más primario contra la inmigración dice habitualmente.

Yo nunca he visto trabajar a un gitano en los trabajos en los que sí veo mano de obra inmigrante: cuidando a personas necesitadas, en el tajo, tras la barra de un bar, en la sanidad pública, en los servicios de limpieza, en tiendas que abren con el sol y cierran cuando la luna está bien alta, en un taller mecánico y las tareas del campo.

Cataluña, la tierra de Enric González, que decide no entrar en el tema de la inmigración, también tiene muchos gitanos, al margen de la rumba. Evidentemente, comparto la postura del periodista de que la inmigración no ha sido un problema, pero estaría bien explicarlo y no quedarse en la respuesta automática que tanto abunda en este tema, porque cuando el poder político y mediático pacta no entrar en un tema, es que el tema existe y es problemático.

Grado de acuerdo con el artículo: 100%
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La pensión media de jubilación (contributiva) alcanzó los 948,81 euros/mes en agosto. La pensión media de todo el sistema fue de 831,54 euros. Vamos, que puedes haber cotizado toda tu vida y sólo cobrarás de media unos 100 euros más que viudos, inválidos, huérfanos y no contributivos, los otros pensionistas. Este sistema no se tiene en sí. No es ya su esquema piramidal, es que es tremendamente injusto.

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Según un informe de la Comisión Europea, la deuda pública española superará el 100% del PIB para el año 2020. Y eso en el más conservador de los escenarios, en los más probables se pondrá en un 110%. Estaría bien dedicar una serie de artículos a lo que significa eso: bibliotecas sin libros de novedad, infraestructuras decrépitas, imposibilidad de acometer inversión alguna. Simplemente ir pagando la deuda, que se pidió para mantener programas o inversiones improductivas por sí mismas. Es lo que tiene pagar la deuda al 7% o al 8%.
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Interesantísimo artículo sobre la burbuja de aeropuertos en China.Está todo centralmente planificado desde el XII Plan Quinquenal (y no es broma). Aquí otras imagenes curiosas sobre el demencial urbanismo de ese país. 
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Historia parcial e interesada sobre el Centro Niemeyer de Avilés. Empieza mal (califica de década el periodo comprendido entre 1991 y 1997, cuando se gestó y se inauguró el Guggenheim), está escrito con el ojo del culo y quiere ser un tirón de orejas, cuando en realidad es simplemente una caca de vaca. Asturiana, por supuesto.Titular “purgar sus excesos” en una región que ha construido un puerto soviético sin uso, que quiere un AVE sólo de pasajeros, que tiene un Calatrava inútil y horrible -perdón por la redundancia- y en la que todo es “grandonismo” (exceso) es una ironía de muy mal gusto. Continua a leggere

Cosas que no se creen (V)

“Cualquiera que haya vivido en España y en otros países sabe que, en comparación con bastantes de nuestros vecinos, los españoles trabajan y trabajan razonablemente bien”.

Así empieza Enric González su quinto aldabonazado, tirando de recursos -ha sido corresponsal de El País en muchas de las capitales de el mundo, adquiriendo un envidiable conocimiento de la realidad social de los países, todo lo contrario al corresponsal-bonsai que no sale de su piso- y apelando a un fantasmagórico lector.

Fantasmagórico porque no son tantos los españoles que hayan vivido fuera de España, y los que lo han hecho no leen Jotdown, porque son emigrantes o hijos de emigrantes económicos de los sesenta y setenta. Los otros, los que leen Jotdown, han vivido fuera de España (Erasmus), pero no creo que hayan trabajado. Si en España falta una cultura de trabajo, ni les digo cuando se sale fuera siendo español.

Sin embargo, para González es suficiente para apelar a nuestro conocimiento: no estamos tan mal en comparación con nuestros vecinos. Dado que España sólo limita con tres países de entidad (dejemos a Gibraltar y Andorra para otro día), es de suponer que se refiere a Francia y otros países europeos, y no a Portugal o Marruecos, donde se trabaja si se puede. Como aquí.

Si esa es la comparación, yo creo que en España se trabaja menos que en Europa. Y no me hace falta apelar a alguno de mis escasos lectores.

Trabajamos poco

Las estadísticas dicen que los 12+2 días libres que tienen los españoles son equiparables a los de otros países europeos; incluso dicen que trabajamos algunas horas más. Sin embargo, esos datos casan muy mal con nuestra bajísima tasa de productividad, que más bien parece indicar que, aunque pasamos el mismo tiempo en nuestro puesto de trabajo -incluso más, insisto- que nuestros colegas europeos, ese tiempo no se traduce en una actividad que genere riqueza para el conjunto de la sociedad.

Así lo indica esta información -con interesante tabla añexa- de 2010 y datos de 2007, justo antes del inicio de la Crisis. Desde entonces, las cosas han empeorado muchísimo más: ante la imposibilidad de incrementar la productividad, se ha optado por la otra vía posible en un escenario como el actual, que no es otra que ajustar salarios.

La tabla parece dar la razón a González, con eso de que trabajamos mucho, pero como casi siempre la pregunta no es ¿cuanto? sino ¿como?. Mucho y mal parece la respuesta, a tenor de los datos. Por supuesto, al periodista catalán se le ocurre la respuesta para este desatino muy español: es porque no tenemos buenos jefes. O sindicatos. O patronal.

Dado que los españoles trabajan “razonablemente bien”, la respuesta al paripé de trabajar muchas horas pero no productivas es “Otra cosa es la organización del trabajo”, pero sin concretar de quien es la responsabilidad: si de la legislación laboral franquista y sobreprotectora, o de los citados anteriormente. Alguien tiene la culpa, pero no el trabajador, que trabaja “razonablemente bien”.

Eso es populismo o demagogia, o las dos cosas. Echar siempre balones fuera, un discurso que se viene repitiendo desde que comenzó la crisis: la culpa de nuestro males la tienen los “especuladores”, los políticos ladrones o, como dice Enric González durante varios pasajes de su artículo, los “extranjeros”, pero no en forma de marroquies o ecuatorianos, sino los pérfidos europeos, que trabajando menos y mejor, vienen aquí reclamando el dinero que nos han prestado mientras nosotros trabajabamos más y peor.

Yo no creo que en España se trabaje “razonablemente bien”. Trabaja el que puede, pero no es participe de que en su empresa o trabajo vaya bien o mal, porque no hay ningún incentivo, algo a lo que se mete a continuación: “También es otra cosa lo poco que se incentiva el trabajo: a la sombra de un tentativo Estado del Bienestar se ha formado una espesa maleza disuasoria de subsidios e impuestos, y la llamada “cultura del pelotazo” (recuerden aquello que dijo Carlos Solchaga, ministro socialista, sobre lo fácil que era hacerse rico en España) ha hecho pensar que trabajar es de tontos.”

Ahí ya estoy más de acuerdo: en España falta una cultura del trabajo y del esfuerzo, igual que falta una cultura en general -tema ya tratado con anterioridad-, pero eso es culpa de los trabajadores, los primeros que desincentivan al compañero, y no los jefes o poderes ocultos que Enric González no precisa, como por otra parte no hace nunca.

Está muy bien, en aras de aglutinar masas, eso de achacar todos los males a los demás, y dejando la figura del trabajador como “razonablemente bien” en la función que nos ocupa, la de trabajar, pero la realidad no es así. En España los puestos más intensivos de trabajo los han ocupado inmigrantes porque los españoles no los querían, a pesar de que algunos estaban fabulosamente retribuidos.

La cultura del pelotazo no es de Solchaga (“ministro socialista”, ojo al recado populista que deja como si la cosa no fuese con el) ni de los ochenta, está radicada en el ser español, es la cultura de jugar a la lotería para dar con el pleno y tirarse la vida a la bartola, sin dar ni palo. Los rentistas (¿qué porcentaje del boom inmobiliario fue por gente que compraba varias casas a crédito para vivir del alquiler?), esa otra figura española tan productiva y galdosiana.

Pero ahí está la cantinela populista, la enésima de Enric González en su desahogo: es mentira que en España trabajemos poco. Yo creo que se trabaja poco y mal, y no es por culpa de agentes externos, es por culpa de los propios trabajadores.

Grado de acuerdo con el artículo: 20%

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