Si todo ingreso es declarable, todo remuneración también tiene que serlo

Por fin estarán gravados los petromortadelos

Al grano: entre la propaganda de la cacareada recuperación económica, lo cierto es que la situación de la Seguridad Social sigue siendo calamitosa. En el año recientemente finalizado ha habido que recurrir al  tesoretto para pagar la extra de Navidad a los pensionistas, que ya tiene cojones que tengan extra cuando probablemente muchos de ellos no la tuvieron durante su vida laboral (esto es: de aportaciones), y actualmente en España hay 16 millones de trabajadores por 9 millones de pensionistas, una proporción de 2:1 que pone en serio riesgo el sistema piramidal (sí, es así) de la Seguridad Social.

El año no ha empezado mejor, aunque la noticia viene de antes. El sábado 21 de diciembre se publicó en el BOE lo aprobado en el último Congreso de Ministros del año, pero a pesar de que esta país nutre una clase ociosa que puede dedicar esfuerzos y juventud a escrutar diariamente el BOE para ponerlo a parir -les juro que hay cuentas especializadas en twitter y páginas web- nadie se dio cuenta: ni medios generalistas, ni especializados, ni los bochornosos sindicatos, como se verá más abajo. Nadie. Eso es España.

Evidentemente, acostumbrados a que la propaganda venga directamente en vena y suministrada por el poder, cuesta leer y entender. Sin embargo, con esta medida el Gobierno -que se vende como “reformista”- era normal que estuviese callado, al menos desde la óptica del cálculo político-electoral, aunque es de las pocas en las que puede sacar pecho.

¿De qué se trata? Pues nada menos que de hacer que las empresas tributen de una maldita vez por eso que se conoce como “retribuciones en especie”, y que era una triquiñuela por la que se retribuía el trabajo de un empleado pero no se cotizaba por esa cuantía, constituyendo un agujero negro libre de recaudación directa por impuestos.

“Retribuciones en especie” populares son el cheque-restaurante, sanidad privada,  el transporte y aportaciones que la empresa haga a planes de pensiones privados. Puede que a usted este tipo de prebendas le suene a ciencia-ficción, pero existen y constituyen una parte importante de la negociación de algunos empleados. Sin querer hacer un ejemplo maniqueo, esos planes de pensiones incluyen esos tan famosos de los banqueros, que en el 100% de los casos superan a la retribución por su trabajo.

Como era esperable en un país con el debate político infantilizado (¡un saludo a los quincemistas!), el asunto se ha planteado bajo la óptica del plañiderismo -baste ver el enlace de más arriba- y de lo mal que lo pasan las empresas, que ahora deberán declarar esas retribuciones o -lo que parece más probable- anularlas, aunque estén registradas en convenios colectivos. Ya lo verán, ya, y con la anuencia de su sindicato. Que siempre es mayoritario, aunque no pase de un 5% de afiliados en una empresa.

De lo mal que lo pasan las empresas, y de lo mal que lo pasan sus empleados, que en eso consiste el auténtico plañiderismo. Sí, esos mismos empleados con retribuciones en especie. A mí esta medida me parece necesaria y justa: aportará a las arcas de la Seguridad Social unos 1000 millones de euros. Dado que el tema de reformar un sistema tan injusto es intocable, qué menos que reforzarlo. Se vende como redistributivo, y simplemente es incautador de la población virtuosa y que cumple hacia las clases ociosas y marginales que pueblan nuestra sociedad. Pues que lo siga siendo. Pero a todos y bajo todas las partidas.

Es mucho esperar. Como siempre pasa en este Gobierno que legisla para sus intereses, la Ley viene con trampa. Quedan excluídos de la medida aquellos que ya cotizaban a base máxima (3.425,7 euros al mes), esto es: el suelo electoral del Partido Popular. En plata: perderán prebendas y alhajas el becario con el talón de cupones, el pequeño empresario y el asalariado de una compañia de seguros con póliza dental, pero el banquero referido más arriba no.

Y aún así estará bien. Está socialmente aceptado que esas regalías y prebendas son remuneración no metálica, y así la lucen los afortunados poseedores. Que el empresario pague por eso es de justicia, porque en muchos casos es una parte importante del contrato que tiene con el trabajador. Con suerte, acabaremos con esa plaga del currito medio que, saliendo un jueves, quiere pagar los gintonics con toque de regaliz con los Sodexho u otra mierda de papelitos.

Pero lean de nuevo el enlace a la noticia de El País, y especialmente esto:

Una de las cosas que más ha indignado a sindicatos y empresarios de la medida es que no la han conocido hasta que se publicó en el BOE el 21 de diciembre y, de hecho, ha sido esta semana cuando la han analizado con calma y han calibrado su impacto

Es porque estaban de vacaciones. Porque este país es así, y los defensores del trabajo son únicamente defensores del trabajador que tiene trabajo.  Por cierto, brillante capote del periodista a su propio trabajo. Qué asco de país.
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(relacionado con el texto principal) Esta empresa de papelitos a cambio de comida quebró hace año y medio dejando un buen pufo, típicamente ibérico. Alardeaba de “seis millones de transacciones anuales”. Pues eso. Gravar este sector y su base de negocio es algo necesario. Ah, y también un útil Q&A sobre el asunto. Continua a leggere

Una empresa próspera y poco apalancada

Una de las empresas más grandes y opacas de España ha acumulado en los últimos meses una serie de noticias en modo alguna halagüeñas para su futuro, que ya se presentaba bastante incierto por eso de dedicarse a los grandes almacenes -con poderosas ramificaciones en otros sectores como seguros y viajes- y tener el noventaymucho por ciento de su actividad centrada en España, un país que afronta su sexto año consecutivo de crisis.

El Corte Inglés, la empresa de origen astur-cubano a la que todavía le queda muchísimo para llegar al siglo de vida y poder compararse con los grandes almacenes ingleses que lleva en su nombre, tiene que garantizar el salto a la llamada tercera generación, esa que supone el descarrilamiento de tantas y tantas empresas familiares.

El proceso no se augura muy bueno. Isidoro Álvarez, a su vez sobrino del fundador Ramón Areces, parece que va a delegar en otro sobrino, siguiendo una lógica monárquica y bueno, también forzada por la necesidad al haberse quedado sin descendencia. El problema es que el sobrino, a pesar de estar marcado con su designio manifiesto desde su nacimiento, viene ya con “pasado”, esa feliz fórmula ideada en España para presentar a Letizia Ortiz y sus 33 años en el momento del compromiso con el Príncipe heredero.

Dimas Rodrigo Gimeno Álvarez fue candidato de Falange en tres procesos electorales: en las generales de 1996 en la candidatura al Senado por Palencia; en las autonómicas catalanas de 1999 fue en el puesto 38 de la lista por Barcelona; y en la generales de 2000, tercero en la lista al Congreso por Valladolid. Por supuesto, tanto el partido político no prohibido en la Transición, como la empresa de la que es director general, han negado los hechos -a pesar de que aparecen en el BOE- y dicen que lo metieron sin su consentimiento. En tres elecciones casi seguidas.

Al parecer, el hermano de Dimas es un destacado cabecilla -pocas veces más oportuno término de liderazgo- de Falange, pero nuestro protagonista no quiere saber nada de política y, mucho menos, de hacer declaraciones públicas de nada. Bastante paso al frente en la esfera pública supone haber participado en las listas de un partido político. Y qué partido.

En el fondo, sigue la tradicción familiar. Isidoro Álvarez, en sus años mozos, ejerció de secretario de redacción en la Revista de Estudios Políticos que publicaba el Centro de Estudios Políticos, un auténtico think tank de la época especializado en justificar el franquismo, la democracia orgánica, el Caudillo y la nulidad de la separación de poderes, todo con los más altos vuelos y para justificar la legalidad impuesta tras una guerra civil.

Cuando se produzca su hecho biológico, el sobrino Gimeno Álvarez -esas familias siempre se transmiten por el linaje de la madre- accederá al cargo de la empresa de los cien mil empleados y tropecientos millones de euros de facturación con un impasible ademán, una dialéctica de las ventas y los beneficios, y una bonita camisa azul Dustin ceñida con un cinturón de simil-piel presentado en blister. El País, en todo caso, empieza a hacerle la pelota.

A ver qué queda para entonces. En mayo se supo que El Corte Inglés tenía que refinanciar la bellezza de 5.000 millones de deuda contraída en los felices años del Despilafarro. Es una cifra fabulosa, y más en una empresa no cotizada y cuya contabilidad asemeja una película de Berlanga: sin olvidar su origen de tenderos de pueblo, cuentan “el género” como un activo, además del “incalculable valor de sus edificios”, que además están situados en “lugares irrepetibles”. Es calculable, lo que pasa es que no hay ganas. Y no es dinero, porque es activo inmobiliario y no mobiliario. En cuanto a “lugares irrepetibles”, es directamente de risa, considerando los centros existentes en Getafe, Cornellá o Avilés.

Lo que se deduce de la noticia es que los bancos ya no están para muchas alegrías con la empresa del triángulo verde, que por política añeja se niega a cerrar centros. Así, lo que han hecho es una operación testimonial de venta de activos inmobiliarios para seguir dentro en forma de alquiler -como hacen los bancos-, aunque la marca propia ya sea lo de menos: en los centros mejor ubicados de El Corte Inglés, hace tiempo que se ha apostado por una distribución tipo zoco, con corners de marcas de prestigio (no Boomerang y Aliada) donde únicamente ofrecen el contenedor, pero no el contenido.

En agosto (¡agosto en Madrid, con lo que eso significa!) se supo que había conseguido refinanciar 3.700 millones de su deuda, en un contexto en que el crédito no fluye a las empresas. Aquí se cumple esa máxima económica de “si debes 300.000 euros al banco, tienes un problema; si debes 5.000 millones, es el banco el que tiene el problema”. Vean si no, a efectos de entender el siguiente bloque, esta concatenación de acreedores que aparece en el artículo: “Santander, Caixabank, BBVA, Popular, Sabadell y Bankia que son, por ese orden, los más expuestos con el grupo comercial”. Y todos, adquiriendo más suelo y ladrillo, porque “El grupo comercial ha puesto como principal garantía de esta reformulación de la deuda su patrimonio inmobiliario”.

Así, no debe sorprender que poco después del anuncio de agosto (¡agosto!), hace poco menos de un mes el Santander comprase a precio de saldo (140 millones) el 51% de la financiera de El Corte Inglés,
especializada en créditos al consumo. Créditos al consumo en su propio grupo, claro: yo te financio el dinero para que me compres mi género. Dicen que este método supone un tercio de las ventas del grupo. No se sabe la morosidad, pero si el tipo general está en el 12%, no creo que sea inferior. De hecho, afirman que es igual a la media general. Ya, y en créditos de consumo.

Merece la pena leer con detenimiento el enlace, porque aunque la noticia está redactada por el buen periodista Íñigo de Barrón, parece ejecutada encima de un alambre: se saca que el Santander se queda con ¡1500 millones de deuda! de la financiera de El Corte Inglés. El principal acreedor, y a cambio de una cartera de supuestos nueve millones de clientes, donde muchos de ellos ya lo eran del Santander. A mí modo de ver, es un negocio ruinoso.

Sin embargo, se hablar de “intensas negociaciones”, “reducción de la deuda” -casualmente, justo a la cuantía ya cubierta por la refinanciación-  y “otras entidades interesadas”, como un fantasmagórico Deutsche Bank, que mira que le puede interesar algo de créditos al consumo. Es propaganda muy fea, especialmente porque se nota a la legua, y porque en menos de un mes El Corte Inglés ha generado otra noticia muy esperanzadora.

¡Emisión de bonos! Vamos, lo que se hace cuando no cotizas en bolsa y los bancos no te fían ya más. ¿Adivinan con que están respaldados? “se trata de una titulización de los derechos de cobro de sus tarjetas y préstamos al consumo”. Y lo hacen a través de Irlanda, debe ser que en España, queseyo, tendrían algún problema, que van desde los fiscales hasta….bueno, es El Corte Inglés. Irlanda. ¿Lo pillan? Pues eso.

Ofrecen a “inversores institucionales” un 2´8% a dos años, con vencimiento en diciembre de 2015. Considerando que el dinero está a 0´25%, es siete veces más. Extrapolando, sería como si con el dinero al 3% -su tipo medio histórico en los últimos lustros- ofreciesen un 21%. Atractivo, ¿verdad? ¿Con riesgo? El que te ofrece siete pesetas por una. Bueno, siempre pueden poner como garantía sus “lugares irrepetibles”. Ah no, que eso ya está empeñado.

La noticia es, otra vez más, propaganda. Hasta se habla de su buena calificación, con un tono didáctico rara veces visto en la sección de economía. Sí, pero es una emisión sobre ¡los derechos de cobro de sus tarjetas y préstamos al consumo! Vamos, de los créditos morosos. Con ese plan, está claro quien va a disputarse a dentelladas salvajes esta bicoca: los acreedores, a ver si recuperan algo del dinero prestado.
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(relacionado con lo anterior) Maravilloso pie de foto saludando al sucesor de El Corte Ingles. 
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Atentos a los raciales nombres y apellidos de los tres temporeros de la recogida de manzana en Asturias. Continua a leggere

Otra campaña contra Ryanair

Lo mejor de Ryanair: cuando no hay pasajeros

Como buenos consumidores de medios de comunicación de masas que son ustedes -además de este extremadamente minoritario-, les supongo enterados de la enésima campaña anti-Ryanair desatada al final del verano contra la compañía irlandesa de vuelos a precio justo, una campaña donde confluían intereses políticos y mediáticos, con estos últimos siguiendo la claque que marcan los primeros.

Ryanair es mala, perversa, como quedó bien explicado en un post de hace tiempo. Tan mala que ofrece vuelos a precios justos (si establecemos que son baratos, es que los demás son caros: hay que preguntarse por qué) y encima ¡la gente los compra! ¡y repite! ¡y la compañía cada vez abre más rutas y se expande! ¡Esto es increíble! ¡Una empresa de éxito!

A la habitual retahíla de noticias sobre aviones que piden aterrizar con prioridad (que no emergencia) porque cargan la cantidad justa de combustible (¿saben que hasta no hace mucho tiempo los aviones se desprendían de su combustible sobrante antes de aterrizar?) y que se presenta como una catástrofe, a principios de agosto un avión de Ryanair perdió la presurización de la cabina de vuelo.

Con todo el mundo con teléfonos móviles con cámaras, salieron las imágenes de las mascarillas desplegadas y todo eso; no pasó absolutamente nada de riesgo, pero ahí estaba el alarmismo: parecía la típica serpiente informativa del verano, como las asesinas motos de agua (creo que este año no ha salido), la desaparición del Mar de Aral, o la cerveza y sus propiedades nutritivas.

El Gobierno, de la mano de la gallega y monjil Ana Pastor, tomó cartas en el asunto pero ¿cual es el asunto?  Pretendía poner sanciones a Ryanair por poner en peligro la seguridad aérea, desconociendo que carece competencias en esta materia, que sólo corresponden al país donde esté radicada la empresa. ¿Lo desconocía? Puede ser, puesto que es una persona que ha aterrizado en Fomento como un paracaidista, cuando su formación es en Sanidad, pero es mucho más probable que la puesta en escena fuese muy estudiada para dar la impresión de que el Gobierno hace algo.

El ridículo fue tan espantoso -con la ministra con cara de Mr. Potato haciendo un juego de palabras entre low cost y low security que no le salió bien porque no sabe hablar inglés- que la UE tuvo que señalar que el Gobierno español no puede hacer eso; tantos años de liberalización del tráfico aéreo para que ahora los gobiernos nacionales empiecen a poner barreras alegando las conductas más variopintas.

Quien lo ha tenido claro desde el principio ha sido el impresentable presidente de Ryanair, que ha calificado con las palabras que merece toda esta serie de incidentes magnificados: “es una campaña”. Efectivamente: a Ryanair le acusan de tener más de 1.200 incidencias en lo que va de año, metiendo en ese sumatorio asuntos como pérdida de equipaje. Es una campaña con todas las de la regla, y si no vean estos datos.

Iberia, que es una compañía en extinción y que opera menos vuelos que Ryanair (si, es la realidad) en España, acumula más incidentes de los de verdad que la compañía de coste efectivo irlandesa. En este blog especializado, copiado de un piloto que se hizo muy popular hace diez años contando divulgativamente asuntos de uso común en la aviación, se explica muy claro como los medios de comunicación -en parte por el analfabetismo de sus redactores- se confunde incidencia, emergencia y urgencia.

Lo que hay es una campaña contra Ryanair. Como sabrán, la aerolínea Iberia está lanzado su filial de vuelos baratos Iberia Express, que vende más caro que Ryanair o Easyjet, en el enésimo intento desesperado por salvar un modelo de negocio que ha reventado por la competencia y por la aplicación de los más sanos principios del liberalismo.

Iberia, aunque digan que es privada, no lo es. Es una compañía asistida públicamente, por su representatividad. Recuerden que en este país se ha hecho durante los Quince Años de Despilfarro una inversión desmedida en infraestructuras aeroportuarias que ahora, con la quiebra de Spanair -menuda historia ahí, con la Generalitat quebrada financiado a fondo perdido los aviones-, esa Air Europa que es de chiste hasta en el nombre y la evaporación de Iberia, corren el riesgo de caer en la pérfidas manos extranjeras, en gran medida por la incapacidad nacional para gestionarlas eficientemente.

Estos días los periódicos están llenos de ese gran inversor en publicidad en medios que es Iberia: no es casual que en una época en que los medios tienen más autopublicidad (el nuevo coleccionable, el suplemento, el chándal del R. Madrid) que publicidad de empresas salga esta campaña contra la compañia irlandesa, que se anuncia muy poco en medios, especialmente comparada con Iberia e Iberia Express.

Además, ¿cúal es la prueba definitiva cuando hay una campaña en marcha? Mirar lo que hace El Mundo: aquí relata como a unos pasajeros no les dejaron entrar en un avión por la cara con unas ensaimadas, que debían considerar que no eran bulto. A mí de Ryanair lo que más me disgusta son los pasajeros, que piden servicios de jet set cuando han pagado menos de una comida en un restaurante de los malos: exactamente la misma actitud que tienen como ciudadanos ante el Estado. 
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Curiosamente, Sagunto es la misma ciudad donde dio sus primeros pasos el famoso Enrique Bañuelos, el de Astroc, Brasil y ahora el pelotazo en Cataluña.Y todavía siguen hablando de los Altos Hornos, que cerraron en 1984….
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Nicho laboral para licenciados universitarios en una Universidad de provincias norteñas: teleoperador. Eso sí, en tu propia región, lo más valorado. La noticia hiede a franquismo rancio en toda su redacción y estructura, además de las declaraciones.
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A esto se dedica Santiago Niño, uno de los economistas de referencia -es un decir- de los agoreros, quincemistas e inversores en sellos: la Ufología.
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Pinchazo comercial en La Coruña. Reproduzco íntegro esta parte: “las cifras, a día de hoy, muestran una ciudad de 250.000 habitantes con 12 centros comerciales y 427.596 metros cuadrados de superficie bruta alquilable, lo que sitúa la ratio de metros cuadrados comerciales por cada mil habitantes en 1.725, una media que quintuplica la del estado. Todo ello teniendo en cuenta que, desde 2008, la superficie de metros cuadrados comerciales se incrementó un 257%, con la especial aportación de Marineda City, que alberga el 46% de la oferta total de la ciudad”
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De la serie Esto no es como Grecia, no llega esta noticia: el Gobierno heleno financiará con 29 millones de euros la construcción de un circuito de Fórmula-1. Aquí ya lo hicimos, con los resultados esperados.
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“Paseando chapa”, esa expresión ferroviaria para cuando un tren parte y llega a una estación sin pasajeros, se hace realidad todos los días
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Cosas que no se creen (V)

“Cualquiera que haya vivido en España y en otros países sabe que, en comparación con bastantes de nuestros vecinos, los españoles trabajan y trabajan razonablemente bien”.

Así empieza Enric González su quinto aldabonazado, tirando de recursos -ha sido corresponsal de El País en muchas de las capitales de el mundo, adquiriendo un envidiable conocimiento de la realidad social de los países, todo lo contrario al corresponsal-bonsai que no sale de su piso- y apelando a un fantasmagórico lector.

Fantasmagórico porque no son tantos los españoles que hayan vivido fuera de España, y los que lo han hecho no leen Jotdown, porque son emigrantes o hijos de emigrantes económicos de los sesenta y setenta. Los otros, los que leen Jotdown, han vivido fuera de España (Erasmus), pero no creo que hayan trabajado. Si en España falta una cultura de trabajo, ni les digo cuando se sale fuera siendo español.

Sin embargo, para González es suficiente para apelar a nuestro conocimiento: no estamos tan mal en comparación con nuestros vecinos. Dado que España sólo limita con tres países de entidad (dejemos a Gibraltar y Andorra para otro día), es de suponer que se refiere a Francia y otros países europeos, y no a Portugal o Marruecos, donde se trabaja si se puede. Como aquí.

Si esa es la comparación, yo creo que en España se trabaja menos que en Europa. Y no me hace falta apelar a alguno de mis escasos lectores.

Trabajamos poco

Las estadísticas dicen que los 12+2 días libres que tienen los españoles son equiparables a los de otros países europeos; incluso dicen que trabajamos algunas horas más. Sin embargo, esos datos casan muy mal con nuestra bajísima tasa de productividad, que más bien parece indicar que, aunque pasamos el mismo tiempo en nuestro puesto de trabajo -incluso más, insisto- que nuestros colegas europeos, ese tiempo no se traduce en una actividad que genere riqueza para el conjunto de la sociedad.

Así lo indica esta información -con interesante tabla añexa- de 2010 y datos de 2007, justo antes del inicio de la Crisis. Desde entonces, las cosas han empeorado muchísimo más: ante la imposibilidad de incrementar la productividad, se ha optado por la otra vía posible en un escenario como el actual, que no es otra que ajustar salarios.

La tabla parece dar la razón a González, con eso de que trabajamos mucho, pero como casi siempre la pregunta no es ¿cuanto? sino ¿como?. Mucho y mal parece la respuesta, a tenor de los datos. Por supuesto, al periodista catalán se le ocurre la respuesta para este desatino muy español: es porque no tenemos buenos jefes. O sindicatos. O patronal.

Dado que los españoles trabajan “razonablemente bien”, la respuesta al paripé de trabajar muchas horas pero no productivas es “Otra cosa es la organización del trabajo”, pero sin concretar de quien es la responsabilidad: si de la legislación laboral franquista y sobreprotectora, o de los citados anteriormente. Alguien tiene la culpa, pero no el trabajador, que trabaja “razonablemente bien”.

Eso es populismo o demagogia, o las dos cosas. Echar siempre balones fuera, un discurso que se viene repitiendo desde que comenzó la crisis: la culpa de nuestro males la tienen los “especuladores”, los políticos ladrones o, como dice Enric González durante varios pasajes de su artículo, los “extranjeros”, pero no en forma de marroquies o ecuatorianos, sino los pérfidos europeos, que trabajando menos y mejor, vienen aquí reclamando el dinero que nos han prestado mientras nosotros trabajabamos más y peor.

Yo no creo que en España se trabaje “razonablemente bien”. Trabaja el que puede, pero no es participe de que en su empresa o trabajo vaya bien o mal, porque no hay ningún incentivo, algo a lo que se mete a continuación: “También es otra cosa lo poco que se incentiva el trabajo: a la sombra de un tentativo Estado del Bienestar se ha formado una espesa maleza disuasoria de subsidios e impuestos, y la llamada “cultura del pelotazo” (recuerden aquello que dijo Carlos Solchaga, ministro socialista, sobre lo fácil que era hacerse rico en España) ha hecho pensar que trabajar es de tontos.”

Ahí ya estoy más de acuerdo: en España falta una cultura del trabajo y del esfuerzo, igual que falta una cultura en general -tema ya tratado con anterioridad-, pero eso es culpa de los trabajadores, los primeros que desincentivan al compañero, y no los jefes o poderes ocultos que Enric González no precisa, como por otra parte no hace nunca.

Está muy bien, en aras de aglutinar masas, eso de achacar todos los males a los demás, y dejando la figura del trabajador como “razonablemente bien” en la función que nos ocupa, la de trabajar, pero la realidad no es así. En España los puestos más intensivos de trabajo los han ocupado inmigrantes porque los españoles no los querían, a pesar de que algunos estaban fabulosamente retribuidos.

La cultura del pelotazo no es de Solchaga (“ministro socialista”, ojo al recado populista que deja como si la cosa no fuese con el) ni de los ochenta, está radicada en el ser español, es la cultura de jugar a la lotería para dar con el pleno y tirarse la vida a la bartola, sin dar ni palo. Los rentistas (¿qué porcentaje del boom inmobiliario fue por gente que compraba varias casas a crédito para vivir del alquiler?), esa otra figura española tan productiva y galdosiana.

Pero ahí está la cantinela populista, la enésima de Enric González en su desahogo: es mentira que en España trabajemos poco. Yo creo que se trabaja poco y mal, y no es por culpa de agentes externos, es por culpa de los propios trabajadores.

Grado de acuerdo con el artículo: 20%

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