Donald Trump, el triunfo que nadie vio

Magnífica viñeta sobre la candidata Clinton

Donald Trump, un palazzinaro -constructor, en maravillosa definición italiana para definir a esa subespecie de empresarios-, ha ganado las elecciones de EE.UU por el Partido Republicano, que vuelve al poder tras el paréntesis de Barack Obama, apenas un gran orador que en ocho años de mandato no ha acabado la Guerra de Irak, ni la de Afganistán, y ha alentado una peligrosisíma revuelta en países que, mal que bien, operaban bajo lógica estatal-westfaliana, como Siria o Libia.

Eso en política exterior, claro. La que nos afecta a nosotros, porque EE.UU es el centinela del mundo libre, que en absoluto en la mayoría del mundo. Sin embargo, el electorado de EE.UU vota bajo preceptos de política interna, igual que el de todos los países salvo en España en 2004, y aún con reservas, porque lo que pasó fue que la política exterior se convirtió en política interior.

En los últimos años ha florecido en España, además del enteradillo de siempre, la vil especie del politólogo, que no es más que un futurólogo con escasa formación -solo hace falta ver como son las facultades del ramo en este país-, un amplio campo que va desde el actual tertuliano estrella de Prisa, y secundariamente catedrático de la UAM, hasta los idiotas genuinamente españoles de Politikon, pasando por Belen Barreiro o la mismísima cúpula de Podemos.

Un plaga bíblica. Toda esta gente se basa en cuatro o cinco consignas de corte populista -lo mismo que dicen ver en candidatos políticos, pero nunca en sus aportaciones de tertulianos o comentaristas- y en no decir jamás cosas -aunque las piensen- que se desvie mucho del flow general, bien sea el marcado por el grupo mediático donde hacen sus deposiciones, el del departamento, o el del partido político donde aspiran a medrar.

Están limitados, por tanto, para preveer -que es su trabajo, puesto que en gran medida son futurólogos como los economistas, y no tanto analizar- los diferentes escenarios posibles. ¿Quien en el panorama mediático español apostaba por una victoria clara de Trump, como finalmente ha pasado con un contundente 276 frente a 218 votos electorales? Nadie, porque el seguimiento de la campaña se ha basado en reproducir las groserías de Trump, en enviar a corresponsales a su enésima visita a Detroit y en eso de que Hillary Clinton es mujer, algo que ve cualquiera.

Trump ha ganado viniendo políticamente de la nada, algo muy bien visto por el electorado americano, un país que desde su fundación ha premiado ese tipo de trayectorias, al menos mucho más que pertenecer a una dinastía como los Bush -recuerden que uno de los derrotados en las primarias republicanas fue Jeb, el hermano de George Bush, que llegó a gobernador de Florida-, la trágica de los Kennedy o lo que intentaban ahora con los Clinton: que la exprimera dama y exsecretaria de Estado fuese presidente de los EE.UU.

Es una historia muy americana. En Demolition Man, una película injustamente olvidada y ambientada en un futuro idealizado, el personaje principal interpretado por Sylvester Stallone se despierta después de un montón de año hibernado, y se sorprende al ver un cartel electoral donde Arnold Schwarzenegger es el presidente de EE.UU. Es una película rodada mucho antes de que se convirtiese en Gobernador de California, pero que capta perfectamente el posibilismo americano, ese que hizo de un actor como Reagan presidente, o a un luchador de lucha libre gobernador de Minnessota.

Trump, a pesar de los esfuerzos de la propaganda, era presidenciable. Encaja perfectamente con ese gusto por lo grotesco de los americanos, y encima tenía enfrente a la mejor rival posible, una persona repugnante a la que todos los grandes medios americanos han hecho la corte -todos, incluso los conservadores Washington Post o Wall Street Journal- y responsable directa de torturas a detenidos, una práctica de la que no se puede acusar a Trump.

De todo lo demás ha sido acusado: mujeriego, explotador de trabajadores, racista, agente del KGB -¡se lo juro! ¡Y hasta en medios como el londinense The Economist-, que si el Zutabe del Ku-Kux-Klan lo apoyaba, corruptor de menores, y todo en una orquestada campaña típica del circo electoral estadounidense, y siempre con la consigna de que es un “populista”, como si hubiese organizado en persona el Obamacare que quería continuar la Clinton, y que ahora se enfrenta a su desaparición, como gran parte del ridículo legado de Barack Obama.

La victoria de Trump ha sido fruto de varios factores, que seguramente vuestro politólogo de cabecera ya está preparando para su intervención de esta tarde -copiando de medios de internacionales, nunca pensando por sí mismo-, pero los principales son estos: ha conseguido retener gran parte del electorado tradicional republicano -las únicas defecciones fueron precisamente de cabecillas, y bastante irrelevantes como Powell o Condolezza Rice- y ha conseguido atraer a ese americano anti-establishment, que se ha visto insultado durante TODA LA CAMPAÑA por no haber sido educado en Yale como la Clinton, y que se siente más identificado con alguien como Trump -al que le gustan las mujeres guapas y el dinero, como a la inmensa mayoría- que con la torturadora.

Ahora queda la resaca, que va a ser grande. Entre las promesas electorales de Trump se encuentran las realizables -como el muro en la frontera con México- y las irrealizables -como volver a abrir los astilleros de Philadelphia- y la mayor amenaza para nosotros, que al fin y al cabo es lo que cuenta en lo que son las elecciones de otro país que dista miles de kilómetros: la promesa de Trump de hacer un repliegue del paraguas militar estadounidense.

¿Cómo? ¡Pero si es republicano! ¡Mi medio de propagana me ha dicho que son imperialistas y que les gusta la guerra! ¡Que les apoya la industria militar! Sí, si, pero no. En el pensamiento político americano siempre ha existido la pulsión al aislamiento, favorecido por su envidiable posición geoestratégica -al norte, un país primo hermano, al sur, un país que vive en otro siglo, al este y al oeste, los dos mayores oceános del mundo-, y es algo que se ve tanto en demócratas -Rooselvelt no entra en guerra hasta finales de 1941, y cuando es atacado vilmente- como en republicanos, porque no hay que olvidar que Bush Jr. tenía ese mismo plan -favorecido por el final de la Guerra Fría, que logró su padre- hasta que se topó de bruces con el 11-S. Con otro ataque directo.

Trump lo ha dicho en campaña. America first. EE.UU es un país de grandes constrastes, donde la pobreza extrema -y hay pobreza de blancos, impresiona mucho- convive con la opulencia más extrema, a veces con apenas una milla de diferencia. Será difícil que acabe con eso, pero una de las medidas prometidas es hacer un repliegue de las tropas, esas que cuestan al año 600.000 millones de dólares, y la cifra está bien puesta.

Eso es lo que más va a afectar a España, si realmente lo lleva a cabo. Somos un país de frontera, y de frontera continental, cultural y económica. Si efectivamente EE.UU vuelve a su introspección natural, los presupuestos militares europeos tendrán que incrementarse, a costa del Estado del Bienestar ese con el que le gusta llenarse la boca la vergonzosa izquierda europea, como si fuese un Derecho Natural adquirido. Ese Estado del Bienestar, que en muchos casos supone el 50% del gasto público, es gracias a que EE.UU ofrece su protección militar. EE.UU, el mismo país donde no existe nada equivalente, porque en parte destinan esos fondos a Defensa.

Por otra parte, no se preocupen en exceso. Como demostró Weber, las estructuras burocrático-estatales tienden a la estabilidad, y ni siquiera un presidente inepto es capaz de cambiar las inercias y equilibrios de la lógica estatal establecida. El sistema americano es presidencialista y Trump va a tener competencias personales muy importantes, pero estará rodeado de un equipo de gente conocedora de El Sistema, que es lo que permanece en el tiempo, allí y aquí. Ya insisto en que el mayor peligro para nosotros -que nos tiene que dar igual el muro con México o el Obamacare- es la promesa del repliegue americano, que no se traducirá en un cierre de Rota, pero si en dejar de hacer de gendarme mundial. En dejarnos, simplemente, con nosotros mismos, con lo que eso conlleva en la Historia europea.
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Interesante reflexión sobre el futuro del periodismo de calidad, y lo que tiene que costar.
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Muy interesante: en una época con tipos de interés cercanos al 0%, ¿donde invierten los fondos de pensiones? En casinos,en refugiados, en depuradoras…
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Luis del Rivero, que seguramente recordarán por Sacyr, el intento de asalto al BBVA en 2004 auspiciado por el PSOE, su colección de coches antiguos dignos de una petromonarquía y el 20% de Repsol, habla ante sus paisanos, los murcianos. Definir esto como grotesco es poco.
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Un sindicato agrario extremeño se queda ilegalmente (roba, en argot) con 1´8 millones de subvenciones europeas para agricultores.
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Un artículo sobre demografía que no cae en el alarmismo, casi es milagroso.  Continua a leggere

El sociólogo muerto de hambre

Supongo que algo no iba bien con el conocido tertuliano y sociólogo -por este orden- Amando de Miguel cuando sus memorias aparecieron publicadas en la desconocida editorial Infova, en una edición casi artesanal y chapucera. Recuerdo haberlas visto en un VIPS (lo más parecido a un drugstore en España, donde se mezclan libros con compresas), un lugar donde no iban a vender ni un ejemplar. La pregunta es en qué lugar iban a vender ese libro.

Fue en 2010. Ahora se ha sabido que Amando de Miguel pasa por una supuesta grave situación económica, hecho denunciado por él mismo, algo insólito en alguien de su condición y en estas circunstancias. Recuerdo que hace unos años el mismo medio que ahora sirve de espacio de propaganda para De Miguel se inventó una historia parecida con Fernando Morán: habían visto que ojeaba los periódicos sin comprarlos en un kiosko de la localidad donde residía -El Escorial, Madrid- y se habían inventado que estaba en la indigencia. Con la pensión vitalicia de ex-ministro, claro.

En este caso si que hay base real. A pesar de su pensión pública por encima de los 2500 euros -De Miguel fue catedrátido de sociología durante muchos años en la Complutense-, dice que no llega a fin de mes, y que solo puede destinar 25 euros a su alimentación. La raíz de su mal, por ir a la más inmediata, es un casoplón que ideó y le construyó su hijo arquitecto cuando ya pasaba de los 60 años, nada menos que con 12 habitaciones y cuatro plantas, situada en un risco en la sierra de Madrid, y a cota mil metros.

El recinto, que ha costado 2 millones de euros pero que seguro que ahora son mucho menos (¡un saludo a Pedro Sánchez, teleñeco del PSOE!), paga de IBI 2600 euros al año, que no es gran cosa si se tiene en cuenta su pensión. El problema es que su considerable paga pública se va en “la pensión de mi mujer, de la que me separé; la ayuda a mi hijo, en el paro; la señora que limpia mi casa una vez a la semana; el guardia de seguridad; el abono de metro..”

Es un relato patético: un hijo que debe tener cuarenta años o más, y al que todavía le tiene que pasar dinero; una señora de la limpieza cuando se toma duchas frias por ahorrar parece un lujo prescindible; el guardia de seguridad para una casa que tiene unos muros enormes, también; el abono de metro, una concesión sentimentaloide….

A medida que se avanza en el texto, se descubre el objetivo del famoso tertuliano de medios de ultraderecha: vender su biblioteca de 13000 libros, para la que parece que se edificó la casa: pide por ella 225000 euros, una cifra fabulosa que da un precio por ejemplar de 17´3 euros por volumen. Los libros mejor valorados en el mercado de segunda mano son los de literatura, y no parece la especialidad de este “autor de 130 libros”, la inmensa mayoría de ellos complemente prescindibles.

“Ya he tenido algunos interesados, como la Diputación de Zamora” En un pueblo de mala muerte de una de las provincias más pobres de España nació este intelectual en 1937. Quizás esas fechas den la clave de lo bien que se adaptado a su dieta de fruta y duchas frías, porque fue con lo que pasó su primera infancia, adolescencia y juventud. Creo que Zamora tiene muchas otras prioridades antes que comprar la biblioteca de este hombre.

Conocido el caso, especialistas en la miseria moral como Isabel Gemio han llegado a cambiar la escaleta de su programa para ahondar en lo que parece una campaña de propaganda para empaquetar unos libros. Si tan mal está el sociólogo, ¿por qué no vende la casa y se va a una más pequeña y acorde a sus necesidades? Para haber estudiado tanto la sociedad española, demuestra ser un auténtico españolazo de esos pegados al ladrillo por encima incluso de su manutención básica. O de su decencia moral, porque ha acabado mendigando con pensión de 2500 euros, chacha, segurata y coche.

Un reportaje en Libertad Digital, su medio amigo -ese que recibía financiación en sobres del PP, por mucho que Jiménez Losantos lo niegue-, permite ahondar en la supuesta valiosísima biblioteca de De Miguel: son 10 minutos que enseñan una casa lóbrega y con estanterías llenas de folletos. De hecho, hasta tiene una estantería con sus propios libros, muchos de ellos repetidos, como si no hubiese encontrado nadie a quien regalar los ejemplares que dan los editores a los autores. O porque los haya atesorado pensando que se iban a revalorizar.

El supuesto censo español que se “han llevado los americanos” -supongo que serán los mormones, y su intención de hacer el arbol genealógico mundial- y que es tan valioso pues…no se; las primeras edicones de Blasco Ibáñez o el Abel Hernández de Unamuno tampoco es que sean Petrarcas o una edición de La Galatea del s XVII. Ojo, y eso es lo que enseña: imagínense lo que no enseña.

La bibliofília es una patología como otra cualquiera, mucho menos extendida que la discofilia o la numismática. Lo común a todas estas tipologías es que se tiende a valorar por encima de su valor real lo que uno tiene, y que rara vez los vástagos siguen esa aficción: el hijo arquitecto que hizo ese casoplón por encargo, el que recibe la paga de su padre con más de cuarenta años, no debe ser muy aficionado a los libros, pero sí a quedarse con la casa de su progenitor cuando la diñe. Si antes no lo hace el banco.

Circula por internet que la razón de que La Caixa quiera embargar la casa de De Miguel es que había sido puesta como aval en un prestamo hipotecario. Seguramente también del hijo porque, ¿a quien otro habría de avalar alguien tan españolazo como el sociólogo zamorano, el mismo que duerme en una cama de monje y tiene una banderita de España encima de su escritorio?. Dice que ha quedado atrapado en la burbuja, “como tantos otros españoles”, en lo que es una broma macabra viniendo de un sociólogo.

Del Díaz-Plaja de la sociología. Sus libros son acientíficos, y los más famosos se remontan al final del franquismo, donde fue el primero en analizar los cambios en la sociedad española. Desde entonces, libros estrambóticos -incluyendo uno analizando refranes- y mucho despliegue en medios de la ultraderecha. No en vano, siempre estuvo en la órbita del Sindicato del Crimen, apelativo despectivo y muy real que fue dado a la Asociación de Periodistas y Escritores Independientes (AEPI), fundada en 1994.

Tan independientes, que lo primero que hicieron nada más constituirse fue ir a visitar al PP a Génova 13. Sus integrantes, entre otros, eran los consabidos Cela, Pedro Jota, Del Olmo, SuperGarcía, los Herrero, García-Trevijano, Pablo Sebastián, Martin Ferrand, Martín Prieto, Umbral….Ya ven como han acabado muchos de ellos. De Miguel acabó escribiendo una hagiografía a Aznar en 2002. Y ahora está en una indigencia fingida, usada para hacer propaganda de la venta de una biblioteca que nadie quiere.

¡Qué cosas más raras pasan en este país! ¡El sociológo que hace exactamente lo que hace toda la masa a la que estudia! ¡El liberal que decía que en este país los jóvenes no quieren trabajar, pasando una paga a un hijo de más de 40 años! ¡El de la corrupción en las administraciones, intentando colar a precio de oro una biblioteca sobrevalorada a una de las provincias más pobres de España! Parafraseando uno de los títulos más conocidos de De Miguel, 40 años después, todavía muertos de hambre.

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Si todo ingreso es declarable, todo remuneración también tiene que serlo

Por fin estarán gravados los petromortadelos

Al grano: entre la propaganda de la cacareada recuperación económica, lo cierto es que la situación de la Seguridad Social sigue siendo calamitosa. En el año recientemente finalizado ha habido que recurrir al  tesoretto para pagar la extra de Navidad a los pensionistas, que ya tiene cojones que tengan extra cuando probablemente muchos de ellos no la tuvieron durante su vida laboral (esto es: de aportaciones), y actualmente en España hay 16 millones de trabajadores por 9 millones de pensionistas, una proporción de 2:1 que pone en serio riesgo el sistema piramidal (sí, es así) de la Seguridad Social.

El año no ha empezado mejor, aunque la noticia viene de antes. El sábado 21 de diciembre se publicó en el BOE lo aprobado en el último Congreso de Ministros del año, pero a pesar de que esta país nutre una clase ociosa que puede dedicar esfuerzos y juventud a escrutar diariamente el BOE para ponerlo a parir -les juro que hay cuentas especializadas en twitter y páginas web- nadie se dio cuenta: ni medios generalistas, ni especializados, ni los bochornosos sindicatos, como se verá más abajo. Nadie. Eso es España.

Evidentemente, acostumbrados a que la propaganda venga directamente en vena y suministrada por el poder, cuesta leer y entender. Sin embargo, con esta medida el Gobierno -que se vende como “reformista”- era normal que estuviese callado, al menos desde la óptica del cálculo político-electoral, aunque es de las pocas en las que puede sacar pecho.

¿De qué se trata? Pues nada menos que de hacer que las empresas tributen de una maldita vez por eso que se conoce como “retribuciones en especie”, y que era una triquiñuela por la que se retribuía el trabajo de un empleado pero no se cotizaba por esa cuantía, constituyendo un agujero negro libre de recaudación directa por impuestos.

“Retribuciones en especie” populares son el cheque-restaurante, sanidad privada,  el transporte y aportaciones que la empresa haga a planes de pensiones privados. Puede que a usted este tipo de prebendas le suene a ciencia-ficción, pero existen y constituyen una parte importante de la negociación de algunos empleados. Sin querer hacer un ejemplo maniqueo, esos planes de pensiones incluyen esos tan famosos de los banqueros, que en el 100% de los casos superan a la retribución por su trabajo.

Como era esperable en un país con el debate político infantilizado (¡un saludo a los quincemistas!), el asunto se ha planteado bajo la óptica del plañiderismo -baste ver el enlace de más arriba- y de lo mal que lo pasan las empresas, que ahora deberán declarar esas retribuciones o -lo que parece más probable- anularlas, aunque estén registradas en convenios colectivos. Ya lo verán, ya, y con la anuencia de su sindicato. Que siempre es mayoritario, aunque no pase de un 5% de afiliados en una empresa.

De lo mal que lo pasan las empresas, y de lo mal que lo pasan sus empleados, que en eso consiste el auténtico plañiderismo. Sí, esos mismos empleados con retribuciones en especie. A mí esta medida me parece necesaria y justa: aportará a las arcas de la Seguridad Social unos 1000 millones de euros. Dado que el tema de reformar un sistema tan injusto es intocable, qué menos que reforzarlo. Se vende como redistributivo, y simplemente es incautador de la población virtuosa y que cumple hacia las clases ociosas y marginales que pueblan nuestra sociedad. Pues que lo siga siendo. Pero a todos y bajo todas las partidas.

Es mucho esperar. Como siempre pasa en este Gobierno que legisla para sus intereses, la Ley viene con trampa. Quedan excluídos de la medida aquellos que ya cotizaban a base máxima (3.425,7 euros al mes), esto es: el suelo electoral del Partido Popular. En plata: perderán prebendas y alhajas el becario con el talón de cupones, el pequeño empresario y el asalariado de una compañia de seguros con póliza dental, pero el banquero referido más arriba no.

Y aún así estará bien. Está socialmente aceptado que esas regalías y prebendas son remuneración no metálica, y así la lucen los afortunados poseedores. Que el empresario pague por eso es de justicia, porque en muchos casos es una parte importante del contrato que tiene con el trabajador. Con suerte, acabaremos con esa plaga del currito medio que, saliendo un jueves, quiere pagar los gintonics con toque de regaliz con los Sodexho u otra mierda de papelitos.

Pero lean de nuevo el enlace a la noticia de El País, y especialmente esto:

Una de las cosas que más ha indignado a sindicatos y empresarios de la medida es que no la han conocido hasta que se publicó en el BOE el 21 de diciembre y, de hecho, ha sido esta semana cuando la han analizado con calma y han calibrado su impacto

Es porque estaban de vacaciones. Porque este país es así, y los defensores del trabajo son únicamente defensores del trabajador que tiene trabajo.  Por cierto, brillante capote del periodista a su propio trabajo. Qué asco de país.
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(relacionado con el texto principal) Esta empresa de papelitos a cambio de comida quebró hace año y medio dejando un buen pufo, típicamente ibérico. Alardeaba de “seis millones de transacciones anuales”. Pues eso. Gravar este sector y su base de negocio es algo necesario. Ah, y también un útil Q&A sobre el asunto. Continua a leggere

Cosas que no se creen (III)

“El problema de la mano de obra creado para el proyecto Expo es espectacular (…) en la Sevilla de 1990 no es posible contratar los servicios de un encofrador o un yesero por menos de trescientas mil pesetas, bastante más del doble de lo que gana un titulado universitario en la Administración Pública”

Francisco Gallardo, Guerra en el Sur, Tibidabo, 1990, pág. 61

La cita viene de uno de esos libros de inmediatez política (instant books), género al que soy muy aficionado, más que nada porque se encuentran en las librerías de saldo a precios ridículos. Muchas veces, con el poso del tiempo, encuentras testimonios muy valiosos, pero hay que dejar que reposen.

Hubo un milagro económico

Enric González reduce el desarrollo económico experimentado por España en las últimas décadas a una solución que, por simplista, sólo puede conseguir una dilatadísima difusión entre quincemistas (neologismo: reclamo la autoría), amas de casa y recién llegados a los asuntos económicos: “un proceso de convergencia y unión monetaria con el resto de Europa, por el cual los tipos de interés quedaron por debajo de la inflación real y España se inundó de capital extranjero”.

No voy a entrar mucho en el asunto, simplemente planteo la cuestión. ¿Qué es lo que pretende el autor de esta frase, que hubiese una convergencia con países mucho más ricos sin que subiesen los precios? ¿Disfrutar de los servicios y prestaciones de los países más desarrollados del mundo pero con fiscalidades mucho más bajas, y precios de los servicios aún más bajos, cuando no regalados?.

Vean la secuencia maquiavélica: convergencia>tipos de interés por debajo de la inflación real>abordaje del capital extranjero, que por propia definición es pérfido, de ahí lo de “extranjero”. Note el avispado lector de este blog que es otra nueva andanada contra la CEE o lo “extranjero”, a lo mejor es que España iba mejor con la autarquía y comiéndonos el mercurio de Almadén, que al menos es muy nuestro.

Como ya les digo, este tipo de reducción simplista de fenómenos muy complejos -y que han sido muy beneficiosos para la economía del país- tendrá gran arraigo entre la gente que llama a los políticos “ladrones”, cree que podrá pagar una hipoteca de 30 años con 1.000 euros de sueldo al mes y aspira a tener dos coches en propiedad, por lo que no les extrañe que lo encuentren en boca del próximo camarero del bar, o de un taxista. Sorprende, y mucho, verlo escrito en alguien tan bien capacitado como Enric González.

“Vendimos ladrillo, deuda y sol, lo cual equivale a plantar cizaña en el césped: las actividades especulativas desplazaron a las productivas” ¿Qué actividades productivas había en la España pre-CEE? Si se refiere a siderurgias, minería, sector del calzado de Elche, astilleros, el mueble valenciano o las conservas gallegas, están mejor donde están, porque no eran muy productivas; eso sí, empleaban a mucha mano de obra.

Si hubo una actividad especulativa sobre todas las demás fue la vivienda en propiedad, adquirida no para vivir en ella, sino para revenderse o como instrumento de ahorro, pensando que nunca podría bajar. Ahí si que desplazó a actividades productivas, pero también hay que preguntarse qué actividades productivas existían en el país.

Contradiciéndose con el postulado de su tercera cosa que no se cree, afirma que si hubo un milagro en España, que “un mal encofrador ganara más que un buen médico”. Por eso pongo esa cita del principio: es un fenómeno que se ha experimentado siempre en países donde no se valora el mérito y si la oportunidad, y España destaca especialmente. Vean si no lo de la I+D, o como en muchos contextos sociolaborales la gente se rie si hablas alguna lengua diferente al mostoleño o el cacereño.

Ese supuesto milagro era el coste de oportunidad en sentido laboral: ¿para qué voy a estudiar y tener un cultura y formación, cuando dejando el insti con 16 me meto de albañil con mi padre y me saco el sueldo de un profesor titular de universidad con cuatro trienios? Esto fue así aquí, y lo sigue siendo en gran medida. Sin embargo, tiene difícil regulación, a no ser que el periodista González quiera establecer topes salariales, o igual salario para todos, como en las sociedades cerradas.

El fenómeno hunde sus raíces en el desprecio a la cultura y la formación que ha habido en este país, y no tiene nada que ver con milagros. Es cerril e ibérico: si lees poesía, eres maricón; si vas de viaje a ver edificios y no a Gandía, un rarito; si desprecias la tele y privilegias la lectura, un aburrido. Como creo que es una cosa consustancial al ser español, y que no he visto en otros países que conozco bastante bien y Enric González aún mejor, será que no ha querido abordar el tema.

Creo que es un gran problema de España, pero Enric González prefiere centrarse en lo suyo. El “gran problema de España” es que “carece de una economía realmente productiva y capaz de competir en el mundo, y por eso no crece, y por eso padece un desempleo endémico”. Pues totalmente de acuerdo, pero eso ya estaba así antes del milagro económico o “las mentiras que nos han contado”. De ahí viene lo de “milagro”, porque nadie se explica el indudable salto adelante dado por nuestra economía en los últimos lustros.

En un batiburrillo de temas y conceptos, González lo acaba mezclando todo. El desempleo endémico -recuerden que en pleno boom había un 8% de población en el paro, 2´2 millones de personas- también se explica, además de por carecer de una economía productiva, a lo bien que se vive con el sistema de protección social, ese que está saltando por los aires porque jamás pidió nada a cambio: sanidad gratis, educación casi gratis (incluyendo el posgrado) para que haya universitarios con 35 años y otro tipo de servicios dados a la generalidad, perfectos para vivir sin trabajar.

Que explique el fenómeno de los temporeros andaluces, o por qué todo el mundo es tan feliz en Cádiz con un 40% de paro incluso en los mejores momentos, o Canarias con un 30% de paro a pesar del maná del turismo, Asturias despoblada e hipersubvencionada…el paro es endémico en España, pero no lo es por las características de su economía (que tuvo que importar 5 millones de extranjeros en su fase expansiva), sino por la falta de una auténtica cultura del trabajo, igual que falta una cultura en general, o al menos el respeto al que la tiene, muchas veces de manera autodidacta. Con estos mimbres, calificar de “milagro” la expansión de la economía es la mejor definición: no hay nada mejor.

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Todas las grandes partidas de gasto se han ajustado por la crisis, salvo una: las pensiones. Y es la más grande. Esto se debe al caladero de votos que supone este amplio colectivo de población española. Como la situación es insostenible (en junio el gasto en pensiones subió otro 4´4%), parece que ya hay nueva reforma a la vista, a sumar a esa de hace año y medio donde se quitó de un plumazo una media de un 20% de la futura pensión a cobrar si el sistema aguanta.

Lean qué poético es todo: “aplicación del factor de sostenibilidad de las pensiones, que consiste en establecer un mecanismo que ajuste automáticamente el gasto del sistema al incremento del mismo que se derive del aumento de la esperanza de vida. Es decir, que si aumenta la esperanza de vida y no hay más cotizantes para compensar el mayor gasto, se ajustará la cuantía de la pensión. Esto puede hacerse por varios métodos: uno de los que se maneja es sustituir la revalorización en función del IPC por otro índice que combine la esperanza de vida con otros indicadores. También, se pretende adelantar la aplicación del retraso en la edad legal de jubilación a los 67 años, es decir, acelerar los periodos transitorios de la anterior reforma”.

Ya saben cómo va la demografía española, y cómo va a ir. A ver si ahora alguien tiene las narices de rebatir que el sistema de pensiones es un sistema piramidal que no tiene nada que envidiar al de Ponzi, Madoff o AFINSA.
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El conocido caso de la ciudad-fantasma construida en China. Hay muchas más, como en España, pero sólo nos quedamos con el icono.

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