Cosas que no se creen (IX)

El decálogo de Enric Gónzalez va tocando a su fin, y qué menos que abordar uno de los topicazos más habituales en estos tiempos o, en expresión del periodista catalán, cosas que no se creen.

La culpa es de los políticos

Pues no, no se cree. Atribuir la culpa de todo a una instancia superior, o extranjera, forma parte de los recursos más antiguos de la humanidad para dar causa a cosas cuya origen se encuentra en el azar, en la naturaleza o en su propia desidia como individuos. Y donde se pone políticos se pueden poner “los Dioses”, “el tiempo” o el empedrado, ya me entienden. Parece que la opinión de González va en ese sentido:
“Claro. Todo es culpa de esos políticos a los que nadie vota. Ya.” Este es un tema interesante: Enric González vivió en Italia durante una de las hégiras de Berlusconi, y seguramente pudo contrastar de primera mano que ningún italiano confiesa jamás haber votado al empresario constructor y de la televisión. Aquí la gente que votó al PSOE en 2008 callaba a finales de la legislatura, y la que votó al PP ya está callando a principios de la legislatura; de hecho, ahora mismo decir que has votado al PP puede ser una cosa extremadamente impopular, a pesar del nombre del partido.
Son las dos caras de un mismo fenómeno: se vota al que se vota porque se vota, pero después nadie parece haberlo votado; es más, dicen que la culpa es de ellos, y no suya por haberles votado. El fenómeno, que ya digo que es muy antiguo, va a más con el alarmante incremento de la antipolítica y el “todos son iguales”, que lo único que demuestra es que el que lo dice es subnormal profundo. No es poca cosa. 
“Echemos un vistazo a nuestro alrededor: jueces, grandes empresarios, grupos de comunicación, estrellas televisivas. Mirémonos a nosotros mismos. Visto lo visto, ¿qué clase de políticos esperamos tener?”  Aquí Enric González explica perfectamente el fenómeno: los políticos no vienen de un cuerpo social extraño, ni son alienígenas -que es como se representa desde hace décadas a los nazis, como no-alemanes-, vienen de la misma sociedad que los vota. 
El “mirémonos a nosotros mismos” viene a incidir en algo en lo que creo firmemente: la mayor parte de la gente que conozco, con contadísimas excepciones, se comportaría de igual o peor manera que los vilipendiados “jueces, grandes empresarios, grupos de comunicación, estrellas televisivas” y políticos de estar en su situación. O peor, insisto. ¿Por qué? Porque vienen del mismo contexto social y cultural, de servirse del Estado mientras puedas, de auténtica negación de lo público y su servicio, de vivir al día y después ya veremos. Y no, no creo que me relacione con ex-convictos, delincuentes o echados a perder.
“Pues eso es lo que hay” Ni más, ni menos: lo que hay en España en el siglo XXI: y son todos españoles y no emigrantes, que quince años después de la Gran Inmigración siguen sin acceder a puesto alguno de poder, relevancia social o impacto mediático. Nuestros problemas son exclusivamente nuestros, porque formamos parte de la misma sociedad.
Eso sí, Enric González no va tan allá y se centra en los -cómo no- partidos políticos: “Y si hemos consentido que los partidos se convirtieran en máquinas recaudadoras (por la vía legal y la ilegal) y avasallaran el terreno que debían ocupar las instituciones, los profesionales y la ciudadanía, algo de culpa nos tocará a la gente”. La partitocracia: el mayor ejemplo era el País Vasco, donde si eras joven y con algo de inquietudes era casi imposible escapar del entramado de la izquierda abertzale, que iba con sus ramificaciones de partido desde grupos senderistas hasta la violencia callejera, pasando por todos los puntos intermedios, incluyendo el bar, o la herriko taberna
Yo ese modo de integración vertical social por medio de un partido no lo he visto en ninguna otra parte de España: sólo alguien interesado en vender el actual sistema de partidos, y la democracia a la que sustenta con su importante función de canalizar los votos y la expresión ciudadana, como una especie de dictadura, está interesado en colar esa mentira: el que se ha querido mover al margen de partidos en España lo ha conseguido, por lo menos hasta un nivel muy próximo a las altas esferas. 
No tarda mucho Enric González en escribir explícitamente lo que viene apuntando: “Es muy probable que la actual clase política se desplome, como en otros países quebrados”. Es lo que le gustaría a él: que el PSOE acabase como el PSI de Pietro Nenni, Sandro Pertini, Bettino Craxi y Giuliano Amato, sólo por citar a los dirigentes más destacados de un partido que fue nuclear en la vida política italiana y desapareció en un sólo año, 1992, al igual que la Democrazia Cristiana.
Esa circunstancia es muy cara a todos los arribistas, agoreros, quincemistas informados -los hay, pero pocos-, golpistas y apocalipticos. De hecho, aquí en España Pedro J. Ramírez vive obsesionado con lograr algo parecido, y que lo pueda ver en vida. Es más: ha dedicado gran parte de su vida profesional y personal a lograr tal objetivo, al menos en lo que al PSOE se refiere. En eso están ahora muchos, desde Gregorio Morán que anuncia en su columna la inminente desaparición de un partido de 130 años de historia (los comunistas siempre han odiado al PSOE, por razones obvias y mezquinas) hasta los upeidistas que aspiran a crecer en votos a costa del PSOE, pasando por una amplísima gama de poderes fácticos, tantos como caben entre los dos ejemplos que he puesto.
Ese suceso, de haberse producido, tendría que haber sido en las elecciones andaluzas de marzo: no pasó de milagro y, de momento, el PSOE tiene cuerda para rato, hundido el proyecto chipiguay de Chacón y Barroso, y con un PP en el poder que hace todo el trabajo a la oposición, ya muy bien trabajado en la campaña electoral de noviembre de 2011, básicamente centrada en adelantar lo que el PP haría una vez en el Gobierno. 
Me temo que habrá partitocracia para rato, con sus males y sus virtudes. “No basta con trabajar y pagar los impuestos, hay que vigilar y exigir”:  mientras fluía el dinero a crédito, todo quedaba endulzado. A lo mejor ahora habría que incrementar esa labor de vigilancia y exigencia de la ciudadanía, y eso es labor individual de cada uno. 
Hasta incluso el propio Enric González reconoce esa pervivencia de la partitocracia, que de existir se basa en la estupidez de la masa que les vota: “Si creen que lo que vendrá luego será mejor, hicieron bien en votar a (“la crisis es un tema opinable”) y a Rajoy (“los españoles merecen un Gobierno que no les mienta”), o a esos líderes nacionalistas que se envuelven en la bandera para encubrir lo que trincan”. Y eso que el artículo está escrito antes de la histórica manifestación de la Diada de 2012. 
Grado de acuerdo con el artículo: 80%

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“Un estudio dice que el AVE gallego tendrá más usuarios que el catalán” Lo publica El País, sin ninguna crítica aparente. Lo ha hecho UGT, que cifra el número de usuarios para este enorme sumidero de dinero público en ¡cuatro! millones, cuando la CC.AA gallega tiene menos de tres millones de habitantes.
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Inaugurado el mayor puente atirantado del mundo. Está en la zona de Vladivostok, y comunica la capital rusa del Pacífico con una isla de 5.000 habitantes, pero con grandes planes de desarrollo: una residencia presidencial -para Putin, que seguirá siendo presidente de por vida-, expansión de la gran ciudad en torno a la que orbita, desarrollo de hoteles…en fin, una Hainan a la rusa, pero sin clima subtropical. Y bueno, como siempre pasa en este tipo de infraestructuras, tiene ante todo una finalidad propagandística, y más en una región a 10.000 km. de Moscú y demasiado cerca de China. Ha costado 1.000 millones de dólares.

En google maps pueden ver las obras de construcción, y la peculiar geografía de la isla, atravesada por un fiordo largo y estrecho.
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Ehhhhhhhh….sí, vale, de acuerdo, pero mientras sean jóvenes, para que puedan aplicar en su vida lo aprendido. El problema es que aquí se pone a estudiar todo el mundo como una especie de pasaporte a no se sabe qué -bueno, una vida de lujo y hedonismo, según la publicidad-, incluyendo gente muy mayor. Por no hablar de los ninis, que ni trabajan ni estudian, a pesar de que la educación en España es francamente accesible. Ahora se están quejando de que la FP va a costar 180 euros ¡por todo el año! Es que antes era gratis. Como todo. Hasta quejarse.
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Todo el primer párrafo es digno de El Mundo Today. Sin embargo, es la realidad: en casi 50 años de historia nunca ha dado beneficios. Algunas semanas después sale esta otra noticia, que pone en su justo valor esos resultados económicos: 140 millones de pérdidas si no fuese por las transferencias del Estado.
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De la serie esto no es como Grecia, hoy un pequeño guiño al país vecino, Portugal. Resulta que han desaparecido 135.000 niños y niñas portugueses: no es que un imitador de Herodes haya convertido el país en un charco de sangre infantil, es que esos niños sólo existían en las estadísticas, gracias a padres y madres que los declaraban para pagar menos impuestos.

Si investigan, en España saldrán cosas parecidas. Continua a leggere