Cosas que no se creen (IV)

Nuestros jóvenes están muy bien preparados


“Pues no. Los jóvenes españoles están, en general, muy bien titulados, pero los bien preparados son, en porcentaje, pocos más de los de siempre. La masificación universitaria y la falta de empleo han generado una insólita proliferación de posgraduados sin expectativas y una fatigosa abundancia de idiotas con máster. Faltan técnicos medios, falta espíritu emprendedor y faltan oportunidades”

Poco que objetar a este impecable comentario, con visos de convertirse en frase recurrente en lo que tiene de contraposición entre preparados/titulados. Si acaso, abundar más -dentro de un tratamiento superficial a un problema nuclear de la sociedad española- en lo expuesto.

En otros países a los que nos intentabamos parecer, un currículum profesional pone la titulación y, a continuación, las cosas que se saben hacer; en un currículum español, se pone las titulaciones, los títulos y los titulillos, como si la mera posesión de estos ya otorgase las capacidades. Es una diferencia significativa, que abunda en diferencias insalvables.

“Los bien preparados” son una minoría, y lo son en gran medida porque se han formado al margen del itinerario oficial impuesto por el plan de estudios o las tendencias sociales: un caso muy típico de un titulado universitario era dejar los idiomas para después de la licenciatura o el grado, que al parecer era muy difícil compatibilizar ambos. Así, además, se puede vivir del cuento del estudio un poco más, hasta donde aguanten las posibilidades económicas de la familia.

Y no les digo ya las habilidades informáticas, ausentes de cualquier plan de estudios, no vaya a ser que los docentes tuviesen que reciclarse y aprender nuevas cosas, con lo que habían luchado para obtener la plaza fija. Así quedaba la cosa: sin informática y sin idiomas, ¿qué tenían los nuevos universitarios, que salen a hornadas de decenas de miles cada año, para ofrecer en el mundo laboral?

Su título, que al parecer tenía asociado inmediatamente un puesto de trabajo. De ahí la titulitis privilegiada sobre las auténticas capacidades de cada uno: acumular y acumular títulos pensando que detrás del siguiente vendrá el ansiado puesto de trabajo, que tendrá que ser fijo, bien remunerado, con viajes y dietas, y conociendo gente interesante.

El mercado supo responder a esta demanda de títulos. No el mercado laboral, claro, sino el mercado académico, que existe y cómo: con la última reforma universitaria, las licenciaturas pasaron a ser grados (de cinco a cuatro años en la mayoría de los casos), más un máster estipulado con total libertad, que en teoría debería dar la “especialización”.

Bueno, pues el catálogo de máster oficiales se ha disparado a una cifra en torno a ¡2.600!, donde pueden imaginar que, en aras de diferenciarse nominalmente -en contenidos no, porque en el 95% son una mera repetición de los contenidos del grado-, ha abundado la imaginación creativa. “Máster en desplazamiento forzado” o “Máster en Artes del Espectáculo Vivo” (¿el circo?) son algunos ejemplos, pero pueden encontrar infinidad de ellos.

Además, está el incontrovertible hecho de que al menos un 30% de los alumnos de enseñanza obligatoria abandonan la misma sin haber conseguido el título, y mira que es fácil porque se puede pasar curso hasta con tres asignaturas repetidas. Para solucionar estas cosas, a Zapatero no se le ocurrió mejor cosa que mejorar los índices españoles dando títulos a quien demostrase experiencia en el sector.

Porque el problema de la educación en España no afecta sólo a la producción de buenos profesionales, sino también a la de simplemente profesionales: será por eso que la emisora más escuchada (la SER) tiene siempre muchas cuñas ocupadas con propaganda de la academia CCC, que ofrece títulos para gente sin título, o profesiones.

Nuestros jóvenes no están muy bien preparados, y esto va a seguir así. Ahora que se va a suprimir la selectividad para volver a introducir la reválida (gobierna la derecha, ¿se acuerdan?) y que después cada universidad estipule sus pruebas de acceso (esto creará, por fin, universidades de primera y segunda categoría, incluso tercera), está bien recordar un dato para los más optimistas.

En la Selectividad, el 90% de los alumnos saca una nota en inglés inferior a la nota media de la prueba. Y eso que la prueba es bien facilita, porque jamás se ha implementado una prueba oral. Mejor no les hablo de las matemáticas.

Grado de acuerdo con el artículo: 100%
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Leyendo esta espeluznante noticia, no me cabe ninguna duda que los políticos son unos ladrones y los principales causantes, junto a los banqueros, de la actual situación. Continua a leggere