Los petromortadelos

Dentro de la increíble creatividad del genial y nunca bien ponderado Francisco Ibánez -sobran explicaciones- se incluyó idear a finales de los setenta, en plena segunda crisis del petróleo y con la inflacción anual en España en torno al 25%, los petromortadelos.

Era un billete ficticio que venía avalado por la autoridad del Bank of Bruguera, no tenían curso oficial y venían adornados, según su diferente valía, con Mortadelo ataviado con diferentes perfiles asociados culturamente a lo islámico. Ya a principios de esa década había habido una primera emisión de billetes de Mortadelo, esta vez avalados por la figura del Financial Vazquez Bank Ltd., en honor del igualmente genial creador de tebeos, y famoso pegasablazos.

Lo que era un mero divertimento se ha visto, de nuevo, superado por la realidad de un país empeñado en caricaturizarse a sí mismo y no aprender de sus errores.

En 2009 Nueva Rumasa, el holding  (Rumasa y holding es como pertinaz y sequía) del empresario chipionero-jerezano Ruiz-Mateos, lanzó una emisión de bonos para intentar salvar su conglomerado de empresas, con marcas tan importantes como el licor Garvey (vete a un bar a pedir uno, a ver qué cara ponen), Clesa, y Cilicios con puas ya ensangrentadas.

Ruiz-Mateos, que encarna la España eterna como pocos más, metió insertos publicitarios durante días y días en todas las grandes cabeceras informativas del país, cuñas radiofónicas -y no sólo en Radio Libertad, la de la abeja- y en las televisiones. ¡Acude a la venta de bonos de Rumasa!, adornados con fotos aéreas de sus importantes factorías, llenas de afanosidad y productividad.

La CNMV, esa institución que a lo largo de la historia de este país se ha mostrado como francamente independiente (ahí está el caso Gescartera, o la actual mujer oronda de Lugo, militante racial del PP) emitió una advertencia señalando los riesgos de adquirir ese producto financiero, básicamente que no se podían vender en mercados secundarios y que tenía una convertibilidad muy difícil. Lo que viene siendo un bono, vamos.

Nueva Rumasa quebró, se leyeron unas cartas muy divertidas del patriarca del clan a Emilio Botín, la familia anda en disputas profundas y una panda de incautos -entre los que había una congregación de monjas- depositaron su dinero a cambio de un papelito en el que ponía “Pagaré de Nueva Rumasa”, emitido sobre la base de importantes barricas de Jerez envejecido, aún por embotellar y con el mismo valor que los sellos de Afimsa, otra empresa y otro caso que hablan mucho de este país.

Bien, pues a pesar de esa lección de economía básica -no pongas tus ahorros en algo que no puedas ver, o controlar, o conocer- nos topamos ahora con que Zinkia, la productora del personaje infantil Pocoyó, se marca una emisión de bonos donde aseguran ¡un 11% de rentalibidad!, que es 1000% más del precio actual del dinero. Tal cual y sin ningún rubor.

Por supuesto, la CNMV de la gruesa Elvira Rodríguez se ha guardado las espaldas y obliga a poner -como en el caso de Nueva Rumasa- una nota de advertencia sobre las características del producto, pero no parece que se evite la publicidad -de la que se nutren bastantes medios, incluso el poderosísimo AdSense de Google- de lo que es a todas luces un método digno del mismísimo Vázquez.

Es curiosa la historia de Zinkia: el personaje de Pocoyó tuvo su auge en los estertores de los 15 años de despilfarro, y fue vendido como una gesta nacional a la altura de Hernán Cortés o el 12-1 a Malta. Un personaje de animación español conquista el mundo,  y cosas por el estilo. No hace mucho, el tonto de bote de Carles Francino entrevistaba al máximo responsable de la empresa, y lo dejaba untado de baba por ser “de la nobleza española y trabajar”. O emprender, que es como se pelotea ahora.

Pocoyo tiene la cabeza como una burbuja, y de eso se trata la historia de la empresa. Salieron a Bolsa en 2009 y en tres meses la acción se había revalorizado un 26%, todo un brote verde -o azul-. Incapaces de hacer un nuevo personaje, de explotar la mercadería del único que tienen, la empresa fue para abajo, porque el mundo de la animación infantil es voraz, y más cuando Pocoyo carece de todo, hasta de guión.

Hundidos en Bolsa, con serios problemas de liquidez, se apuntan a la emisión de bonos. La página web es para guardarla, con Pato estrechando la mano a Pocoyo mientras sostiene un maletín negro. Porque hace falta ser patán para poder comprar algo como los bonos Zinkia, los del noble español “emprendedor”. Por favor, pierdan unos cuantos minutos de su vida leyendo este texto de los vendebonos, donde parece que la marca Pocoyo es como Coca-Cola, Canon o Siemens.

Yo lo tengo muy claro: voy a acudir a la próxima emisión de petromortadelos. Si en los ochenta se sorteaban tres apartamentos en Torremolinos, a lo mejor ahora me dan una promoción entera del Sareb (conocido como Banco Malo, cuando es enjuague con dinero público de las aberraciones inmobiliaras de promotores privados) o, quien sabe, la colección completa de Pocoyó en DVD. Quizás en Blue-Ray. Continua a leggere

Empresas públicas estatales, un ejemplo de gestión

Tanto con eso de la marca España y dos de las empresas públicas que más la pueden representar acaban de presentar brutales despidos y remodelaciones en su estructura y funciones. Una apenas ha tenido impacto mediático, a pesar de su relevancia, y la otra ha contado con todo el impacto mediático, porque está mucho más radicada en el terruño.

La primera es Acción Cultural Española, la empresa pública encargada de montar las exposiciones sobre la marca España fuera de nuestras fronteras y que, cuando fluía el dinero a crédito y tenía otro nombre, también las montaba dentro de España, con suculentas minutas a cambio de contenidos francamente mejorables.

Parecía que el criterio que imperaba era cuanto más, mejor, y ahí que se celebraron con grandes fastos y gastos todos los centenarios, aniversarios y bicentenarios que tuvieron a bien de coincidir antes de 2009, cuando se corta el dispendio de dinero. Ahora, pasada la borrachera (llegaron a contar con 30 millones de presupuesto, ahora es un 75% menos), la empresa despide al 40% de su plantilla y rebaja el sueldo a los que se quedan.

La presidenta es Maria Teresa Lizaranzu, que además es directora general de Industrias culturales y del Libro y, pásmense, la esposa de Álvaro Nadal, el responsable de la Oficina Económica de la Moncloa, que por su cargo y desempeño en la actual situación, es íntimo de Rajoy. Seguramente la señora Lizaranzu tiene ambos cargos por su valía personal, y no por ser la esposa de quien es, que aquí pueden leer mejor.

La meritocracia de los números uno y dos de las oposiciones a cuerpos generales del Estado: así está formado este Gobierno. Y para el resto, la meritocracia de estar casado, o ser primo, o hermano, porque “tenemos la generación mejor formada de la historia”, pero por si acaso vamos a ir colocando en los puestos a familiares y amigos, como en todas las anteriores generaciones de España.

En fin, vayamos al primer ente público que aplicó un ERE, conocido por todos como Paradores. En la wikipedia se puede ver la génesis de lo que parecía una buena idea en un país con amplio patrimonio histórico y que vive en gran medida del turismo, aunque el que ofrece Paradores no es el que realmente aporta la parte del león, más visible en Platja d´Aro.

Con el tiempo y, especialmente, los Quince Años de Despilfarro, Paradores se fue convirtiendo en un red inmensa y que inauguraba instalaciones en sitios realmente incomprensibles, movido por las presiones locales o pensando que, por arte de magia, el visitante dispuesto a desembolsar 180 euros por una doble querría pasar una noche en pueblos y aldeas de mierda en los sitios más feos y cutres que existen.

Se convirtió en una agencia pública de colocación de los amigos del pueblo agraciado, donde se colocaban en los servicios -el que estudio en la capital, en la dirección del centro; la prima en la cocina; el hermano en la recepción- a las fuerzas locales, porque otra fuente de empleo en la zona no había, o no se quería buscar. Si tienen la molestia de leer la lista de Paradores en el anterior enlace, verán como hay provincias sobrerepresentadas -las de siempre- y donde el paro campa con cifras de África, aunque no siempre lo recojan las estadísticas.

Los planes iniciales, que contemplaban atajar el problema con soltura con cierre de hasta siete establecimientos y cierre durante meses -los de aún más baja ocupación- de otros treinta, se han quedado al final limitado al cierre de un único establecimiento -en Puerto Lumbreras, Murcia- y a seguir esperando a que escampe, que para algo los que trabajan ahí se sienten con derecho a puesto de por vida.

Sin embargo, la empresa pública sigue, al parecer, con su programa de aperturas, como este establecimiento en una de las zonas más remotas de España, y que pasaría a ser el más grande por superficie de toda la red, demostrando una notable capacidad de adaptación al entorno. Aquí, a toda máquina y prietas las filas hasta el abismo.

¿Y quien es la directora de Paradores, la responsable de tan sabias decisiones no llevadas a término? Pues nada menos que la ex-mujer de Rodrigo Rato, a la que dejó hace unos años para irse con otra más joven -concretamente, 30 años más joven y periodista, que la profesión está muy mal: alguna se ha tenido que recalificar en Princesa-, pero que ha mantenido muy buena amistad con gente de poder en el partido de gobierno.

Seguramente la señora Ángeles Alarcó es la de más valía para ocupar la presidencia de Paradores, porque en este país impera la meritocracia. Eso, ante todo. Y si algún día se privatiza todo Paradores, incluyendo los recintos históricos en donde se enclavan los más respetables, seguro que la empresa adjudicataria será de un amigo, o ex, o primo, o hermano.

Este es el ejemplo que sale de un somero análisis de las dos entidades públicas empresariales a nivel estatal que han presentado los dos primeros ERE. La figura jurídica se creo para dar lo mejor de la empresa privada al patrimonio público, y ya ven. Para los amigos. España, año 2013.
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El mejor y más agradecido rascacielos de las conocidas como “Cuatro Torres de la Ciudad Deportiva”, ejemplo duradero de la locura de los Quince Años de Despilfarro, prácticamente vacío y con unos costes de mantenimiento de 6 millones de euros al año.  Sólo se habla del aeropuerto de Castellón y otros ejemplos en la mente de todos, pero hay muescas en todas partes. Continua a leggere