Un submarino que no flota como metáfora

Isaac Peral, aladroque

Dentro de los 15 años de Despilfarro los militares, siempre en la vanguardia de la Historia de España, no se arredraron y, dando muestras de su inveterada valentía, se sumaron a la fiesta general. Compras y compras de material bélico por encima de las necesidades de nuestro país, envío de miles de tropas al exterior para ganar una soldada de 3.000 euros por cabeza y bueno, los típicos chanchullos de lo que ha sido siempre una casta privilegiada en cuanto a los mandos.

El muy buen periodista de El País Miguel González ha ido dejando buena muestra de esta trayectoria, todo lo contrario de balística: más bien de derrota. Comparen sino este artículo de nausebunda propaganda a cargo del supuesto experto en terrorismo Barbería con cualquiera que puedan encontrar bajo la rúbrica del elogiado periodista, otro de esos baluartes silenciosos del único periódico de referencia en España, y en las antípodas de los Yoldi, Maruja Torres o Miguel Mora, que ojalá siga el mismo camino de los dos anteriores.

Con Bono al frente de Defensa, España se comprometió a comprar misiles de crucero Tomahawk a EE.UU, quizás para abatir una lluvia de fuego y destrucción a cargo de ¿24 misiles? (más no se iban a comprar, y ya costaban 72 millones de euros) sobre cuatro chozas de negritos con Kalashnikov en el Sahel. Y ya en 2009, quizás porque le sonaban a feo (igual que hizo con las bombas de racimo) Carme Chacón anuló su compra.

Era el inicio de una espiral de renuncias, aplazamiento, empréstitos, créditos y compromisos en torno al tema de la compra de material bélico: como gran parte viene dentro de un consorcio internacional, nos hemos quedado en que el único Ministerio que no ha sufrido los “recortes” es el de Defensa: con la cifra del déficit apuntando al 100% del PIB en tres años, con seis millones de parados, el ministerio de los verde caqui sigue con el mismo presupuesto.

Y para pagar sus juguetitos.

Aquí, y en fecha de 2011, se explica muy bien: España se comprometió en contratos de compra de armamentos  por valor de 31.000 millones de euros cuando acabase el pago, dentro de unas décadas. Igual que la unidad de medida héctarea ha desaparecido en favor de campo de fúbol, para estas grandes cifras también hay que buscar unidades de medida comparables. En este caso, utilizará la T-4 de Barajas: costó 6.000 millones. Se podrían construir cinco iguales con ese dinero de Hazañas Bélicas. Pero mejor no demos ideas.

El 85% de esa descomunal partida ya estaba apalancado con el Partido Popular, igual que pasó con el Ministerio de Fomento. Está muy bien gobernar y presentarse como el mejor Gobierno del mundo -incluso chuleando a Alemania sobre el déficit, cuando se ponía la mano para fondos de cohexión- cuando todo se compra a crédito y comprometiendo la gestión de los futuros gobiernos.

Como se acabó la época de la ilusión del crédito a gogo, ahora toca redimensionar el gasto, lo que en lenguaje llano significa reducir la comprar, anular programas y pedir créditos para pagar créditos. En estas están las FF.AA de España desde hace tres años, afrontando intereses de demora y el precipio de las increíbles penalizaciones por anulación que hay en el mundo militar.  Es lógico: un tanque o un submarino no es un bien facilmente intercambiable.

El actual ministro de Defensa, un empresario del ramo, ofrece la zanahoria de “perdonarnos ahora y después os compraremos”, difícilmente creíble dadas las oscuras perspectivas económicas de España para los próximos lustros, pero finalmente se ha recurrido a la ya comentada partida presupuestaria extraordinaria,  justificada por el que dirán en caso de darse de baja en los programas multilaterales de armamento.

El panorame, hasta ahora, no difiere mucho del de todos los sectores españoles. Tampoco lo va a hacer con lo que voy a exponer: es simplemente la historia de la chapuza y la incompetencia habitual en este país, muy dado a compararse con Francia o Alemania cuando el dinero corre, pero que cuando el flujo artificial se detiene, se queda como lo que viene siendo desde hace un par de siglos: un extraño híbrido entre África y Europa, que para eso conservamos dos plazas fuertes al sur del Estrecho.

En medio de un casi total silencio, hace un par de meses se decomisionó el buque insignia de la Armada Española, el portaaeronaves Príncipe de Asturias.  No es un buque viejo, al contrario: tenía 30 años, y este tipo de navíos pueden tirar otros diez años. La razón no es otra que la falta de presupuesto: su mantenimiento costaba 30 millones de euros al año, y necesitaba una reforma de 60 millones. ¿Solución? A la chatarrería. E incluso esto da problemas.

No tiene sustituto, porque el contenedor flotante Juan Carlos I, definido pomposamente como Buque de Proyección Estratégica, puede llevar los famosos Harrier del Príncipe de Asturias, pero realmente esta diseñado para nuestro papel en la sociedad internacional: llevar galletitas maría, mantas y deja tus aviones en Rota, que nos interfieren en nuestros sistemas con su software sin actualizar.

Peor aún que perder el buque insignia, y es muy probable que España -teniendo la soberanía sobre dos archipiélagos, por citar una única razón de peso- nunca vuelva a tener un portaaeronaves, es el caso de que, a día de hoy, sólo tiene dos submarinos operativos. Sus sustitutos, que ya tenían que haber entrado en activo, acarrean serios problemas, al margen de los presupuestarios.

Se da de baja al Marsopa, se intenta prolongar la vida del Tramontana, pero la verdad es que el primero de los S-80 padece graves problemas de diseño: es un submarino con sobrepeso. Puede parecer un chiste, pero es un problema gravísimo dadas las características del buque. Si un barco no flota, se puede mantener a flote; si un submarino no flota porque pesa demasiado, se va al fondo en cuanto haga la operación de inmersión. Y un submarino que no puede ir bajo el agua (sub-marine) es una broma pesada.

Los ingenieros que han diseñado el primer submarino contemporáneo español se han equivocado en sus cálculos entre 75 y 100 toneladas, una exageración sin paliativos, aunque sea el 4% del peso del navío. Nadie ofrece explicaciones, no se conocen responsabilidades. En la base del desastre está, cómo no, el orgullo nacional.

En el programa AVE Álvarez-Cascos se empeñó en que fuese un consorcio nacional el que se llevase el contrato de las unidades móviles, adjudicando a dedo a una empresa sin experiencia en la alta velocidad ferroviaria como Talgo el diseño de cabezas tractoras a 350 km/h, cuando en ningún lugar del mundo a finales de los noventa existían.

La exigencia nunca se ha cumplido: los AVE van a 300 km/h en algunos tramos, pero esa velocidad de adjudicación a 350 km/h la han alcanzado simplemente para decir que se puede alcanzar y cumplir el contrato. En Francia sí van a 350 km/h, y se nota en las distancias y el tiempo, los factores clave de la competitivad de ese invento del siglo XIX llamado tren.

El submarino es de la misma época, más reciente, pero se ha hecho lo mismo: adjudicar el contrato en exclusiva a un consorcio español, que ha demostrado su valía y capacidad entregando un buque con sobrepeso: un submarino que se hunde. Y pensaban que lo íbamos a poder exportar. Como el AVE, que se ha vendido a Arabia Saudí gracias a Corinna y bueno, esperemos a ver que tal funciona en el desierto.

Álvarez Junco, en su elogiado libro Mater Dolorosa,  dedica un capítulo metido a calzador a Isaac Peral y las dificultades insalvables que encontró en su época para su invento, llegando a afirmar que quizás hubiesemos ganado la Guerra de Cuba (y Filipinas) de haber hecho caso al murciano y haberse dotado la Armada de entonces con el submarino.

Es una exageración, esta claro, pero el libro trata sobre el relativo fracaso colectivo que fue el siglo XIX español y el ejemplo de Isaac Peral sigue siendo válido. También su invento para explicar este extraño país donde los submarinos se hunden por su propio peso. Por lo menos, los comunistas -y Llamazares es un diputado elogiable en toda su acción política, incluyendo esto- se lo toman a guasa.
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El horrible edificio de Calatrava en Oviedo, del que me ocupé en su momento, esta ahora entre togas y litigios. De momento, ha salido que tuvo un sobrecoste brutal. Nada menos que cinco veces más de lo presupuestado. Continua a leggere

No es Bartolín, pero casi

E-mail recibido y respuesta de Cervera

No supera al caso Bartolín, pero desde luego merece entrar en la antología del disparate político. Tiene todos los elementos necesarios: un pueblo, un lerdo, corrupción, humillación, tramas oscuras, luz pública -tampoco mucha-, correos y bueno, la escopeta nacional, porque Berlanga fue muy grande en retratar nuestra sociedad.

Ayer se supo que la Policía había detenido, y posteriormente puesto en libertad, al diputado nacional por el PP Santiago Cervera, bastante conocido por revolotear en medios de comunicación -entre ellos la SER-, por pertenecer a la Mesa del Congreso y por parecer, hasta ayer, un político diferente y un dirigente de futuro. Hasta ayer, ya les digo, porque ha presentado su dimisión, en lo que seguramente será el abandono de su carrera política.

Es un gesto que le honra: pierde su condición de aforado para el juicio que tendrá que afrontar por extorsión, nada menos que al presidente de la caja de su pueblo, Navarra, ese extraño lugar donde se mezcla el agrarismo medieaval, la alta tecnología, Batasuna y el Opus. Los navarros son muy suyos, y ojalá lo sigan siendo. Ahí va una buena muestra.

El 5 de diciembre, el presidente de la caja navarra recibía un correo extorsionador no de la ETA, que es malvada y pérfida, sino de un anónimo en el que conminaba al señor Asiain -nombre de banquero donde los haya- a depositar 25.000 euros a cambio de no revelar información confidencial sobre la institución que dirige. Tampoco tan confidencial: al parecer, en su calidad de abogado, habría facturado grandes cantidades a la caja navarra, lo que ya de por sí es lamentable pero muy frecuente.

El e-mail, que no hemos podido ver, también instaba a Asiain a depositar la citada cantidad en un rendija de la muralla de Pamplona, concretamente a la altura del parque de la Media Luna, justo detrás de un conocido club deportivo. A lo mejor ustedes mismos han meado en esa misma rendija durante los sanfermines y, si no lo han hecho, seguro que alguien si. No puedo imaginarme un sitio más fétido en todo Pamplona, salvo el comité de ética de la Facultad de Medicina.

Asiain, que según la información facilitada estaba de vacaciones en Las Canarias -esos puentes, esas cajas que hay que rescatar, esos rigores del invierno navarro-, denunció el correo directamente en el puesto de la Guardia Civil del pueblucho guanche más cercano. Me imagino la cara de los olivas allí destinados: un presidente de una caja denuncia una extorsión en Navarra, en las antípodas del territorio nacional. Imagínense la escena, por favor. Y con Pepe Isbert.

La cita era el día 7, y las fuerzas del orden, que últimamente andan más ociosas por esas zonas del norte irredento, había establecido un dispositivo de control, imagino que muy discreto. Es una pena que las informaciones disponibles no indiquen la hora, pero en Pamplona es fácil imaginar que por ahí no habría ni un alma, y para eso da igual que sean las siete de la mañana que las siete de la tarde. Alguien acudió al punto de encuentro, y fue detenido dos días después. Un diputado nacional.

¿En que estaba pensando el diputado nacional del PP Santiago Cervera cuando acudía a ese lugar, sin un alma por la calle? Según su versión, más completa que la de Asiain, ha sido víctima de una trampa y que “le pudo la curiosidad”. Alguien le citó, también trámite e-mail, en ese mismo punto y lugar para dejarle documentos “de relevancia judicial” que afectaban a la caja de ahorros navarra.

No sabemos si Cervera es aficionado a las películas de espías. Si lo es, se entiende que picase; si lo es, no se entiende que no viese que era una trampa. Lo que si sabemos es que Cervera formó parte entre 1996 y 2003 del consejo de Caja Navarra, y que desde entonces ha sido un fustigador de las dudosas prácticas -comunes a todas las instituciones de crédito en España- de este extraño engendro llamado caja, gobernada por políticos como el mismo.

Tras recibir el correo, digno del género (“por mi parte no volveré a mantener comunicación alguna con usted”), Cervera contestó muy displicente -y pueden ver ambos en la imagen adjunta- explicando que no le molaba el juego en lo que tenía de cutre, pero que si tenía algo que darle, que adelante. Y que no iba a estar en Pamplona esos días. Sin embargo, acudió a la cita, y de la manera más macarra posible.

Tras pasar por el lugar señalado, se alejó porque vio una cámara (ya les digo que el dispositivo policial era muy discreto), para a continuación volver pertrechado con un gorro y una bufanda, seguramente por el frío de Pamplona y no para no resultar identificado en una posible grabación: este es un detalle significativo, porque indica que sabía que podía ser víctima de una trampa, pero aún así pergueñó.

Llegados a este punto, es difícil creer que un diputado nacional pida 25.000 euros de extorsión. Así no se hacen las cosas, y si más con el tres percent y otros medios de coacción sutil. Yo creo la versión de Cervera y la trampa, aunque el hecho de que haya caído ya es motivo suficiente para acabar con su carrera política. Y renunciando a su condición de aforado, lo que dice mucho a su favor.

Asimismo, estoy convencido que dentro de su caída un factor muy importante, incluso para el que ha tendido la trampa, ha sido la vanidad de Cervera, en la que también influye que participase en medios de comunicación. ¿Cómo resistirse a acceder a información comprometedora y después hacerse el interesante por ahí? ¿Cómo? Pues muy fácil: diciendo que no. Cervera lo hizo en un primer momento, pero después le pudo la curiosidad, incluso superior a las cautelas que tomó al ponerse gorro y bufanda.

Asiaín ha dicho que seguirá adelante con la denuncia y que no llegará a ningún acuerdo, ya sugerido por el abogado de Cervera. Me parece bien y será lo mejor. De manera muy interesante, en la dirección del PP se ha dejado caer al político en peso libre. No es un cambio de postura en el partido de Zaplana, Camps y demás, parece que se hayan desprendido de un fardo incómodo.

La encargada ha sido Cospedal, con la que al parecer mantenía una relación distante. No es un pata negra: viene de UPN, el partido extraño que, ora va con el PP en coalición, ora se enfrenta y se separan. En la última trifulca dejó el partido del carlismo light -donde llegó a ser candidato a la Alcaldía de Pamplona- y se pasó con armas y bagajes al PP, llegando a presentarse en la lista por Madrid en un puesto nada anónimo.

Relativamente joven para la progresiva gerontocratización de la política española, era una estrella en ascenso, como todos los que se foguean en medios de comunicación, algo a lo que no debe ser ajeno que esté casado con Mónica Ridruejo, ex directora general de RTVE. Alguien le ha cortado las alas, seguramente de manera definitiva, probablemente por todos estos asuntos.

Lo que lleva a pensar en un fenómeno que está ahí, a la vista de todos, y en el que nadie parece reparar. En el PP se suele pagar caro no venir de una trayectoria de militancia íntegra en el partido, como bien sabe Esperanza Aguirre; pero peor aún es destacar con personalismos y protagonistas: el que tendió la trampa a Cervera debía saber bien esta características del lerdo.

Los protagonistas del famoso congreso de Valencia del PP en 2008, el que se saldó con refrendó de Rajoy al que todos habían intentado poner la zancadilla tras la derrota electoral, han ido cayendo uno a uno: los que se presentaban con el aval de la juventud -apenas cuarenta cumplidos- como Costa y Camps cayeron bajo Gürtel, tras haber caído en la trampa de dejarse encadilar con una posible candidatura alternativa a la del gallego. Y mejor no les hablo de Esperanza Aguirre, que por algo se aferra como un náufrago a la dirección del PP madrileño.

Por utilizar una metáfora futbolera, que no me gustan mucho, en el PP no hay banquillo: es mucho mejor recurrir a los Posada y Pastor, que si se definen es por la palabra “gris” en toda su polisemia, que a alguien como Cervera. Con la excepción de Soraya SdS, en el PP, si eres joven, te cortan la cabeza, aunque en este caso la vanidad y la “curiosidad” de Cervera la ha servido en bandeja, cual Bartolín.
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(Actualización de hoy mismo, por la noche) Leyendo el estupendo blog de Fernando Garea en El País, me entero que Cervera intentaba, desde la mesa del Congreso, poner en marcha una cuenta de twitter de la institución, y hacer transparentes los viajes de sus señorías. Casualmente, y digo casualmente porque de los 365 días que tiene el año todo esto ha tenido que suceder ayer, justo cuando ya había sido detenido y puesto en libertad, conocemos estas dos noticias íntimamente relacionadas.

Primera: el Congreso ya tiene twitter. Y el primer twitter ha sido una felicitación navideña confesional. El vulgo se ha quedado con el rollo anecdótico, cuando aquí lo relevante es cúando y de qué manera. Ayer mismo.

Segunda: el Congreso ya publica los viajes de sus señorías. Eso sí, nunca su cuantía. Al extranjero, siempre en preferente. En tren, en club. Ayer mismo.

Esto lo pongo por si alguien tenía alguna duda que Cervera era un tío incómodo en su partido, y que le han hecho la cama -aprovechándose de su vanidad- de una manera tremenda. A mí me cae simpático, aunque solo sea por sus tweets, que lamentablemente he conocido demasiado tarde.

Una vez más, en la política española, se cumple eso de la foto y el que se mueve.
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El 70% del presupuesto de inversión de un Ayuntamiento, nada menos que 33 millones de euros, para pagar deuda de una empresa municipal que tiene 3.000 plazas de aparcamiento sin vender. Es en Oviedo, pero seguro que pasa en otros sitios. Continua a leggere

Pelotazo en Oviedo

Magníficamente integrado en su entorno: color y estructura

En mi afán por divulgar otros ejemplos de pelotazos habidos en España durante los Quince Años de Despilfarro, al margen de los manidos del aeropuerto de Castellón y similares, hoy toca detenerse en Oviedo.

La pequeña ciudad, capital de Asturias, contaba con un campo de fútbol municipal donde jugaba el equipo local, situado en pleno casco urbano. A finales de los noventa se derribó y el equipo se trasladó a un flamante nuevo estadio en el extrarradio, a las faldas del Monte Naranco.

Tan sabia decisión coincidió con el descenso de categoría de la entidad deportiva, que en un año pasó de jugar en Primera División a hacerlo en Tercera, merced a méritos deportivos y económicos: desde luego, era el estadio más flamante de su categoría, con 30.000 asientos para rivalizar con equipos de aldeas. Por ahí sigue, quince años después, en 2ª B. También el estadio, claro.

En el solar del antiguo estadio, que permaneció bajo titularidad municipal,  se desarrolló una operación urbanística consistente en hacer un edificio desmesurado, escasamente pensado y muy de presumir, llamado Palacio de Exposiciones y Congresos Ciudad de Oviedo. Era de iniciativa privada, porque el Ayuntamiento ya tenía un edificio propio con esas mismas finalidades,  inaugurado pocos años antes y bastante adecuado al volumen de la ciudad, qué solo en épocas muy recientes ha conseguido pasar de los 200.000 habitantes.

Sin embargo, estamos hablando de Asturias, una región donde impera el grandonismo, hasta el punto que en el habla local se pone el sufijo -on para ese tipo de cosas. Sumen a esta característica racial de los asturianos los tiempos de despilfarro, la desenfrenada pasión por construir, un alcalde impresentable bajo todos los conceptos, la firma de un arquitecto estrella y tendrán el resultado final.

El Calatravo. Con un nombre tan pomposo que empieza por “Palacio” y acaba varias palabras después, esa otra afición local a rebautizar de manera francamente ingeniosa a las cosas no tardó en encontrar otro nombre para el engendro surgido en el solar del antiguo estadio. No es el nombre más ingenioso, pero al menos transmite parte del horror.

El edificio se compone de una parte central ovoide, rodeado por columnas en 45º que sostienen un edificio en forma de U de tres plantas, que se eleva sobre rasante sin medida alguna con el entorno o el urbanismo existente. Además, es totalmente blanco, como en toda la obra de Santiago Calatrava, autor de este engendro, ya esté el edificio en Valencia, Milwakee -como la galería de arte que hizo ahí- o Barcelona. No, en Zürich no le han dejado, pero ahí tienen criterio.

Ahí van las dimensiones de la obra: auditorio de 2150 personas con cúpula de 45 metros de alto, hall de 2300 m2, 12 salas de reuniones, y eso sólo en el ovoide principal; centro comercial de 65.000 m2 ; y en el edificio de tres plantas hay ¡11.200 m2! de espacio para oficinas, un hotel de 150 habitaciones y 17.400 m2 (habitaciones bien grandes, pues), además de 1800 plazas de aparcamiento para el conjunto.

La obra fue un desastre desde su concepción, su ejecución y su legado. Como en gran parte de las obras de Calatrava, tenía una parte móvil, que nunca se ha podido mover y por la que están en juicios y pleitos entre constructora, arquitecto y promotor; además, el arquitecto había ideado, con total desconocimiento del lugar, una lámina de agua que caía desde gran altura, pero que fue suprimida de la obra final por sus altos costes de mantenimiento, aunque hubiese quedado más justo espetarle un ¡esto no es el Mediterráneo!.

La construcción se inició en 2003 y con una concesión durante 50 años, insisto que bajo iniciativa privada, pero con consentimiento y aquiescencia del Ayuntamiento y la autoridad regional: ahí dieron los permisos de construcción y, peor aún, adquirieron los 11.200 m2 de oficinas para instalar dependencias públicas, como si no hubiese otros edificios disponibles. Fue una subvención encubierta a un complejo que ya nacía mal y renqueante.

El promotor se llama Jovellanos XXI, y es una sociedad inmobiliaria participada por la familia Cosmen, los de la empresa de transporte ALSA, conocida también como El Monopolio y auténtico poder fáctico de la región. Esta misma promotora también intentó hacer de las suyas en otro solar municipal de Oviedo (de hecho, las dos operaciones se conocía como las “de los Palacios”), con su propia y triste historia.

En cualquier otro país se hubiese conservado

Se trata del solar conocido como El Vasco, por ser este el nombre de la antigua estación que se tiró abajo a finales de los ochenta, cuando se sacaron las vías de tren que atravesaban la ciudad. Era una operación de moda en la época: en Madrid se llamó Cinturón Verde (y se enterró la vía que rodeaba la ciudad entre la Estación del Norte, ahora conocida como Príncipe Pío, y Atocha) y allí Cinturón de Hierro.

En Oviedo se hizo lamentablemente mal: la ciudad se quedó sin conexión ferroviaria directa con las cuencas mineras, donde antes se podía llegar en 25 minutos, y el solar quedó vacío hasta la actualidad, con feos asuntos políticos. Jovellanos XXI intentó hacer caja, pero no coló: nada menos que tres rascacielos de 133 metros -para la escala de España lo son, imaginense en Oviedo- diseñados también por Calatrava (“edificio escultura”), inclinados y al lado del muy cuidado casco antiguo de la ciudad.

Afortunadamente, cuando se presentó esa astracanada ya era 2007 y la cosa comenzaba a desinflarse: da miedo pensar si el pelotazo se hubiese propuesto cinco años antes. ¿Miedo? No tanto: basta asomarse al Calatravo finalmente construido y ver una imagen fideligna de lo ideado. Un paisaje apocalíptico, como poco.

Ahora resulta que Jovellanos XXI ha presentado concurso de acreedores (la antigua quiebra, vamos) por 90 millones de euros, con un comunicado que da risa y asco leer, aun cuando viene extractado. El Palacio de Congresos del que alardean que ha traído a “50.000 personas” en año y medio de actividad -como si fuese una cifra para admirar- y  no tiene programación ni actividades programadas en el futuro cercano ni lejano, como es evidente cuando existen ese tipo de instalaciones en todas partes.

Como habrán podido intuir, el horrible edificio desproporcionado acabará en manos municipales, pero no es que los promotores hayan quebrado. Como indican desde Izquierda Unida, Jovellanos XXI vendió el espacio comercial por 121 millones de euros, y las oficinas del Gobierno Regional por 61 millones de euros -esto en sí sólo ya sería un escándalo, además de la subvención encubierta apuntada antes-, por lo que el negocio ya estaba hecho y ahora sólo quedaba deshacerse de lo inservible.

Es más, el Ayuntamiento de Oviedo ni siquiera será parte en el proceso concursal, ya que autorizó en 2010 a Jovellanos XXI a hipotecarse sobre una parcela que era pública, algo que me parece legalmente dudoso. Es la historia de un pelotazo, por la que nadie pasará por la cárcel y mediante la cual una pequeña ciudad de provincias se queda con un armatrostre sin utilidad, con elevados costes de mantenimiento, feo y con problemas de construcción. No es para estar muy orgullosos.
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(Relacionado con el tema principal) Un resumen de la prensa local sobre el Calatravo. Está lleno de chismes, destacando especialmente que el complejo se pretendió llamar “Francisco Álvarez Cascos”.Y aquí se dice que tiene 125 usuarios al día, resultado de dividir los usuarios de los días que tiene actividad entre los 365 días del año, una fórmula tramposa pero que da una cierta idea de su función: tremendo lo de que fue inaugurado con la bendición del arzobispo. Parece una escena de La Regenta.
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(10 días después del tema principal del post) Se muere el arquitecto municipal que dio validez con su firma a la operación “de los Palacios”. Casualidades de la vida: la quiebra de “El Palacio” vino un poco antes de su quiebra vital. Parece mentira que le dediquen elogios, aunque todo es posible en Vetusta. 
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Crear un macrocomplejo de supuestos usos culturales para acabar presentando la Feria del Cocido: la realidad de España y de una de sus provincias más eso: provincia y España.
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Es que Valencia es muy pequeña y hay muy pocos hoteles, normal que haya coincidencias. En cuanto se supo que sería un juicio con jurado -y las presiones que hubo para su conformación- se intuyó el desastre.
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La clase política reacciona ante el futuro éxito de plataformas como Actualizable. Continua a leggere